Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


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26 ene 2013

EL SENDERO DE LA ELIMINACIÓN


 Antes de descubrir qué somos realmente, debemos empezar por descubrir lo que no somos. Si no, nuestras suposiciones seguirán contaminando toda la investigación. A esto podríamos llamarlo el sendero de la eliminación. En la tradición cristiana lo llaman la Vía Negativa, el sendero negativo. La tradición hindú del Vedanta lo llama Neti-neti , que significa «esto no, eso no». Todos ellos son senderos de eliminación, formas de descubrir lo que somos a través de lo que no somos.

Empezamos por observar nuestras ideas acerca de lo que somos. Todos tenemos muchísimas ideas de las que ni siguiera somos conscientes, así que empezamos por observas las cosas más sencillas sobre nosotros. Por ejemplo, observamos nuestra mente y nos damos cuenta de que en ella hay pensamientos. Claramente, existe algo o alguien que se da cuenta de los pensamientos. Aunque no sepas qué es, sabes que está ahí. Los pensamientos vienen y van, pero el testigo de los pensamientos permanece.

Si los pensamientos vienen y van, entonces tú no eres los pensamientos. El hecho de darse cuenta de que tú no eres los pensamientos tiene mucha importancia , pues la mayoría de la gente presume que ellos son lo que piensan. La gente se identifica con lo que piensa. Sin embargo, hasta un simple vistazo a tu propia experiencia para demostrarte que tú eres el testigo de tus pensamientos. Tú no eres lo que piensas que eres. Hay algo más primordial que observa los pensamientos.

También existen las sensaciones. Todos tenemos sensaciones emocionales. Felicidad, tristeza ansiedad, alegría, paz. Tenemos sensaciones en el cuerpo, ya sean de energía (una contracción por aquí, una apertura por allá) o el simple picor en el dedo de un pie. Existen diversas sensaciones y también existe un testigo de esas sensaciones. Existe algo que es el testigo y que toma nota de todas tus sensaciones. Así que tienes sensaciones y tienes conciencia de esas sensaciones. Las sensaciones vienen y van, pero la conciencia de las sensaciones permanece. Y aunque no tengamos que negar ninguna de las sensaciones que experimentamos, debemos saber que nuestra identidad más verdadera y profunda no es una sensación. No puede serlo, pues hay algo más primario, anterior a la aparición de las sensaciones: la conciencia de esas sensaciones.


Esto mismo se lo podemos aplicar a las creencias. Tenemos muchas creencias y tenemos la conciencia de esas creencias. Las creencias podrán ser espirituales, creencias sobre tu vecino sobre tus padres, sobre ti mismo (éstas suelen ser las más dañinas),  y sobre una gran variedad de cosas. Las creencias son pensamientos que asumimos como verdad. Todos podemos ver que nuestras creencias han ido cambiando según hemos ido creciendo, según hemos ido avanzando por la vida. Las creencias vienen y van, pero la conciencia de las creencias es anterior a las creencias; es más primaria. Entonces podemos ver fácilmente que nosotros no podemos ser nuestras creencias. Las creencias son algo de lo que somos testigos, algo que vemos, algo que percibimos. Pero las creencias no nos dicen quién es el observador; no nos dicen quién es el que las percibe. El observador o el que las percibe, el testigo, es anterior a las creencias.

Todo el mundo tiene un ego y una personalidad. Normalmente creemos que somos nuestro ego, que somos nuestra personalidad. Y, sin embargo, al igual que con los pensamientos, con las sensaciones y con las creencias, vemos que también existe un testigo de esa personalidad. Existe un ego-personalidad, llamado «tú» y también existe una observación del ego-personalidad, una conciencia del ego-personalidad. La conciencia del ego-personalidad. Por consiguiente, tu personalidad no puede ser tu naturaleza esencial más profunda. Hay algo más primario que observa tu ego-personalidad: la conciencia.

Así llegamos a nuestra conciencia. Nos damos cuenta de que existe una conciencia. Todo el mundo tiene conciencia. Si estás leyendo estas palabras ahora mismo, la conciencia es lo que las está asimilando. Eres consciente de lo que piensas. Eres consciente de lo que sientes. Así que la conciencia está claramente presente. No es algo que tengas que desarrollar. La conciencia no es algo que tengas que fabricar. La conciencia simplemente es. Es lo que nos permite saber y experimentar lo que sucede.


Adyashanti
(Meditación Auténtica)

5 may 2012

DESPERTAR: DESCUBRIR QUIÉN ERES


Antes de experimentar mi despertar final hace unos años, me había vuelto loco por la iluminación. Para estudiar zen hay que estar un poco loco. Mi maestra solía decir que "los locos son los únicos que permanecen". Una de mis locuras consistía en levantarme temprano todos los domingos(a eso de las cinco o las cinco y media de la mañana) para sentarme a meditar durante un tiempo extra antes de ir a la meditación de dos horas en grupo con mi maestra. Me sentaba a meditar en una habitación pequeña y me quedaba helado hasta los huesos.

