Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


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9 jul 2012

LA VOLUNTAD DE DIOS

Ramesh: La voluntad de Dios prevalece en todo, desde la cosa más pequeña hasta el acontecimiento más grande. Ése es mi concepto. Ayer un misionero australiano y sus dos hijos fueron inmolados dentro de un carro. ¿Leyeron los comentarios de la viuda? Me conmovieron profundamente. Dijo: "Todo ser humano tiene un lapso de vida otorgado por Dios, nadie puede cambiarlo". Y dijo esto al sucederle esta tragedia no a alguien ajeno a ella, sino a su esposo y a sus hijos.  Me quedé asombrado por lo profundo de la comprensión, desde el corazón. Lo que ella estaba indicando es que el lapso de vida de todo organismo cuerpo-mente es otorgado por Dios, y nadie puede cambiarlo.
Así que lo que estoy diciendo es que la voluntad de Dios prevalece en las cosas más pequeñas y en los acontecimientos más grandes. La voluntad de Dios prevaleció cuando ocurrió la manifestación, y será la voluntad de Dios cuando la manifestación desaparezca en la nada nuevamente.

Karen: Mi pregunta es acerca de lo que sucede al morir. ¿Qué es la muerte?

Ramesh: Lo que sucede es que aquello que existía antes del nacimiento continúo existiendo después de la muerte del objeto cuerpo-mente. Un objeto creado. Un objeto destruido.

Karen: ¿Hay consciencia antes de nacer y después de morir?

Ramesh: Así que esa Consciencia es la Fuente. La Fuente siempre ha estado allí.


Karen: Lo que creo que está diciendo es que a usted la da lo mismo el estar vivo o muerto.

Ramesh: Sí. Exactamente. Da lo mismo. Da lo mismo quién está vivo o muerto. Un objeto es creado y un objeto será destruido. La Fuente crea un objeto y la Fuente destruye el objeto. El lapso de vida de un objeto es determinado por la Fuente.

Karen: Esto es peliagudo, porque a usted no la importa.

Ramesh: Todo lo que hay es Consciencia. Todo lo que hay es la Consciencia. El verdadero problema es: ¿"quién" quiere saberlo? Todo lo que hay es la Fuente. Así que, ¿"quién" es éste que quiere saber nada? Si la Fuente es todo lo que hay, ¿"quién es éste que quiere saber nada? Es únicamente el ego, y el ego es una ficción, Hipnosis Divina. El ego es creado por la Fuente a través de la hipnosis Divina para que puedan ocurrir las interrelaciones humanas entre los egos y para que la vida, tal como la conocemos, que se describe como una ilusión, pueda ocurrir. Todo lo que hay es la Fuente. Todo lo demás es una aparición, una ilusión. Y esta "Karen" que desea saber es parte de la ilusión.

Karen: La fuente no tiene el deseo de saber...

Ramesh: ¿Qué puede saber la Fuente? Para que algo pueda ser conocido, tiene que haber un sujeto y un objeto, y la Fuente es todo lo que hay. ¿Así que dónde está el objeto para que la Fuente, o como quieras llamarla, pueda conocerlo?


Ramesh S. Balsekar
(¡A Quién Le Importa!)

2 nov 2010

ESFUERZO Y AUTOSUPERACIÓN


Esta pregunta acerca de la volición individual y el esfuerzo personal es extremadamente sutil y difícil de comprender. Y, sin embargo, es absolutamente necesario no sólo comprenderla intelectualmente, sino absorberla dentro de lo más profundo de nuestro ser. La dificultad surge porque la mayoría de los Maestros parecen haber enseñado la predestinación en teoría, ¡pero el libre albedrío en la práctica! Jesucristo afirmó que sin la voluntad de Dios ni siguiera un gorrión puede caer, y que los mismos pelos en nuestra cabeza están contados. Y el Corán afirma muy definitivamente que todo el conocimiento y el poder están con Dios, y que Él lleva por el buen camino a quien Él desea y que lleva por el mal camino a quien Él desea. Y, sin embargo, tanto Cristo como el Corán exhortan a los hombres a dar lo mejor de sí, y ambos condenan el pecado. La aparente contradicción se resolvería fácilmente si uno guardara en mente el concepto de la evolución espiritual mencionado anteriormente. La absoluta irrealidad del ser humano individual -y de su así llamado esfuerzo- la comprenderá rápidamente aquel que está al borde mismo de la iluminación, mientras que alguien que se encuentra mucho más abajo en la escala aceptará con más facilidad el concepto de esfuerzo, determinación y concentración... El tipo de ser humano que confía en su esfuerzo personal en cierta fase puede, en una fase posterior, llegar a darse cuenta de que cualquier esfuerzo que se haga es verdaderamente el esfuerzo de la totalidad del funcionamiento de lo manifestado y no es esfuerzo de un hacedor individual ilusorio.




Mientras una persona considere el esfuerzo como su esfuerzo personal con el propósito de lograr algo, estará rechazando la "todopoderosidad" del Todopoderoso. Mientras que una persona desee algo del Todopoderoso, estará rechazando el "Hágase Tu voluntad". El verdadero amor a Dios significa el entregarse a Él sin desear nada, ni siquiera la salvación. (FT 216-217)


Ramesh S. Balsekar
(¡A Quién Le Importa!)