Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


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24 sept 2011

¡NO HAY NADA QUE COMPRENDER!


Tratar de expresar todo esto con palabras resulta imposible y fútil... ¿No, mejor dicho, resulta ridículo! ¿Cómo señalar el milagro absoluto de la existencia, el don sorprendente de todos y cada uno de los momentos? El mundo, aparente o no, es indescriptible y a veces dolorosamente hermoso. El simple hecho de que todo esté sucediendo me deja, en ocasiones, sin palabras o con meros monosílabos. Quizás entonces te parezca, si tratas de hablarme, que soy demasiado burdo, pero lo cierto es que no puedo encontrar palabras que describan de forma adecuada este milagro al que llamo "vida". Sencillamente no puedo resignarme a reducirlo a palabras...

Ya no puedo seguir jugando este juego, el juego en el que imaginamos ser "personas", "individuos", algo separado de los demás, algo abstraído de este momento, de este suceso presente, de éste, de éste y también de éste. ¿Cómo diablos podría, aunque quisiera, hablar de mí mismo? ¿Cómo podría hablar de algo que no está aquí, de algo que ni siquiera existe? Y en el caso de que consiguiera hablar, ¿quién diablos estaría hablando? ¿Y de qué hablaría?

Hay veces en las que el silencio es la única alternativa.

Pero ¿porqué necesitamos hablar? ¿Por qué necesitamos referirnos a un pasado que ya ha muerto y desaparecido o a un futuro que todavía no ha llegado? ¿Por qué no nos sentamos como amigos o como amantes y contemplamos juntos el majestuoso espectáculo que literalmente se despliega a nuestro alrededor? ¿Cómo ocurre todo esto? ¿De dónde proviene? ¿Cómo es posible que todo eso emerja de la nada?



Contemplar el mundo que se despliega ante nosotros es quedarse anonadado. No es de extrañar que nos aprestemos a llenar el vacío con nuestras historias, porque entregarse a esto es morir y eso es, de hecho, lo último que "nosotros" queremos. ¡Pero qué extraordinario es morir en esto! ¡Qué extraordinario anonadarse y disolverse en la nada, en la nada que ya somos!

¿Por qué malgastamos nuestra vida resistiéndonos a lo inevitable? ¿Por qué convertimos nuestra vida en un problema y en una preocupación? ¿Por qué tenemos miedo a convertirnos en la nada, la verdad absoluta que hay detrás de todas las cosas? La verdad absoluta es que no hay ninguna verdad, sólo hay esto; la verdad es que flotamos en un océano de nada, en un vacío despojado de todo significado, de todo valor y de toda verdad. Y esto, para el individuo que pretende ser alguien y llegar a alguna parte, resulta literalmente aterrador. ¡El individuo no es más que una ilusión, una condenada mentira, una mera historia que emerge ahora, ahora y también ahora! ¿A quién podría interesarle?

¿Las palabras distorsionan lo absolutamente simple! Las palabras tratan de hacer comprensible el misterio y se esfuerzan, en un intento de hacerla más comprensible, en reducir a conceptos, ideas y abstracciones esta cosa maravillosa llamada vida. ¡Pero la vida trasciende toda abstracción! ¿Si miras a tu alrededor verás que la vida ya está sucediendo! ¡La vida ya está emergiendo y no hay palabra que pueda llegar siquiera a tocarla! ¿Cómo podríamos "comprender" lo que es absolutamente obvio, lo que está completamente presente? ¿Cualquier comprensión implicaría que hay algo que comprender! ¿Pero lo cierto es que no hay nada que comprender absolutamente nada! ¡Lo único que hay es esto!

El juego de la vida sigue su curso y aparecen colores, formas, luces, sonidos e individuos aparentes que aparentemente viven y actúan en un mundo aparente. Pero todo esto no es más que un doloroso -de tan hermoso- despliegue de apariencias. Y esta belleza es una belleza vacía, no es una belleza conocida, vista, querida ni recordada por nadie. Es una belleza dolorosa, sin nadie que experimente dolor ni belleza, pero no obstante es una belleza dolorosa.

Sin embargo, esto jamás será comprendido y jamás será comunicado a nadie. Realmente no sé por qué me preocupo de seguir escribiendo.

Pero las palabras, como siempre, llegan. Y quizá estas palabras, desfortunadas abstracciones, sirvan para "apuntar hacia algo más allá de sí mismas.

No sé. No tendría que preocuparme de nada.

Lo único que existe es el amor. Sólo eso tiene algún significado. Todo lo demás es ilusorio.



Jeff Foster
(Más Allá Del Despertar)

15 feb 2011

REVELAR LA VERDAD


Ashtavakra hace todo lo posible para poner en palabras lo que realmente no se puede poner en palabras. Y hace esto por una sola razón: la esperanza de que quizá una palabra específica o una frase específica que pueda revelar la Verdad y eliminar la confusión que ha aparecido y que recubre la naturaleza real del discípulo. Afirma repetidamente que todo lo que hay es la Consciencia y que por lo tanto el discípulo, al igual que el gurú, no puede ser otra cosa que la Consciencia; aun más, todos los objetos fenoménicos, incluyendo el gurú y el discípulo, son únicamente el Noúmeno subjetivo en su expresión objetiva como manifestación.