Una de esas mañanas en las que estaba ahí sentado me sucedieron dos cosas, una después de la otra, y eran aparentemente muy paradójicas. En primer lugar obtuve la visión espontánea de que todo era uno. Lo sentí al oír el canto de un pájaro en el jardín; al oír el gorjeo, la siguiente pregunta surgió de mi interior: "¿Qué es lo que oye el sonido?". Nunca me había hecho esa pregunta antes. De pronto me di cuenta de que yo era el sonido del pájaro, y también el que oía al pájaro; comprendí que el oído, el sonido y el pájaro eran manifestaciones de la misma cosa. No puedo decir de qué, pero sí puedo decir que sólo es una cosa. Pensé que todo era muy extraño y me di cuenta de que quien pensaba era otra manifestación más de lo mismo. Me levanté y empecé a deambular por la casa buscando algo que no formase parte del Uno. Pero todo era un reflejo de ese Uno. Todo era divino. Entré en el cuarto de estar. De repente, a mitad del movimiento de un paso, la conciencia (o atención) se separó de todo, ya fuese físico, corporal o exterior.

En el espacio de un solo paso desapareció todo. Luego surgió la imagen de un número infinito de encarnaciones pasadas al menos eso parecía, en la que las cabezas formaban un fila tan larga como abarcaba mi vista. La conciencia comprendió algo así como "Dios mío, he estado identificándome con diversas formas desde hace tropecientas vidas". En ese momento, la conciencia (el espíritu) comprendió que había estado tan identificada con todas esas formas que hasta ese mismo momento se había creído que realmente era una forma.

De repente, la conciencia estaba libre de la forma y existía de manera independiente. Ya no se definía por ninguna forma, fuese ésta la forma de un cuerpo, de una mente, de una vida, de un pensamiento o de un recuerdo. Podía ver todas estas cosas pero apenas podía creerlo. Era como si alguien me hubiese metido un millón de dólares en el bolsillo y yo me lo estuviese sacando continuamente sin creérmelo del todo. Pero tampoco podía negarlo. Aunque esté utilizando la palabra "yo", ahí no había ningún "yo", sólo el Uno.

Estas dos experiencias sucedieron juntas, separadas tan sólo por unos instantes. En la primera me convertí en la Unicidad de todo y en la segunda me convertí en la conciencia (o espíritu), que se despertó completamente y salió de cualquier identificación, incluso de la Unicidad. Al ir más allá de la Unicidad, seguía habiendo uno conciencia básica, pero tenía dos aspectos diferentes: yo soy todas las cosas, y yo no soy absolutamente nada. Esto era el despertar, la realización del Ser.


Lo que sucedió después se que di un paso, un paso normal y corriente. Y me sentí como un bebé cuando da su primer buen paso y mira después a su alrededor como para preguntar si lo has visto, exhibiendo abiertamente su alegría. Así que di otro paso más y sentí algo así como "¡vaya, el primer paso!", y después di otro paso más, y luego otro, y seguí moviéndome en círculos, pues cada paso era como si hubiese dado el primer paso. Era un milagro.

En cada "primer" paso, la conciencia sin forma y la Unicidad se fundían de tal manera que la conciencia, que se había identificado siempre con una forma, estaba entonces en el interior de la forma, exenta de cualquier identificación. No veía a través de ningún pensamiento ni de ningún recuerdo de lo que hubiese sido antes, sino a través de los cinco sentidos, nada más. Libre de cualquier historia o memoria, sentía cada paso como si fuese el primero.

Entonces me vino a la mente algo muy divertido (al menos así lo sentía yo, después de trece años de práctica zen): "¡Vaya acabo de despertarme del zen!". Cuando te despiertas, te das cuenta de que despiertas de todas las cosas, incluso de las que te han ayudado a llegar ahí. A continuación le escribí a mi esposa esta extraña nota: "Feliz cumpleaños. Hoy es mi cumpleaños. Acabo de nacer". Le dejé la nota, y cuando pasé con el coche por delante de nuestra casa de camino a mi grupo de meditación, vi a mi esposa agitando la nota en la mano. No sé cómo pero supo exactamente lo que quería decir.

No le mencioné esta experiencia a mi maestro hasta pasados tres meses, pues me parecía que contárselo no tenía ningún sentido. ¿Qué necesidad tenía de que alguien lo supiese? No sentía necesidad de contárselo a nadie ni de que me felicitasen. Para mí, la experiencia era completa en sí misma. Más adelante descubrí que mi experiencia se correspondía con lo que mi maestro llevaba contándome toda la vida. Entonces comprendí que sus enseñanzas hacían referencia a este despertar. De un modo muy real, esa experiencia, que aún perdura y que todavía hoy sigue siendo la misma, es la base de todo lo que digo.

