Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


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7 ago 2013

EL DESPERTAR DEL CUERPO/MENTE


La verdad, la Realización, la Comprensión, el Sí mismo, son todos Uno, a-dvaita, no-dos. Pero la expresión que adopta la enseñanza (consistente en indicadores que apuntan hacia la Comprensión) puede variar mucho en función del «maestro» o «sabio» a través del cual aquella se manifiesta. Tal expresión estará determinada en un grado significativo por la programación y el condicionamiento del organismo cuerpo/mente en el cual la enseñanza se manifiesta. En concreto, el corazón de la enseñanza -su «fundamento» o núcleo irreductible- Hallará una expresión única en cada cual donde haya sucedido la apercepción. Y tal expresión única es, en gran medida, configurada por la vía, la manera, el contexto, las circunstancias bajo la cuales haya ocurrido el evento del Despertar en cada caso.

Quizá sea más sencillo ilustrar esto que explicarlo.

A Ramana Maharshi el Despertar le sucedió cuando era un muchacho. Teniendo la abrumadora sensación de que iba a morir, se tumbó en el suelo y dejó que le sucediera una experiencia de muerte, la cual le llevó a sentir vívidamente lo que ocurre cuando cesan las funciones corporales y mentales al morir. Tras este suceso, tuvo la percatación de que el «yo» que uno piensa que es muere con el cuerpo y la mente; y sin embargo, a pesar de que desapareció tanto este falso «yo» como todo lo demás, aún permaneciá un sentido de pura existencia: la conciencia «Yo Soy». Comprendió entonces que Eso es lo que verdaderamente es el «yo»; no el cuerpo o la mente o la personalidad o el sentido de ser un yo separado, todo lo cual muere, sino el «Yo-Yo» que es eterno. En el caso de Ramana Maharsin, esta fue la comprensión central; y su enseñanza reflejaba esta comprensión central, de modo que Ramana decía a sus oyentes: «simplemente sean», «busquen el Yo soy» o «permanezcan en el Yo»

Muy distinto es el relato que hace Nisargadatta Maharaj acerca de cómo sucedió la Realización. Cuanta que su gurú le dijo que él (Nisargadatta) no era quien pensaba que era, que él no era el cuerpo, sino que en verdad era nada menos que lo Absoluto. Nisargadatta cuenta que él creyó a su gurú, llevó estas palabras a su corazón y, tras meditar y concentrarse en ellas durante tres días, la Comprensión se completó. Así que este es el punto en el que se centraban todas las enseñanzas de Maharaj, y por tanto se dirigía a sus alumnos hablándoles, siempre y sin excepción, en primera persona como lo Absoluto, «Yo soy Eso», y no como un individuo separado; e insistía en que no se hiciera ninguna pregunta que estuviera basada en la identificación con el cuerpo.

De alguien que haya estudiado con un maestro o un gurú antes de sucederle el despertar, lo más probable es que surja la enseñanza de que la vía para por tener un maestro o un gurú, A quien le haya sucedido el despertar de manera espontánea, sin maestro alguno, puede que le surja la idea de que no es necesario ningún gurú. Aquel cuyo despertar se encuentre inextricablemente vinculado con una poderosa experiencia mística que haya sucedido inmediatamente después de un intenso período de meditación, puede muy bien centrar su enseñanza en el misticismo y la meditación.


Se puede hallar más ejemplos leyendo a maestros de antaño, como Huang Po, Hui-Neng y otros, o a instructores modernos tales como Tony Parsons o Adyashanti. Puede que parezca que estas expresiones de la enseñanza nuclear, aquello que se reitera constantemente por tratarse de su fundamento, varían mucho o, al menos, poseen énfasis muy diversos. Y esa diferencia se debe en su mayor parte a los diversos antecedentes, culturas, tendencias, circunstancias y experiencias de cada uno de los instrumentos cuerpo/mente, y particularmente a la peculiaridad del propio evento del despertar en cada uno.

En el caso de lo que he venido en llamar, con algún afecto, «la cosa david», el núcleo irreductible de la Comprensión cobró expresión en el primer pensamiento que se formó cuando sucedió ese súbito cambio de percepción ya referido y se vio claramente que «¡no hay nadie en casa!». Hay Presencia, Ser, Conciencia. Hay este aparente cuerpo/mente en el cual, y como el cual, la Presencia fluye, funciona, experimenta. Y eso es todo; no hay un yo individual o entidad o persona separada, excepto como un mero constructo mental.