Pero la comprensión de esa verdad en un nivel intelectual sencillamente no es suficiente porque en la raíz de la comprensión intelectual todavía está el culpable, ¡el "comprendedor" individual! La costra individual externa tiene que ser hecha añicos antes de que la comprensión intelectual se convierta en percepción intuitiva o apercepción. Y esta costra individual sólo puede ser hecha añicos desidentificándose de la seudo-subjetividad a través de la experiencia subjetiva de la ausencia total de una entidad individual separada.



Ramesh S. Balsekar
(Un Dueto de Uno)




24 ene 2011

SÉ IMPECABLE CON TUS PALABRAS.


Mediante las palabras expresas tu poder creativo, lo revelas todo. Independientemente de la lengua que hables, tu intención se pone de manifiesto a través de las palabras. Lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras.
No son sólo sonidos o símbolos escritos.
Son una fuerza; constituyen el poder que tienes para expresar y comunicar, para pensar y, en consecuencia, para crear los acontecimientos de tu vida. Puedes hablar. ¿Qué otro animal del planeta puede hacerlo? Las palabras con la herramienta más poderosa que tienes como ser humano, el instrumento de la magia. Pero son como una espada de doble filo: pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea. Uno de los filos es el uso erróneo de palabras, que crea un infierno en vida. El otro es la impecabilidad de las palabras, que sólo engendrará belleza, amor y el cielo en la tierra. Según cómo las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas. Toda la magia que posees se basa en tus palabras. Son pura magia, y si las utilizas mal, se convierten en magia negra.
Esta magia es tan poderosa, que una sola palabra puede cambiar una vida o destruir a millones de personas. Hace años, en Alemania, mediante el uso de las palabras, un hombre manipuló a un país entero de gente muy inteligente. Los llevó a una guerra mundial sólo con el poder de sus palabras. Convenció a otros para que cometieran los más atroces actos de violencia. Activó el miedo de la gente, y de pronto, como una gran explosión empezaron las matanzas y el mundo estalló en guerra. En todo el planeta los seres humanos han destruido a otros seres humanos porque tenían miedo. Las palabras de Hitler, que se basaban en creencias y acuerdos generados por el miedo, serán recordadas durante siglos.
La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas. Las semillas son opiniones, ideas y conceptos. Tú plantas una semilla, un pensamiento y éste crece. Las palabras son como semillas, ¡y la mente humana es muy fértil! El único problema es que , con demasiada frecuencia, es fértil para las semillas del miedo. Todas las mentes humanas son fértiles, pero sólo para la clase de semilla para la que están preparadas. Lo importante es descubrir para qué clase de semillas es fértil nuestra mente, y prepararla para recibir las semillas del amor.



Fíjate en el ejemplo de Hitler: Sembró todas aquellas semillas de miedo, que crecieron muy fuertes y consiguieron una extraordinaria destrucción masiva. Teniendo en cuenta el pavoroso poder de las palabras, debemos comprender cuál es el poder que emana de nuestra boca. Si plantamos un miedo o una duda en nuestra mente, creará una serie interminable de acontecimientos. Una palabra es como un hechizo, y los humanos utilizamos las palabras como magos de magia negra, hechizándonos los unos a los otros imprudentemente.
Todo ser humano es un mago, y por medio de las palabras, puede hechizar a alguien o liberarlo de un hechizo. Continuamente estamos lanzando hechizos con nuestras opiniones. Por ejemplo, me encuentro con un amigo y le doy una opinión que se me acaba de ocurrir. Le digo: "¡Mmmm! Veo en tu cara el color de los que acaban teniendo cáncer". Si escucha esas palabras y está de acuerdo,m desarrollará un cáncer en menos de un año. Ese es el poder de las palabras.
Durante nuestra domesticación, nuestros padres y hermanos expresaban sus opiniones sobre nosotros sin pensar. Nosotros nos creíamos lo que nos decían y vivíamos con el miedo que nos provocaban sus opiniones, como de que no servíamos para nadar, para los deportes o para escribir. Alguien da una opinión y dice: "¡Mira qué niña tan fea!" La niña lo oye se cree que es fea y crece con esa idea en la cabeza. No importa lo guapa que sea; mientras mantenga ese acuerdo, creerá que es fea. Estará bajo ese hechizo.
Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente y cambian por entero, para bien o para mal, nuestras creencias. Otro ejemplo: quizás pienses que eres estúpido, y tal vez lo hayas creído desde siempre. Este acuerdo es muy difícil de romper, y es posible que te lleve a realizar muchas cosas con el único fin de convencerte de que realmente eres estúpido. "Me gustaría ser inteligente, pero debo de ser estúpido, porque si no lo fuera, no habría hecho esto". La mente se mueve en cientos de direcciones diferentes y podríamos pasarnos días enteros atrapados únicamente por la creencia en nuestra propia estupidez.
Pero un día alguien capta tu atención y con palabras te hace saber que no eres estúpido. Se ha roto todo el hechizo sólo con la fuerza de las palabras. Y a la inversa, si crees que eres estúpido y alguien capta tu atención y te dice: "Sí, realmente eres la persona más estúpida que jamás he conocido", el acuerdo se verá reforzado y se volverá todavía más firme.


Miguel Ruiz
(Los Cuatro Acuerdos)