Cuando realmente empezamos a observar lo que creemos ser, nos volvemos propensos a la gracia. Comenzamos a ver que aunque tengamos diversos pensamientos, creencias e identidades, no nos dicen quiénes somos, ni a nivel individual ni colectivo. Un misterio se hace presente: nos damos cuanta de que cuando nos observamos con atención y cuidado, lo verdaderamente sorprendente es que nos definimos totalmente a partir del contenido de nuestra mente, de nuestros sentimientos y de nuestra historia. Hay muchas formas de espiritualidad que intentan librarse de los pensamientos, de los sentimientos y de los recuerdos para poner la mente en blanco, como se eso fuese un estado espiritual, o un estado deseable. Pero tener la mente en blanco no es necesariamente sabio. En cambio, lo más útil es ver a través de los pensamientos y reconocer que un pensamiento no es más que un pensamiento, una creencia o un recuerdo. Entonces podremos dejar de vincular la conciencia o el espíritu a nuestros pensamiento y a a nuestros estados mentales.

Después de ese primer paso, cuando comprendí que lo que veía a través de mis ojos y de mis sentidos era la conciencia o el espíritu, en vez de los condicionamientos o la memoria, vi que ese mismo espíritu era el que miraba a través de todos los otros ojos. Si miraba desde otro condicionamiento, daba lo mismo; era exactamente igual. Se estaba viendo en todas las cosas, no sólo en los ojos, sino también en los árboles, en las piedras y en las flores.

Lo paradójico es que cuanto más se saborea el espíritu o conciencia a sí mismo, no como pensamiento, idea o creencia, sino como mera presencia o conciencia, más se refleja en todo ese espíritu. Cuanto más despertamos nuestros cuerpos, mentes e identidades, mejor vemos que no son más que meras manifestaciones del mismo espíritu, de la misma presencia. Cuanto más comprendemos que lo que somos es totalmente atemporal, que está fuera del mundo y de todo lo que sucede, mejor comprendemos que esa misma presencia es el mundo, todo lo que sucede y todo lo que existe. Son como las dos caras de una misma moneda.

La mayor barrera para el despertar es pensar que es algo raro. Cuando se cae esta barrera, o al menos empiezas a decirte: "Realmente no estoy seguro de que sea cierta mi creencia de que el despertar es difícil", todo se vuelve accesible de forma instantánea. Como esto es lo único que existe, no puede ser raro ni difícil, a no ser que insistamos en que así sea. La base de todo esto no es teórica, sino experimental. A mí no me lo enseñó nadie, y nadie podrá enseñártelo a ti.

Lo más bonito del despertar es que cuando dejas de reaccionar a tus condicionamiento, la sensación del "yo" que estaba viviendo esta vida deja de existir. La mayoría de la gente está familiarizada con la sensación de un yo que vive esta vida. Pero cuando vamos más allá, la experiencia nos muestra que el amor es lo que hace que esta vida funcione realmente, y ese amor está en todo el mundo, todo el tiempo. Cuando intenta abrirse camino entre tus cosas personales, este amor se disipa, pero sigue ahí. Nadie es dueño de este amor. Todo el mundo es, en esencia, la manifestación de este amor.


A lo largo de tu vida habrás experimentado ocasiones, conscientemente o no, en las que te hayas olvidado momentáneamente del "yo" con el que te habías identificado. Esto puede ocurrir espontáneamente ante una hermosa vista, o cuando olvidas el ego. La gente normalmente pasa por alto estos momentos. Después de experimentar el "momento agradable", volvemos a construir nuestra sensación habitual de identidad. Pero estas oportunidades son, de hecho, pequeñas mirillas a través de las cuales puedes experimentar la verdad. Si te pones a buscarlas, las detectarás. De repente, la mente dejará de pensar en su historia. Tal vez percibas que tu identidad o tu sensación del yo separado se toma un descanso, y lo que tú eres de verdad no desaparece. Entonces te preguntas: "¿Quién soy realmente?. Si mi identidad puede tomarse un descanso y yo no desaparezco, ¿Entonces quién soy?", o mejor: "¿Qué soy cuando desaparezco?".

La mente suele activarse ante la pregunta de "¿quién soy?". Se pone a darle vueltas hasta que surge la verdadera inteligencia y dice: "Espera un momento, eso no es más que pensamiento". Quizá percibas entonces un espacio de tranquilidad entre los pensamientos y, si estás muy presente en ese espacio, dejarás de funcionar con tu identidad habitual. En cuanto la identidad entre en ese espacio, dejarás de sentirte presente. No ser nadie suele ser tan desconcertante para la mente que enseguida se pone a llenar ese espacio. "¿Cómo puedo no ser nadie?" Pero llenarlo con alguien no tiene ningún sentido. Si quieres saber quién eres realmente, experimenta simplemente el espacio, experimenta la apertura y deja que florezca en tu interior. Es la mejor manera de descubrir quién eres.

De este modo, la espiritualidad no sólo se vuelve real, sino también aventurera y divertida. Te preguntarás: "¿Esta apertura, esta presente -como quiera que la llames- es lo que soy?. Empezarás a sentir que estás llegando a algo que no es fruto de la creación de ningún pensamiento, idea o fe. Y cuando comiences a asimilarlo y percibas esta mera conciencia que está libre de toda identidad, te parecerá alucinante. El zen lo denomina lo no creado; es la única cosa de tu alrededor que no ha sido creada por tu mente.