Por tanto, la expresión aquí gira necesariamente en torno a este fundamento y se regresa siempre a esto mismo, a saber: que es el sentido de ser un yo individual lo que constituye la ilusión, el «cautiverio», el «oscurecimiento» esencial. Cuando este sentido de yo individual se ve como ilusorio, se desvanece, y entonces sucede el despertar del sueño de ser una mismidad individual y separada y queda simplemente Lo Que Es.

Eso a lo que se despierta, eso que es Comprendido, es solo Uno. Pero la expresión en cada instrumento cuerpo/mente es diversa debido a las infinitas variables existentes en la programación y en el condicionamiento de cada instrumento, así como en el guión o la parte o el «destino» que cada cuerpo/mente juega en el infinito despliegue que acaece en la Conciencia. Así, cada personaje posee un diferente sabor y pone un énfasis diferente.


David Carse
(Perfecta Brillante Quietud)


5 ago 2012

DESPERTAR


El propósito de mi enseñanza es la iluminación, despertar de la ilusión del estado de separación para alcanzar la realidad del Uno. En pocas palabras, lo que pretendo es que comprendas lo que eres. Es posible que también descubras otros elementos en esta enseñanza, los cuales surgen simplemente como respuesta a las necesidades concretas de los demás en un determinado momento, pero básicamente lo único que me interesa es que te despiertes.

La iluminación significa despertar a lo que en verdad eres y vivir en consecuencia. Realízate y sé, realízate y sé. La realización en sí misma no basta. La plenitud de la realización consiste en ser, y esto implica actuar, hacer y expresar lo que hayas comprendido. Es muy complejo, una forma de vivir completamente nueva: vivir en la realidad desde la realidad, y no desde las ideas programadas, los impulsos o las creencias de tu mente soñadora.

La verdad es que tú ya eres lo que buscas. Estás buscando a Dios con sus propios ojos. Esta verdad es tan simple y tan chocante, tan radical y tan tabú, que te la pierdes fácilmente en la tormenta de tu búsqueda. Tal vez hayas oído ya lo que te estoy diciendo y es posible que incluso te lo creas, pero lo que te pregunto es si lo has comprendido con todo tu ser. ¿Lo estás viviendo?


Mi discurso pretende despertarte, no darte un método para soñar mejor. Esto último lo sabes hacer muy bien. Podré parecerte amable y muy suave, en función de tu estado mental y emocional, pues en otras ocasiones tal vez no te parezca tan amable ni tan suave. Posiblemente te sientas mejor después de hablar conmigo, pero eso es secundario al despertar. ¡Despierta! Tú eres todos los Budas vivientes. Eres el vacío divino, la nada infinita. Lo sé porque yo soy lo que tú eres y tú eres lo que yo soy. Deshazte de todas las ideas e imágenes de la mente; aparecen y desaparecen, y ni siquiera las generas tú. ¿Por qué prestas tanta atención a tu imaginación, cuando la realidad existe para que te realices en este preciso instante?

Pero no creas que la iluminación es el final. La iluminación es el final de la búsqueda, el final del buscador, pero también es el comienzo de una vida protagonizada por tu verdadera naturaleza. Descubrirás algo totalmente nuevo: la vida desde la unidad, encarnando lo que eres, una expresión humana de esta unicidad. Indefectiblermente te conviertes en el Uno;  eres el Uno. La pregunta es si eres o no una expresión consciente del Uno. ¿Está despierto ese Uno? ¿Has recordado lo que en verdad eres? Y si lo has hecho, ¿lo estás viviendo? ¡Estás viviendo desde el Uno, de un modo realmente consciente?

Todas mis charlas versan sobre el despertar o la vida tras el despertar. Independientemente de cuál  parezca  ser el tema de mi charla, en realidad sólo estoy hablando de estas dos cuestiones.


Adyashanti
(La Danza Del Vacío)

7 may 2012

NI SENTIDOS NI PROPÓSITOS


Así pues, ¿Qué queda por decir? Muy poco. La comunidad buscadora está embobada con los instructores y las enseñanzas y la búsqueda y el despertar, pero desde aquí es muy obvio que no hay nada que buscar y nada que enseñar. La gran función continúa, y aunque este cuerpo/mente es totalmente parte de la función también él, ahora todo se ve desde una perspectiva muy distinta: está claro que no son los cuerpos/mente los que ven.

