Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.
Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)
Mostrando entradas con la etiqueta Esencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Esencia. Mostrar todas las entradas
2 nov 2014
22 mar 2014
LA ESENCIA (Cuento sufí)
Era un apacible día luminoso, de esos que se suceden en la India. Estaban paseando por el bosque un abuelo y su nieto. El niño gozaba del espiritu del buscador, de aquél que quiere hallar respuestas a los grandes misterios de la existencia.
De repente, dijo:
- Abuelo, ¿qué sucede cuando el cuerpo muere?
- Abuelo, ¿qué sucede cuando el cuerpo muere?
La voz cansada pero cariñosa del abuelo, dijo:
- Mi querido nieto, el cuerpo muere, pero el ser (sí-mismo) nunca muere. Él está en tí y en mí y en todos los seres, pero es también el ser de todo el universo. Es la esencia sutil que todo lo anima.
- Abuelo, perdona, pero no termino de comprender lo que quieres decirme – replicó con respeto el jovencito.
- Mi querido nieto, el cuerpo muere, pero el ser (sí-mismo) nunca muere. Él está en tí y en mí y en todos los seres, pero es también el ser de todo el universo. Es la esencia sutil que todo lo anima.
- Abuelo, perdona, pero no termino de comprender lo que quieres decirme – replicó con respeto el jovencito.
En el perfecto silencio del bosque, el abuelo y el nieto siguieron paseando.
De pronto, el abuelo dijo:
- Ve hasta aquel árbol y coge un fruto de sus ramas.
- Ve hasta aquel árbol y coge un fruto de sus ramas.
El niñito fue hasta el árbol y cogió uno de sus frutos. Luego volvió hasta su abuelo y se lo mostró.
El anciano dijo:
- Ahora quita la cáscara a ese fruto y dime qué ves.
- El fruto, abuelo.
- Abre el fruto. ¿Qué ves?
- Granos, abuelo.
- Coge un grano y ábrelo. ¿Qué ves?
- Minúsculos granitos, abuelo.
- Abre uno. ¿Qué ves ahora?
- Abuelo, nada. No hay nada dentro.
- Ahora quita la cáscara a ese fruto y dime qué ves.
- El fruto, abuelo.
- Abre el fruto. ¿Qué ves?
- Granos, abuelo.
- Coge un grano y ábrelo. ¿Qué ves?
- Minúsculos granitos, abuelo.
- Abre uno. ¿Qué ves ahora?
- Abuelo, nada. No hay nada dentro.
Y el abuelo explicó:
- Esa esencia sutil que tus ojos no pueden ver, querido mío, esa esencia sutil es el ser. Mantiene en pie al gran árbol. Nos mantiene vivos a ti y a mí, como hace que el fuego arda y el río fluya. No ves esa esencia sutil, pero está ahí.
- Esa esencia sutil que tus ojos no pueden ver, querido mío, esa esencia sutil es el ser. Mantiene en pie al gran árbol. Nos mantiene vivos a ti y a mí, como hace que el fuego arda y el río fluya. No ves esa esencia sutil, pero está ahí.
El niño sonrió satisfecho, agarrándose a la mano caliente de su abuelo. El anciano y el muchachito siguieron caminando por el bosque.
Fuente: un pasaje de los Upanishads encontrado en el libro “Cuentos espirituales de la India” de Ramiro A. Calle
Artículo extraído de http://sloyu.com/blog/blog/2014/03/21/esencia-sutil-ser/
31 may 2010
¿QUIÉN ES QUÉ?
EL MAYOR FRAUDE
Maharaj dice que la consciencia es el Mahamaya engañoso y hechicero, que es el mayor engaño que ha existido jamás. Este fascinador sentido de presencia no es más que un sentido, un concepto que se presenta en lo Absoluto Inmanifestado como un huésped no deseado, que se apodera de la casa de manera tan insidiosa que al anfitrión lo invade una sensación de falsa seguridad y de bienestar. Maharaj también lo califica de "enfermedad temporal" que produce un delirio mientras dura.
Este sentido de estar vivo, de estar presente, es tan embriagador que a uno lo hechiza la manifestación que presenta. Uno se apasiona tanto por el espectáculo, que rara vez se preocupa de enterarse de si el espectáculo existe de verdad o si no es más que una visión, una alucinación, un sueño, un espejismo. Uno ve el árbol, y le encanta tanto que uno olvida que el árbol no es más que el desarrollo de la semilla, que es su verdadero origen. El propósito del paramartha (parama-artha, el significado esencial) es buscar la fuente, la semilla. ¿Cuál es la semilla de esta manifestación? Si no eres consciente, ¿existe alguna manifestación de alguna clase?, pregunta Maharaj. Si no eres consciente, ¿Existe para ti el universo? El mundo sólo es cuando eres consciente. Así pues, evidentemente, el universo se contiene en la mota de consciencia (que se supone que existe en un mínimo resquicio del centro del cráneo). La consciencia no puede manifestarse a sí misma, no puede ser consciente de sí misma si no hay un aparato psicosomático: el cuerpo. ¿Cuál es el origen del cuerpo? Evidentemente, el espermatozoide masculino fertilizado en un óvulo del vientre de una mujer. ¿Cuál es el origen del espermatozoide y del óvulo? Los alimentos que consumen los padres. Y bien, pregunta Maharaj, ¿a qué conclusión llegamos? Lo Absoluto, el potencial último, la fuente de todo ¡no puede de ninguna manera ser una cosa tan vulgar como "los alimentos"! Por tanto, ¡esta yo-soy-dad, la consciencia, este sentido de presencia no puede ser más que un concepto, una visión un sueño, una alucinación! Y esta consciencia es la fuente de toda manifestación... ¡de hecho, es la manifestación!
Llegados a este punto, surge un pregunta básica y fundamental, ¿Quién ha llegado a esta conclusión? ¿Quién puede ser, sino "Yo"? "Yo", que soy responsable de todo tipo de manifestación; Yo, que soy todo tipo de fenómeno manifestado; Yo, que estaba presente hace cien años; Yo, que estaba presente antes de que se concibiera el "tiempo"; Yo, que soy la intemporalidad; Yo, que soy la conciencia no consciente de sí misma, pues en éste, mi verdadero estado de Plenitud, de Unicidad, no hay presencia ni ausencia; ausencia de la presencia de presencia, ausencia de la presencia de ausencia, es lo-que-Yo- soy (y todo ser sencible puede decir esto, no de sí mismo, sino como "yo")