En la Biblia hay una parábola maravillosa que dice que es mucho más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos. Si intentas aferrarte a tus identidades, por muy espirituales y santas que sean, es como si intentases pasar un camello por el ojo de una aguja. Tus identidades son demasiado vastas, demasiado grandes, demasiado falsas, demasiado elaboradas como para entrar en la verdad. Pero existe algo que puede pasar por el ojo de la aguja más pequeña. El espacio, tu propia nada, podrá pasar directamente al cielo. Nadie podrá llevarse consigo la más mínima pizca de identidad.

El cielo es la experiencia de entrar en nuestra propia nada. Comprendemos nuestra propia conciencia pura y vemos que somos espíritu puro, sin forma. Reconocemos que el espíritu sin forma es la esencia, la presencia  animada de todas las cosas. Esto es el cielo, pues el espíritu y la esencia están ocupando nuestro cuerpo a cada paso. Éste es el verdadero significado de volver a nacer. Volver a nacer no es sólo una gran experiencia emocional de conversión religiosa. Aunque sea agradable, eso no sería más que cambiarse de ropa. Volver a nacer es nacer otra vez, no ponerse ropa espiritual nueva. Para ser más precisos, antes de nacer comprendemos que la nada eterna es lo que está viviendo esta vida a la que llamamos "mi vida".

Pero comprender esta verdad y despertar espiritualmente no significa que la buena fortuna crezca sin fin en tu vida. Ésa no sería la paz que supera todo entendimiento. Cuando nos sentimos bien en la vida, tener paz es fácil. Pero la vida sigue su ritmo, como un océano en movimiento. Las olas serán altas o pequeñas, pero el océano será igual de sagrado y, como tú no eres nadie, nada te puede hacer daño. La paz que supera el entendimiento reside en esta conciencia, pero tu vida no irá necesariamente mejor. Tal vez se limite a seguir su ritmo, fluyendo simplemente, sin más. A ti te dará igual.


Adyashanti
(La Danza Del Vacío)



7 feb 2011

ESCAPISMO


Muchas personas me dicen que están cansadas de este mundo y que quieren encontrar una salida. Ésta parece ser una situación muy común, y puede tomar forma en una búsqueda del Cielo y en el seguimiento de unos ideales religiosos o espirituales. Es decir, si sigues ciertos mandamientos, aceptas a cierto dios y confías plenamente en ciertas creencias, entonces cuando mueras te salvarás e irás al Cielo. De esta manera, el sueño continúa. En la mayoría de la gente el escapismo parece ser la regla de vida.

Son muchos los problemas que provoca este tipo de pensamiento. Si la persona llegara a comprender cuál es la causa original de los problemas que la aquejan y que afectan profundamente a su relación con la vida, dejaría de buscar un escape. Vería que no hay escape posible para este ego que intenta encontrar algo más allá del infierno que hemos creado en este precioso planeta. Los problemas a los que nos enfrentamos son creados por el hombre. Después, la misma mente que creó los problemas quiere una salida. Si eso fuera posible y hubiera un Cielo al que ir, también allí crearíamos un infierno, pues nosotros somos el problema. Únicamente a través del despertar seremos capaces de enfrentarnos al infierno que hemos creado.

Si crees que la reencarnación te salvará, piénsalo bien. Ni siquiera sabes a ciencia cierta si existe eso que llamamos reencarnación. También podría ser un sueño. Pero supongamos que es verdad. En ese caso, tendrías que poder saber quién fuiste en vidas anteriores. ¿Lo sabes? Si no es así, ¿de qué te sirve la reencarnación? Si cada vez que renaces descubres que ignoras tu propia historia, da igual que la tengas o no. Y no estoy diciendo que no exista la reencarnación. Esa no es la cuestión. La cuestión es: ¿de qué te sirve?

Además, si has llegado a entender la identidad del ego, sabrás que es un sueño creado por la evolución del pensamiento. Sabiendo esto, es evidente que lo único que pasa de una vida a otra es un sueño. Basamos en un sueño una parte demasiado grande de nuestras vidas. Ahora el sueño se quiere marchar. Pero ¿adónde podría ir un sueño? ¡Despierta! Contempla la vida tal como es. Cuando lo hagas, verás que estamos en el Paraíso más maravilloso que podría existir. El mundo natural es un sitio perfecto para vivir y nosotros somos eso. Sin embargo, en nuestra ignorancia le hemos hecho un gran daño y, si continuamos así, podríamos acabar destruyéndolo.

Deja de tratar de hallar una salida. Deja de buscar a alguien que te salve. Deja de creer en cualquier sistema de creencias que te lleve fuera de este momento y de este maravilloso planeta. Acaba totalmente con las creencias. Oigo a la gente decir: "Necesitamos creer en algo". ¿Por qué? ¿Qué han hecho las creencias por el mundo? Precisamente son las creencias enfrentadas unas a otras las que han provocado todas las guerras. No necesitamos creencias para vivir una vida sensata. Es la creencia de que existe otro lugar a donde ir la que nos hace sentir que podemos escapar, y aquello que eres realmente no va a querer escapar.