No hay ningún "sentido" ni ningún "propósito". Los personajes soñados, meros personajes de película en esta telenovela que es la vida, pasan sus vidas angustiados intentando descubrir su propósito. ¡Se toman tan en serio a sí mismos! Desde aquí se atestigua y se sabe que todo sufrimiento, toda angustia, todo anhelo, pérdida, dolor, confusión, daño, todo intentar con todas las malditas fuerzas, forma todo ello parte de la sustancia del sueño, es todo ello creación nuestra en nuestros intentos de salir de donde no estamos.


Autosuperación personal, práctica espiritual, búsqueda, intentos de recorrer la senda, de seguir la vía; todo ello son intentos de extraernos del agujero que creamos precisamente con nuestros intentos. Es como estar en arenas movedizas; luchamos instintivamente y creemos que eso sirve de ayuda, cuando en realidad es esa lucha, en sí misma, lo que constituye el problema. La lucha, la búsqueda, no es más que el sentido de yo individual intentando perpetuar su historia. No hay nada que buscar. La ilusión es la apariencia de separación; no hay nada que está separado, nada. Solo hay Uno, no-dos, y Eso Es. Y todo lo demás, no es. Y Ese "no-dos" que es Lo Que Es, es lo que es "Yo", aquí. Todo cuanto Es, es no-algo, es Esto-Mismo-idad, es Esta Yo-idad, es lo que "Yo" es, que es Todo Lo Que Es.


David Carse
(Perfecta Brillante Quietud)

5 may 2012

DESPERTAR: DESCUBRIR QUIÉN ERES


Antes de experimentar mi despertar final hace unos años, me había vuelto loco por la iluminación. Para estudiar zen hay que estar un poco loco. Mi maestra solía decir que "los locos son los únicos que permanecen". Una de mis locuras consistía en levantarme temprano todos los domingos(a eso de las cinco o las cinco y media de la mañana) para sentarme a meditar durante un tiempo extra antes de ir a la meditación de dos horas en grupo con mi maestra. Me sentaba a meditar en una habitación pequeña y me quedaba helado hasta los huesos.

Una de esas mañanas en las que estaba ahí sentado me sucedieron dos cosas, una después de la otra, y eran aparentemente muy paradójicas. En primer lugar obtuve la visión espontánea de que todo era uno. Lo sentí al oír el canto de un pájaro en el jardín; al oír el gorjeo, la siguiente pregunta surgió de mi interior: "¿Qué es lo que oye el sonido?". Nunca me había hecho esa pregunta antes. De pronto me di cuenta de que yo era el sonido del pájaro, y también el que oía al pájaro; comprendí que el oído, el sonido y el pájaro eran manifestaciones de la misma cosa. No puedo decir de qué, pero sí puedo decir que sólo es una cosa. Pensé que todo era muy extraño y me di cuenta de que quien pensaba era otra manifestación más de lo mismo. Me levanté y empecé a deambular por la casa buscando algo que no formase parte del Uno. Pero todo era un reflejo de ese Uno. Todo era divino. Entré en el cuarto de estar. De repente, a mitad del movimiento de un paso, la conciencia (o atención) se separó de todo, ya fuese físico, corporal o exterior.

En el espacio de un solo paso desapareció todo. Luego surgió la imagen de un número infinito de encarnaciones pasadas al menos eso parecía, en la que las cabezas formaban un fila tan larga como abarcaba mi vista. La conciencia comprendió algo así como "Dios mío, he estado identificándome con diversas formas desde hace tropecientas vidas". En ese momento, la conciencia (el espíritu) comprendió que había estado tan identificada con todas esas formas que hasta ese mismo momento se había creído que realmente era una forma.

De repente, la conciencia estaba libre de la forma y existía de manera independiente. Ya no se definía por ninguna forma, fuese ésta la forma de un cuerpo, de una mente, de una vida, de un pensamiento o de un recuerdo. Podía ver todas estas cosas pero apenas podía creerlo. Era como si alguien me hubiese metido un millón de dólares en el bolsillo y yo me lo estuviese sacando continuamente sin creérmelo del todo. Pero tampoco podía negarlo. Aunque esté utilizando la palabra "yo", ahí no había ningún "yo", sólo el Uno.