¿Necesitamos un breve repaso de todo? Aquí está:
1.- La existencia manifestada es fenoménica, y los fenómenos, al ser apariencias cognoscibles sensorialmente y limitadas por el tiempo, son una visión, un sueño, una alucinación y, por tanto, falsos. La existencia inmanifestada es Absoluta, intemporal, inespacial, no se da cuenta de existir, no cognoscible por los sentidos, eterna; por tanto, es verdadera. ¿Quién dice esto? La consciencia, naturalmente, que intenta conocerse a sí misma y no lo consigue, porque el conocer (no existe conocedor como tal) no puede conocer: el ojo no se puede ver a sí mismo, aunque vea todo lo demás. El buscador es lo buscado. Esta es la verdad básica y esencial.

2.- Yo, inmanifestado, soy la potencialidad total, la absoluta ausencia de lo conocido y lo cognoscible, la absoluta presencia de lo desconocido y lo incognoscible. Yo, manifestado, soy la totalidad de todos los fenómenos, la totalidad de lo conocido en la inconcebibilidad de lo desconocido inmanifestado.
3.- Sólo puede existir Yo(el Yo eterno) absolutamente incondicionado, sin el más leve vestigio de atributos, subjetividad pura. El mero pensamiento "mí" es una esclavitud inmediata y espontánea (aunque ilusoria). Que desaparezca de mí, y entonces, de manera inmediata y espontánea, tú eres Yo.

4.- Fenoménicamente, "mí" (y "tú", y "él") no es más que una apariencia en la consciencia; ¿Cómo puede estar sujeta a esclavitud una apariencia? Nouménicamente, ¿cómo puede Yo (subjetividad pura) necesitar liberación alguna? La liberación no es más que librarse de la idea de que existe "alguien" que necesita liberación.
5.- ¿Cómo puede saber uno si está "progresando" espiritualmente? Es posible que la muestra más clara del "progreso" sea la falta de interés por el progreso y la falta de angustia por la liberación, a raíz de una aprehensión clara de la apercepción instantánea del "funcionamiento" total de nisarga (la naturaleza) en la que no hay lugar para una entidad autónoma.

Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)
Etiquetas:
Absoluto,
Búsqueda,
Conciencia,
Cuerpo-mente,
Esencia,
Fenoménico,
Manifestación,
Mundo,
Nisargadatta Maharaj,
Noúmeno,
Psicosomático,
Ramesh S. Balsekar,
Ser,
Universo,
Yo
21 mar 2010
EL CONOCIMIENTO
EL CONOCIMIENTO SIEMPRE ESTÁ EN EL TIEMPO

El otro día, una amiga me contó que había tenido una revelación al darse cuenta de que en realidad ella no podía saber nada. Esto es muy cierto. Utilizamos el conocimiento como si fuese una realidad; sin embargo, el conocimiento nunca puede ser lo que Es.
Claro, en cada uno de estos ensayos se utiliza el conocimiento. Las palabras son sólo palabras y forman parte del conocimiento, pero lo que aquí se intenta es apuntar a la realidad que está entre las palabras y antes del conocimiento.
Si pudiéramos simplemente abandonar todo conocimiento y ver directamente lo que tenemos delante de nosotros, entenderíamos la vida. No "conoceríamos" la vida, sino que la entenderíamos, lo cual significa convertirnos en ella.
Ver lo que sucede, tanto interior como exteriormente, es ser la Esencia de lo que Es. Tenemos una experiencia y luego la recordamos, convirtiendo lo real en una mentira. El conocimiento siempre está en el tiempo. Es historia, y la historia no puede ser la Vida Misma.
Todos nuestros dioses, nuestras creencias, nuestra nacionalidad, raza, historia familiar y todo lo demás que hay en nuestras vidas son conocimientos.
Cuando era niño y miraba a la gente que había a mi alrededor no sabía quiénes eran. Ni siquiera tratándose de mis padres. El cerebro tenía que dar marcha atrás y ponerse un poco más torpe para acceder al conocimiento y saber quiénes eran. En la escuela si el profesor escribía algo en la pizarra y nos pedía que prestásemos atención, mi mente sólo veía el contraste entre blanco y negro. No había ningún conocimiento. Por este motivo, me resultaba muy difícil hacer los trabajos de la escuela y los maestros creían que simplemente era un holgazán, o poco inteligente. Huelga decir que suspendí en todos mis primeros años de escuela; sin embargo, aprendí algo más importante. Aprendí a ver más allá de los conocimientos, a ver el interior de cualquier cosa en la que centraba la atención. Eso, con el tiempo, me proporcionó una auténtica libertad.
Sólo podemos ver una cosa realmente cuando la vemos por primera vez. La segunda vez que la vemos, lo hacemos a través de los conocimientos que tenemos de ella. Estos conocimientos sepultan a esa cosa bajo un montón de ideas. Decimos que conocemos a esta o aquella persona, pero la gente siempre está cambiando. Si creemos que una persona es de cierta manera, basándonos en la historia que conocemos de ella, perderemos de vista la maravilla que está teniendo lugar bajo la forma de ese ser. El hecho de que estemos fuera de sincronía con la realidad del otro puede llevar a conflictos.
Cuando nos enamoramos de alguien creemos que será para siempre. Luego, con el tiempo, ese amor se empieza a desvanecer. Y se desvanece debido a nuestro conocimiento de esa persona. Ya no estamos viendo a la persona directamente. Vemos una historia, con toda una serie de pequeños sufrimientos y malentendidos. Así, tomamos a un ser vivo y lo convertimos en tiempo, en historia.

Necesitamos utilizar el conocimiento para conseguir que se haga algo en el mundo. Lo necesitamos para construir cualquier cosa, para funcionar en nuestra vida cotidiana. Pero también debemos comprender los límites del conocimiento. Dejemos que ocupe su lugar como una herramienta útil. No permitamos que gobierne nuestras vidas.
Como dije antes, en todo lo que está escrito aquí hay conocimiento. No es la verdad de las palabras lo que tiene significado, sino la realidad de la que emanan. Espero que los lectores perciban que sólo estamos apuntando hacia la Realidad. Las palabras no os llevarán a ella y nunca pueden expresar lo que es real. De hecho, ya estás en la Realidad.
El amor no está en el tiempo. Está directamente en este momento. La vida no está en el tiempo. No podemos conocer la vida. Para que la Vida sea, debemos estar completamente presentes con relación a ella. Sólo entonces podremos comprender aquello que es anterior a toda la historia, a todas las ideas y a todos los condicionamientos. Cuando nos damos cuenta de que nunca podremos conocer realmente nada, entonces ser instala en nosotros un estado de serenidad, una quietud del Corazón. En los niveles más profundos de esta revelación, se pierde toda separación. Sólo existe Lo Que Es. Sea lo que sea, está bien; estamos en paz. Somos el Único Ser de todo lo que existe. Y ese Ser no necesita ninguna explicación, ninguna historia y está más allá de todo condicionamiento.

MELVYN WARTELLA (Ego, Evolución e Iluminación)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