Photo by Guillem.


Uno de los principales problemas de intentar escapar es que disminuye nuestra capacidad para cambiar la dirección que hemos tomado, una dirección en la que -de seguir así- terminaremos destruyendo nuestro planeta y a nosotros mismos. En una ocasión oí a unos jóvenes cristianos hablar de los problemas ambientales que tenemos. Uno de ellos dijo: "En realidad no tenemos que hacer nada al respecto, porque cuando Jesús vuelva lo arreglará todo". Y todos estuvieron de acuerdo. ¡Qué disparate! Pueden esperar hasta que la luna se convierta en queso y no verán el regreso de Jesús. Tenemos que dejar de buscar a alguien que nos salve de nosotros mismos. Estamos aquí, tenemos problemas muy serios a los que enfrentarnos y, si no lo hacemos, pronto ya no tendremos un lugar donde vivir.

En la actualidad hay demasiados supuestos maestros espirituales que están llevando a sis discípulos por el mal camino diciéndoles que todo está perfectamente tal como está. ¡Despierta! Esas creencias son tan absurdas como cualquier otra creencia religiosa. Ellos intentan mostrar a sus alumnos un camino en el que se sientan en paz. Pero ese camino no es más que una evasión. Los discípulos se tragan este mensaje de que todo ya está perfectamente, se sienten más a gusto y hasta se ponen eufóricos. Luego empiezan a caminar dormidos, creyendo que están iluminados.

En mi propia experiencia, he visto que más allá de este mundo hay un estado del ser que está completamente libre de cualquier manifestación. Pero esa percepción no cambia las cosas aquí. No hace que la vida sea mejor para los humanos y para todas las demás criaturas que tienen la suerte de vivir en este maravilloso planeta. Además, en dicho estado no hay ni "yo" ni "tú", de modo que "tú" no puedes escapar hacia él.

Deja de intentar encontrar una salida. Mejor averigua qué eres y libérate de este sueño. Y cuando seas libre, pregúntate entonces si quieres escapar. No querrás hacerlo, porque no habrá nadie para desearlo. La vida es maravillosa en todas sus expresiones. Y nosotros somos esa Vida. No necesitas convertirte en nada, ni ir a ninguna parte. Simplemente, despierta a lo que siempre ha sido y siempre será.


Melvyn Wartella
(Ego, Evolución E Iluminación)


11 nov 2010

DIOS


Dios. Cuánto poder le hemos dado a esa palabra. Hemos matado por ella, hemos sentido una gran culpa por ella, hemos sufrido enormemente por ella y demasiadas personas han muerto por ella. El significado de la misma palabra puede cambiar bastante de una cultura a otra y de una persona a otra. Pero ¿qué es en realidad? No la palabra, sino la cosa en sí misma.

La mayoría de las personas que viven en el mundo afirma creer en eso llamado Dios. Si no durante sus vidas, al menos al final de ellas, cuando luchan por seguir respirando. ¿Realmente existe ese Dios en el que tanto confiamos? ¿O es una creación de la mente humana provocada por nuestro estado de inseguridad?

Esta idea de Dios tiene una historia, un comienzo. Me dirás que Dios siempre ha existido y existirá eternamente. Pero mira la realidad y te mostrará una imagen muy distinta. No hace tantos años, los seres humanos creían en varios dioses. En la actualidad decimos que eran sólo ideas, creencias y conceptos de seres ignorantes, supersticiosos y primitivos. ¿Somos distintos nosotros? Luego llegó un puñado de personas y dijeron: "No, sólo hay un Dios y su nombre es Jehová". Pero ¿acaso es esto más real que las versiones anteriores de ese mismo concepto?

Decimos amar a Dios, pero Dios es insondable. Entonces, ¿a quién, o qué, amas? ¿Amas la idea de Dios? No has visto a Dios, de modo que ¿cómo sabes que está ahí? Ah, claro, ves señales de Dios por todas partes, pero ¿se trata de Dios o es simplemente la vida? En realidad no conoces a Dios, ¿no es verdad? Sólo crees en la idea de Dios. Es más una esperanza que una realidad. Sin embargo, esa esperanza nos ha mantenido ciegos y bajo el control de quienes afirman conocer a Dios mejor que nosotros. Ellos no saben nada. Están tan perdidos como tú respecto a qué es en realidad esta idea de Dios.

Entonces, ¿qué es lo que conoces realmente? ¿Te conoces a ti mismo, o a ti misma? ¿Sabes algo con certeza? ¿Cuál es el proceso de conocer? ¿Conocer es lo mismo que creer? ¿Una creencia es alguna vez real? ¿O es sólo algo que nos hace sentir cómodos en un mundo que está, claramente, desquiciado? ¿Piensas profundamente en las cosas? Si es así, ¿qué es lo que realiza el acto de pensar? O, mejor dicho, ¿quién es el que realiza el acto de pensar?