Estas dos experiencias sucedieron juntas, separadas tan sólo por unos instantes. En la primera me convertí en la Unicidad de todo y en la segunda me convertí en la conciencia (o espíritu), que se despertó completamente y salió de cualquier identificación, incluso de la Unicidad. Al ir más allá de la Unicidad, seguía habiendo uno conciencia básica, pero tenía dos aspectos diferentes: yo soy todas las cosas, y yo no soy absolutamente nada. Esto era el despertar, la realización del Ser.


Lo que sucedió después se que di un paso, un paso normal y corriente. Y me sentí como un bebé cuando da su primer buen paso y mira después a su alrededor como para preguntar si lo has visto, exhibiendo abiertamente su alegría. Así que di otro paso más y sentí algo así como "¡vaya, el primer paso!", y después di otro paso más, y luego otro, y seguí moviéndome en círculos, pues cada paso era como si hubiese dado el primer paso. Era un milagro.

En cada "primer" paso, la conciencia sin forma y la Unicidad se fundían de tal manera que la conciencia, que se había identificado siempre con una forma, estaba entonces en el interior de la forma, exenta de cualquier identificación. No veía a través de ningún pensamiento ni de ningún recuerdo de lo que hubiese sido antes, sino a través de los cinco sentidos, nada más. Libre de cualquier historia o memoria, sentía cada paso como si fuese el primero.

Entonces me vino a la mente algo muy divertido (al menos así lo sentía yo, después de trece años de práctica zen): "¡Vaya acabo de despertarme del zen!". Cuando te despiertas, te das cuenta de que despiertas de todas las cosas, incluso de las que te han ayudado a llegar ahí. A continuación le escribí a mi esposa esta extraña nota: "Feliz cumpleaños. Hoy es mi cumpleaños. Acabo de nacer". Le dejé la nota, y cuando pasé con el coche por delante de nuestra casa de camino a mi grupo de meditación, vi a mi esposa agitando la nota en la mano. No sé cómo pero supo exactamente lo que quería decir.

No le mencioné esta experiencia a mi maestro hasta pasados tres meses, pues me parecía que contárselo no tenía ningún sentido. ¿Qué necesidad tenía de que alguien lo supiese? No sentía necesidad de contárselo a nadie ni de que me felicitasen. Para mí, la experiencia era completa en sí misma. Más adelante descubrí que mi experiencia se correspondía con lo que mi maestro llevaba contándome toda la vida. Entonces comprendí que sus enseñanzas hacían referencia a este despertar. De un modo muy real, esa experiencia, que aún perdura y que todavía hoy sigue siendo la misma, es la base de todo lo que digo.

Cuando realmente empezamos a observar lo que creemos ser, nos volvemos propensos a la gracia. Comenzamos a ver que aunque tengamos diversos pensamientos, creencias e identidades, no nos dicen quiénes somos, ni a nivel individual ni colectivo. Un misterio se hace presente: nos damos cuanta de que cuando nos observamos con atención y cuidado, lo verdaderamente sorprendente es que nos definimos totalmente a partir del contenido de nuestra mente, de nuestros sentimientos y de nuestra historia. Hay muchas formas de espiritualidad que intentan librarse de los pensamientos, de los sentimientos y de los recuerdos para poner la mente en blanco, como se eso fuese un estado espiritual, o un estado deseable. Pero tener la mente en blanco no es necesariamente sabio. En cambio, lo más útil es ver a través de los pensamientos y reconocer que un pensamiento no es más que un pensamiento, una creencia o un recuerdo. Entonces podremos dejar de vincular la conciencia o el espíritu a nuestros pensamiento y a a nuestros estados mentales.

Después de ese primer paso, cuando comprendí que lo que veía a través de mis ojos y de mis sentidos era la conciencia o el espíritu, en vez de los condicionamientos o la memoria, vi que ese mismo espíritu era el que miraba a través de todos los otros ojos. Si miraba desde otro condicionamiento, daba lo mismo; era exactamente igual. Se estaba viendo en todas las cosas, no sólo en los ojos, sino también en los árboles, en las piedras y en las flores.