La mayoría de nosotros, en realidad, no pensamos. Aceptamos algo de acuerdo con nuestro condicionamiento y luego decimos creer. Naces, tus padres te dicen quién eres y lo que eres. Vas a la escuela y te cuentan la historia de acuerdo con las creencias culturales de tu sociedad. Asistes a la escuale dominical, te hablan de Dios y te cuentan toda la historia de tu sistema de creencias. La mayoría de vosotros nunca se ha parado a pensar realmente si todo eso es verdad. El mero hecho de que la gente haya estado creyendo en algo durante mucho tiempo no lo convierte en verdad. Sin embargo, nos pasamos la vida pensando que esas cosas deben ser ciertas. "¡¡Está escrito!!" ¿Y qué? Averigua con certeza quiénes escribieron todo aquello en lo que crees y si realmente sabían algo más que tú. ¡Piensa! Deja libre a tu mente y reflexiona profundamente sobre todo esto. No te preocupes, Dios no te hará nada por cuestionarte las cosas.

¡No se parece muchísimo este asunto al de Santa Claus? De niños, nos mentían acerca de ese tipo que nos traía regalos si nos portábamos bien y que sabía si eras bueno o no lo eras. Por lo tanto, más te valía ser bueno. ¿Dónde está la diferencia entre tu Dios y Santa Claus?

Dios es un concepto creado por el ego para sentirse más seguro. El ego es el concepto, la creencia de que , de algún modo, estás separado del resto de la vida. Esto provoca un estado de inseguridad profundamente arraigado. Por consiguiente, a partir de ese estado de inseguridad creamos a un ser superior que nos protegerá y nos amará. Un dios que tiene un hogar que nos está esperando después de la muerte, si creemos en él. Si no hay ningún ego, no hay ninguna necesidad de dios. Y no hay ningún ego. El ego también es un sueño, un concepto, una creencia. Sin embargo, es nuestro sentido de la identidad. Nos identificamos con nuestras creencias condicionadas y luego las protegemos, como si fuesen reales. Pero no son reales, como tampoco lo es tu dios.

Ahora bien, algunos de nosotros tenemos una idea más amplia de lo que es Dios. Vemos que Eso, Dios, es la totalidad de la creación, tanto manifestada como potencial. Esto es mucho más sutil y exacto. Proviene de un nivel de percepción mucho más libre. Si uno está más allá del ego ilusorio, las palabras utilizadas para expresar este estado superior pueden ser muy exactas. Pero si se trata sólo de un nivel más sutil de creencias, no es mucho mejor que el antiguo concepto de Dios. La realidad no necesita a ningún dios. No necesitamos a un dios que sea bueno. Si estamos despiertos, somos buenos por naturaleza, no por Dios.

Cuando uno entre profundamente en lo que es y llegue al abismo del no saber, y ya no se aferre a nada, entonces caerá en la Vida. No sólo no necesitará palabras para expresarlo, sino que verá claramente que Eso, la Vida, no puede ser expresado de ninguna forma. No hay ninguna necesidad de expresar lo que uno es. Simplemente con respecto a lo que te está ocurriendo en cuanto ser vivo llamado "tú". Ésta es la libertad. Ésta es la Vida. Éste es el Amor. Está aquí mismo, en este momento, ahí donde tú te encuentras. Eres tú.




Dios, la idea de dios, ha matado a millones de personas a lo largo de la historia. Si no fuera tan trágico, sería gracioso. Toda esa gente muriendo por una idea, por un sueño creado por otro sueño: el ego. ¿Durante cuánto tiempo seguiremos estando ciegos? ¿Cuantas personas más tendrán que morir antes de que despertemos? ¿Cuántas culturas serán destruidas en nombre de DIOS? ¿Cuánto más será destruido el medio ambiente por la gente que cree que realmente no importa, porque todos iremos al Cielo cuando todo esto acabe? ¿No es esto una locura? Solamente el ego-mente podría haber creado una distorsión tal de la realidad y después llamarla "El Amor de Dios".

Tienes lo que hace falta, sin la ayuda de Dios, para despertar. Más allá del ego ilusorio, está la sabiduría. Ése es tu verdadero ser. Puedes seguir soñando y evitando la realidad o puedes enfrentarte a ella y empezar a hacerte algunas preguntas. Si tu intención es encontrar la verdad, la encontrarás. Pero si lo único que buscas es un poco de consuelo de esa locura que hoy llamamos nuestras vidas sólo encontrarás más sueños.

Basta con mirar un poco a nuestro alrededor para ver que, verdaderamente, estamos locos. Esto sólo lo pueden cambiar las personas que se interesen profundamente por la vida y la verdad, y que hacen lo que pueden por despertar. Uno a uno, podemos ir despertando y podemos ayudar a otros a despertar. Si no lo hacemos, hay pocas esperanzas para la vida en este maravilloso planeta.


Melvyn Wartella
(Ego, Evolución E Iluminación)

6 ago 2010

DIOS POR TODAS PARTES


En vano buscas a Dios porque Lo tienes delante de ti, dentro de y siendo las cosas de este mundo. Alarga tu mano: ahí está la mano de Dios. Mira tus piernas: son las piernas de la divinidad. Ese pájaro que se acaba de posar en esa rama, ¿de verdad crees que eso no es manifestación de Dios?

¡Mira! ¡Mira a tu alrededor! ¡Dios está en todo! Un Dios que no esté en todo es un Dios pequeño, un Dios de la mente, un Dios de creencias, religiones, pensamientos. ¿Acaso eso no se llama idolatría? ¿Acaso no se trata de un mero ídolo fabricado por la mente, fabricado por el hombre?

¡Deshazte de todo eso! Deshazte de todas las religiones, regresa a este momento y contempla al Dios que llevas buscando toda tu vida. Regresa al Ahora constituye la verdadera adoración, la verdadera oración, la verdadera meditación, la verdadera fe, porque sólo a Dios se Le puede ver, sentir, oír y experimentar ahora. ¿Sientes cómo respiras? ¿No es Dios el que respira a través de ti? ¿Sientes cómo te palpita el corazón dentro del pecho? ¿No es eso obra de Dios? ¿De verdad necesitas un futuro para poder encontrarlo? ¿No está contigo ahora mismo? ¿No te está mirando directamente a los ojos?


San Agustín
(Dios Me Es Más Íntimo Que Yo Mismo)


29 abr 2010

ASHTAVAKRA



PERCEPCIÓN INTUITIVA

Las palabras "Mantener relajado dentro de la Consciencia" conforman la verdadera base de la enseñanzas de Ashtavakra. Él no prescribe una serie de prácticas o disciplinas. Todo lo que es necesario para que ocurra la iluminación es una clara comprensión, aunque en una dimensión muy distinta a la comprensión intelectual. Lo que provoca la comprensión intelectual es la creencia en lo que es comprendido, pero una percepción intuitiva está basada en la fe. La comprensión intelectual -la creencia- está basada en la argumentación, la lógica, el esfuerzo y el conflicto. La percepción intuitiva -la fe- está basada en cierta inevitabilidad ineludible, una aceptación relajada de Lo-Que-Es, totalmente libre de cualquier duda u opinión. (...)

"Fe" no significa necesariamente un conflicto con la razón o un sustituto para la misma. Significa únicamente el no excluir la posibilidad de la existencia de ciertos niveles de realidad, más allá de las percepciones puramente sensoriales. La fe es el poder que es capaz de provocar la apercepción espontánea de la verdad. La fe reconoce intuitivamente el sonido de la verdad y abre el "ojo del corazón" para que pueda apercibir la Verdad.


Ramesh S. Balsekar
(Un Dueto de Uno)


21 mar 2010

EL CONOCIMIENTO

EL CONOCIMIENTO SIEMPRE ESTÁ EN EL TIEMPO

El otro día, una amiga me contó que había tenido una revelación al darse cuenta de que en realidad ella no podía saber nada. Esto es muy cierto. Utilizamos el conocimiento como si fuese una realidad; sin embargo, el conocimiento nunca puede ser lo que Es.

Claro, en cada uno de estos ensayos se utiliza el conocimiento. Las palabras son sólo palabras y forman parte del conocimiento, pero lo que aquí se intenta es apuntar a la realidad que está entre las palabras y antes del conocimiento.

Si pudiéramos simplemente abandonar todo conocimiento y ver directamente lo que tenemos delante de nosotros, entenderíamos la vida. No "conoceríamos" la vida, sino que la entenderíamos, lo cual significa convertirnos en ella.

Ver lo que sucede, tanto interior como exteriormente, es ser la Esencia de lo que Es. Tenemos una experiencia y luego la recordamos, convirtiendo lo real en una mentira. El conocimiento siempre está en el tiempo. Es historia, y la historia no puede ser la Vida Misma.

Todos nuestros dioses, nuestras creencias, nuestra nacionalidad, raza, historia familiar y todo lo demás que hay en nuestras vidas son conocimientos.

Cuando era niño y miraba a la gente que había a mi alrededor no sabía quiénes eran. Ni siquiera tratándose de mis padres. El cerebro tenía que dar marcha atrás y ponerse un poco más torpe para acceder al conocimiento y saber quiénes eran. En la escuela si el profesor escribía algo en la pizarra y nos pedía que prestásemos atención, mi mente sólo veía el contraste entre blanco y negro. No había ningún conocimiento. Por este motivo, me resultaba muy difícil hacer los trabajos de la escuela y los maestros creían que simplemente era un holgazán, o poco inteligente. Huelga decir que suspendí en todos mis primeros años de escuela; sin embargo, aprendí algo más importante. Aprendí a ver más allá de los conocimientos, a ver el interior de cualquier cosa en la que centraba la atención. Eso, con el tiempo, me proporcionó una auténtica libertad.

Sólo podemos ver una cosa realmente cuando la vemos por primera vez. La segunda vez que la vemos, lo hacemos a través de los conocimientos que tenemos de ella. Estos conocimientos sepultan a esa cosa bajo un montón de ideas. Decimos que conocemos a esta o aquella persona, pero la gente siempre está cambiando. Si creemos que una persona es de cierta manera, basándonos en la historia que conocemos de ella, perderemos de vista la maravilla que está teniendo lugar bajo la forma de ese ser. El hecho de que estemos fuera de sincronía con la realidad del otro puede llevar a conflictos.