Lo paradójico es que cuanto más se saborea el espíritu o conciencia a sí mismo, no como pensamiento, idea o creencia, sino como mera presencia o conciencia, más se refleja en todo ese espíritu. Cuanto más despertamos nuestros cuerpos, mentes e identidades, mejor vemos que no son más que meras manifestaciones del mismo espíritu, de la misma presencia. Cuanto más comprendemos que lo que somos es totalmente atemporal, que está fuera del mundo y de todo lo que sucede, mejor comprendemos que esa misma presencia es el mundo, todo lo que sucede y todo lo que existe. Son como las dos caras de una misma moneda.

La mayor barrera para el despertar es pensar que es algo raro. Cuando se cae esta barrera, o al menos empiezas a decirte: "Realmente no estoy seguro de que sea cierta mi creencia de que el despertar es difícil", todo se vuelve accesible de forma instantánea. Como esto es lo único que existe, no puede ser raro ni difícil, a no ser que insistamos en que así sea. La base de todo esto no es teórica, sino experimental. A mí no me lo enseñó nadie, y nadie podrá enseñártelo a ti.

Lo más bonito del despertar es que cuando dejas de reaccionar a tus condicionamiento, la sensación del "yo" que estaba viviendo esta vida deja de existir. La mayoría de la gente está familiarizada con la sensación de un yo que vive esta vida. Pero cuando vamos más allá, la experiencia nos muestra que el amor es lo que hace que esta vida funcione realmente, y ese amor está en todo el mundo, todo el tiempo. Cuando intenta abrirse camino entre tus cosas personales, este amor se disipa, pero sigue ahí. Nadie es dueño de este amor. Todo el mundo es, en esencia, la manifestación de este amor.


A lo largo de tu vida habrás experimentado ocasiones, conscientemente o no, en las que te hayas olvidado momentáneamente del "yo" con el que te habías identificado. Esto puede ocurrir espontáneamente ante una hermosa vista, o cuando olvidas el ego. La gente normalmente pasa por alto estos momentos. Después de experimentar el "momento agradable", volvemos a construir nuestra sensación habitual de identidad. Pero estas oportunidades son, de hecho, pequeñas mirillas a través de las cuales puedes experimentar la verdad. Si te pones a buscarlas, las detectarás. De repente, la mente dejará de pensar en su historia. Tal vez percibas que tu identidad o tu sensación del yo separado se toma un descanso, y lo que tú eres de verdad no desaparece. Entonces te preguntas: "¿Quién soy realmente?. Si mi identidad puede tomarse un descanso y yo no desaparezco, ¿Entonces quién soy?", o mejor: "¿Qué soy cuando desaparezco?".

La mente suele activarse ante la pregunta de "¿quién soy?". Se pone a darle vueltas hasta que surge la verdadera inteligencia y dice: "Espera un momento, eso no es más que pensamiento". Quizá percibas entonces un espacio de tranquilidad entre los pensamientos y, si estás muy presente en ese espacio, dejarás de funcionar con tu identidad habitual. En cuanto la identidad entre en ese espacio, dejarás de sentirte presente. No ser nadie suele ser tan desconcertante para la mente que enseguida se pone a llenar ese espacio. "¿Cómo puedo no ser nadie?" Pero llenarlo con alguien no tiene ningún sentido. Si quieres saber quién eres realmente, experimenta simplemente el espacio, experimenta la apertura y deja que florezca en tu interior. Es la mejor manera de descubrir quién eres.

De este modo, la espiritualidad no sólo se vuelve real, sino también aventurera y divertida. Te preguntarás: "¿Esta apertura, esta presente -como quiera que la llames- es lo que soy?. Empezarás a sentir que estás llegando a algo que no es fruto de la creación de ningún pensamiento, idea o fe. Y cuando comiences a asimilarlo y percibas esta mera conciencia que está libre de toda identidad, te parecerá alucinante. El zen lo denomina lo no creado; es la única cosa de tu alrededor que no ha sido creada por tu mente.

En la Biblia hay una parábola maravillosa que dice que es mucho más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos. Si intentas aferrarte a tus identidades, por muy espirituales y santas que sean, es como si intentases pasar un camello por el ojo de una aguja. Tus identidades son demasiado vastas, demasiado grandes, demasiado falsas, demasiado elaboradas como para entrar en la verdad. Pero existe algo que puede pasar por el ojo de la aguja más pequeña. El espacio, tu propia nada, podrá pasar directamente al cielo. Nadie podrá llevarse consigo la más mínima pizca de identidad.

El cielo es la experiencia de entrar en nuestra propia nada. Comprendemos nuestra propia conciencia pura y vemos que somos espíritu puro, sin forma. Reconocemos que el espíritu sin forma es la esencia, la presencia  animada de todas las cosas. Esto es el cielo, pues el espíritu y la esencia están ocupando nuestro cuerpo a cada paso. Éste es el verdadero significado de volver a nacer. Volver a nacer no es sólo una gran experiencia emocional de conversión religiosa. Aunque sea agradable, eso no sería más que cambiarse de ropa. Volver a nacer es nacer otra vez, no ponerse ropa espiritual nueva. Para ser más precisos, antes de nacer comprendemos que la nada eterna es lo que está viviendo esta vida a la que llamamos "mi vida".

Pero comprender esta verdad y despertar espiritualmente no significa que la buena fortuna crezca sin fin en tu vida. Ésa no sería la paz que supera todo entendimiento. Cuando nos sentimos bien en la vida, tener paz es fácil. Pero la vida sigue su ritmo, como un océano en movimiento. Las olas serán altas o pequeñas, pero el océano será igual de sagrado y, como tú no eres nadie, nada te puede hacer daño. La paz que supera el entendimiento reside en esta conciencia, pero tu vida no irá necesariamente mejor. Tal vez se limite a seguir su ritmo, fluyendo simplemente, sin más. A ti te dará igual.


Adyashanti
(La Danza Del Vacío)



11 feb 2012

TODO ES UNO E INSEPARABLE



Nuestro cuerpo actúa de manera sincrónica todo el tiempo. Cuando hay alguna perturbación, por pequeña que sea, éste reacciona en su totalidad. Por ejemplo, supón que no has comido en todo el día, por lo que tu nivel de azúcar en el sangre empieza a disminuir. Al instante se pone en acción toda una serie de sucesos sincrónicos para elevarlo. El páncreas secreta una hormona llamada glucagón que convierte en glucosa el azúcar almacenada  en el hígado, y ésta queda inmediatamente disponible como energía; las células adiposas liberan en el torrente sanguíneo ácidos grasos y glucosa; el sistema nervioso estimula los músculos vinculados al esqueleto para que cedan sus reservas de glucosa. Todo esto ocurre al mismo tiempo. Los niveles de insulina descienden y la frecuencia cardíaca se incremente para activar la energía. El cuerpo realiza cerca de un millón de tareas para recuperar el nivel normal de azúcar, y ésa es sólo una de la funciones que ocurren simultáneamente. Nada de esto podría ocurrir sin una comunicación no circunscrita, sin que la información se correlacionara a una velocidad mayor a la de la luz, fuera de los límites de la física común.

Se ha dicho que esta comunicación no circunscrita se establece por la resonancia de la actividad eléctrica del corazón. El corazón tiene un marcapasos que lo mantiene latiendo aproximadamente 72 veces por minuto. Este marcapasos emite una señal eléctrica que provoca la construcción mecánica del corazón. Siempre que hay una corriente eléctrica existe un campo electromagnético que la rodea -los campos electromagnéticos son básicamente fotones que se comportan de determinada manera-. Así pues, el corazón emite, con cada latido, su energía electromagnética al resto del cuerpo. Incluso lo emite fuera del cuerpo (si lo amplificáramos, otras personas podrían recibir la señales). La energía se transmite por todo el cuerpo. De este modo, el corazón es el oscilador principal del cuerpo, dueño de un campo electromagnético propio. El corazón genera un campo de resonancia que provoca que cada célula del cuerpo esté inmersa con las demás, por lo que todas están sintonizadas sincrónicamente.

Las células que están dentro del mismo campo de resonancia bailan al mismo son. Las investigaciones muestran que cuando pensamos creativamente, nos sentimos tranquilos o estamos enamorados, estas emociones generan un campo electromagnético coherente que se transmite al resto del cuerpo. También crean un campo de resonancia en el que cada célula del cuerpo se acopla a las demás. Cada una sabe qué están haciendo las demás porque en realidad todas hacen lo mismo, aunque expresen eficientemente sus funciones específicas: las células estomacales elaboran ácido clorhídrico, las células inmunológicas generan anticuerpos, las células pancreáticas producen insulina, etcétera.

En un cuerpo saludable, esta sincronicidad manifiesta una regulación perfecta. las personas saludables están firmemente atrapadas en estos ritmos. Cuando hay una enfermedad es porque uno de ellos se perturbó. El estrés es lo que produce más trastornos. Si estamos estresados o nos sentimos hostiles, perdemos el equilibrio del cuerpo. El estrés interrumpe la conexión no circunscrita con todo lo demás. Cuando experimentamos un malestar (mal-estar) es porque alguna parte de nuestro cuerpo está empezando a constrenirse, porque se está saliendo del campo de inteligencia no circunscrita.

Hay muchas emociones que pueden perturbar el campo electromagnético del corazón, pero las que se han documentado con más precisión son la ira y la hostilidad. Una vez que se interrumpe la sincronización, el cuerpo actúa de manera desintegrada. El sistema inmunológico se inhibe, y esto acarrea problemas como mayor susceptibilidad al cáncer, las infecciones y el envejecimiento acelerado. Este efecto es tan marcado que los animales pueden percibirlo. Un perro ladrará y actuará con fiereza en presencia de una persona  que alberga hostilidad. A dondequiera que vayamos, transmitimos lo que somos en este nivel íntimo.


Pero nuestra conexión con la inteligencia no circunscrita no termina en los límites corporales. Al igual que el cuerpo, el Universo mantiene un equilibrio que manifiesta a través de ritmos o ciclos.

Mientras viaja alrededor del Sol, la Tierra crea los ritmos estacionales. El invierno se convierte en primavera, las aves migran, los peces buscan sus sitios de desove, las plantas florecen, los árboles echan brotes, los frutos maduran, las aves empollan. Ese simple cambio de la naturaleza, esa ligera inclinación del planeta, inicia una cascada de acontecimientos no circunscritos. Toda la naturaleza actúa como un solo organismo. Incluso las personas se sienten diferentes en cada estación; algunas tienden a deprimirse en invierno y a enamorarse en primavera. Desde el punto de vista bioquímico, ciertos cambios corporales corresponden al movimiento del planeta. Toda la naturaleza es una sinfonía y formamos parte de ella.

Conforme la Tierra gira sobre su eje, nos de los ritmos circadianos. Las criaturas nocturnas despiertan en la noche y duermen durante el día. Las aves buscan alimentos en horas específicas del día, llamadas hora de aves. Nuestros cuerpos también están sincronizados con los ritmos diurnos. Yo paso la mayor parte del tiempo en California, y sin un esfuerzo consciente de mi parte, mi cuerpo se adapta al ritmo californiano de acuerdo con mi zona horaria. Mi cuerpo empieza a anticipar el amanecer, lo que me permite despertar aproximadamente a la misma hora todos los días, y se desacelera en la noche, lo que me ayuda a prepararme para dormir. Durante el sueño, el cuerpo permanece activo; nos lleva a través de varias etapas de sueño y modifica las ondas cerebrales. Las hormonas que controlan y regulan las distintas funciones del cuerpo siguen produciéndose y secretando, pero en cantidades diferentes a las de la vigilia. Cada célula continúa con su millón de actividades distintas mientras la totalidad del cuerpo desarrolla su ciclo nocturno.


En la Tierra sentimos los efectos del Sol en el ritmo diurno y los de la Luna en el nocturno, conforme crece y disminuye el movimiento del satélite. Los ciclos lunares se manifiestan en nuestro cuerpo, lo que nos correlaciona al instante con los movimientos planetarios. El ciclo menstrual de 28 días de las mujeres está influido por la Luna, y hay otros ritmos mensuales más sutiles que efectan el estado de ánimo y la productividad de las personas. Los efectos gravitacionales del Sol y la Luna sobre la Tierra provocan las mareas, las cuales también inciden en nuestros cuerpos. Después de todo, hace millones de años también fuimos habitantes del océano. Cuando nos deslizamos hacia la orilla trajimos algo de él.

Nuestro cuerpo tiene en un ochenta por ciento la misma composición química que el océano, y sigue influido por la fuerza de la mareas. Todos estos ritmos, diurnos, lunares y estacionales están sincronizados entre sí. Hay ritmos que están dentro de otros, y éstos a su vez están dentro de otros. Todos estos toques de tambor resuenan alrededor y dentro de nosotros. No somos ajenos al proceso; somos parte de él, palpitamos con el latido del Universo. La inteligencia no circunscrita está dentro y alrededor de nosotros. Es espíritu, el potencial a partir del cual surge todo. Es la base de nuestro ser; carece de dimensiones, volumen, energía y masa, y no ocupa espacio. Tampoco existe en el tiempo. Todas las experiencias son proyecciones localizadas de esta realidad no circunscrita, la cual es un potencial singular, único. Aquí todo es uno e inseparable. En este nivel más profundo de realidad eres esta inteligencia no circunscrita, un ser universal que se observa a través de un sistema nervioso humano. Así como el prisma divide un rayo de luz en los colores del espectro, la inteligencia no circunscrita, al observarse a sí misma, separa una realidad única en una multitud de apariencias.

Piensa que el Universo es un organismo único y enorme. Su vastedad es una realidad de la percepción. Aunque veas un gran estadio de fútbol con miles de personas dentro, el fenómeno real es un pequeño impulso eléctrico de tu cerebro que tú, el ser no circunscrito, interpretas como juego de fútbol. El Yoga Vasishta, un antiguo texto védico, afirma: "El mundo es como una gran ciudad reflejada en un espejo". Del mismo modo, el Universo es un enorme reflejo de ti en tu conciencia.

Es, en pocas palabras, el alma de todas las cosas.


Deepack Chopra
(Sincrodestino)

31 ene 2012

LA UNIDAD


· ¿Qué es la no-dualidad Jeff?

Ésa es la cuestión ¿no es cierto? La expresión "no-dualidad" significa"no dos", lo que apunta al hecho de que, de algún modo, todo es Uno. Aunque parezca que, en el mundo, haya cosas separadas, personas separadas e individuos separados, aunque parezca que existan un pasado, un futuro y objetos separados, todo, en realidad, es Uno. Y la búsqueda espiritual consiste, de hecho, en la búsqueda de esa Unidad.


Jeff Foster
(Una Ausencia Muy Presente)




14 ene 2012

TODO LO QUE HAY ES LA CONSCIENCIA


¿Qué es la Consciencia realmente?

La Consciencia es el Uno-sin-segundo, la Fuente de todo.


Ramesh S. Balsekar
(¡A Quién Le Importa!)

22 nov 2009

MANIFESTACIÓN


LA CONSCIENCIA ES TODO LO QUE HAY.




La Consciencia es todo lo que hay. Ésa es la Fuente de la cual ha surgido toda la manifestación. El funcionamiento de la manifestación es la vida tal como la conocemos, y dentro del funcionamiento de la manifestación nada sucede porque sea la voluntad del individuo. Nada puede suceder, a menos que sea la voluntad de Dios, y con Dios me refiero a la Fuente.

Así que, para comenzar, todo lo que hay es la Fuente. Llámalo Consciencia, llámalo el "Yo" [con mayúscula], como decía Ramana Maharshi, llámalo como quieras, pero entiende que a lo que se hace referencia es a la Fuente Una: el Uno-sin-segundo. Todo lo que hay es la Fuente de la cual ha surgido esta manifestación, que es la totalidad de loa objetos. El ser humano es una especie de objeto con el dudoso don adicional del sentido personal de ser el hacedor, que es el ego. Repito, el ser humano no es más que un objeto, una especie de objeto junto con todos los demás objetos que conforman la totalidad de los objetos dentro de la manifestación.

En el funcionamiento de la manifestación hallamos el segundo concepto básico: nadie, ninguna "persona" hace nada. Nada sucede, a menos que sea la voluntad de la Fuente, la voluntad de Dios. Esto significa que el ego es una ilusión. El sentido de autoría personal, el sentido personal de ser el hacedor, es una ilusión. Ésta es la comprensión última.

La comprensión última es que el ego no existe como algo bien diferenciado de la Fuente y que se vuelve uno con Ésta. Mientras digas "yo soy Eso", el "yo" personal es algo separado de la Fuente, y lo que estoy diciendo es que no existe un "yo" personal. El ego no se vuelve uno con la Fuente. El ego desaparece dentro de la Fuente cuando hay una aceptación total e incondicional de que nunca hubo un ego.

RAMESH S. BALSEKAR (¡A quién le importa!)