Cuando nos enamoramos de alguien creemos que será para siempre. Luego, con el tiempo, ese amor se empieza a desvanecer. Y se desvanece debido a nuestro conocimiento de esa persona. Ya no estamos viendo a la persona directamente. Vemos una historia, con toda una serie de pequeños sufrimientos y malentendidos. Así, tomamos a un ser vivo y lo convertimos en tiempo, en historia.


Necesitamos utilizar el conocimiento para conseguir que se haga algo en el mundo. Lo necesitamos para construir cualquier cosa, para funcionar en nuestra vida cotidiana. Pero también debemos comprender los límites del conocimiento. Dejemos que ocupe su lugar como una herramienta útil. No permitamos que gobierne nuestras vidas.

Como dije antes, en todo lo que está escrito aquí hay conocimiento. No es la verdad de las palabras lo que tiene significado, sino la realidad de la que emanan. Espero que los lectores perciban que sólo estamos apuntando hacia la Realidad. Las palabras no os llevarán a ella y nunca pueden expresar lo que es real. De hecho, ya estás en la Realidad.

El amor no está en el tiempo. Está directamente en este momento. La vida no está en el tiempo. No podemos conocer la vida. Para que la Vida sea, debemos estar completamente presentes con relación a ella. Sólo entonces podremos comprender aquello que es anterior a toda la historia, a todas las ideas y a todos los condicionamientos. Cuando nos damos cuenta de que nunca podremos conocer realmente nada, entonces ser instala en nosotros un estado de serenidad, una quietud del Corazón. En los niveles más profundos de esta revelación, se pierde toda separación. Sólo existe Lo Que Es. Sea lo que sea, está bien; estamos en paz. Somos el Único Ser de todo lo que existe. Y ese Ser no necesita ninguna explicación, ninguna historia y está más allá de todo condicionamiento.



MELVYN WARTELLA (Ego, Evolución e Iluminación)


10 mar 2010

EL FINAL DE LA ESPIRITUALIDAD

ABSOLUTA VACUIDAD


Después de meses y meses de cuestionamiento intensivo, de meditación de muchas otras prácticas de la llamada "autorrealización " (como las enseñadas por Ramana Maharshi, J. Krishnamurti y Nisargadatta Maharaj, por nombrar sólo unas pocas), creí haber visto, de una vez por todas, a través del "yo". Hubo experiencias espirituales extraordinarias, una sensación de paz muy profunda, largos períodos sin pensamiento, lágrimas y cosas de lo más ordinario (como sillas, mesas, árboles, gatos...).

Entonces llegué a creer -aunque no lo considerase una creencia, sino la realidad misma- que estaba iluminado y que los demás no lo estaban. ¿Pero lo cierto es que eso no era más que otra creencia!

Y también llegué a creer que, de algún modo, yo era especial.

Pero esa creencia no pudo sostenerse durante mucho tiempo. Ninguna creencia puede hacerlo.

Al cabo de un tiempo, vi a través de esa idea de iluminación personal exclusiva y llegué a creer que alguien se había iluminado, pero que las demás personas todavía no lo habían "advertido". Y entonces me convencí de que tenía la obligación de informar a los demás de ese secreto para acabar, de ese modo, con su sufrimiento.

Sin embargo, la mente tampoco se salió entonces con la suya, porque no tardé en darme cuenta de que nadie puede "iluminarse" nunca, y de que ésa no era más que otra creencia. ¿No consiste acaso la iluminación en ver a través de todas las creencias?

Y ésa era también otra creencia.

¡Entonces me di cuenta de que todo era un pensamiento, una creencia, mente! ¿Cómo podemos saber algo? ¿Y cómo podemos, si tal cosa no es posible, saber eso?

¿Cómo podía, si estaba iluminado, saberlo? ¿Cómo pueden, quienes afirman haber alcanzado la "liberación" o "ver a través de todas las creencias", saberlo? ¿En qué se basan para fundamentar tales afirmaciones? ¿No son la "iluminación y la "liberación" meras palabras, creencias y conceptos?

No había modo alguno de escapar de eso. Estaba atrapado en el círculo cerrado de las creencias. Poco importaba lo que creyera que alguien o nadie había "visto", "observado" o "comprendido" (porque lo cierto es que había conectado con el lenguaje de la no dualidad), porque eso seguía siendo pensamiento, separación, lenguaje y búsqueda. Estaba atrapado en un círculo vicioso y violento del que no había modo de escapar.

Y también hubo una gran frustración, un agotamiento y una desesperación profunda y oscura sobre la naturaleza ridícula y absurda de la búsqueda espiritual.

Y, en medio de toda esa desesperación, algo se reveló.


Durante esos días, la búsqueda murió. No sé cómo ni por qué, pero así fue.

¿Qué es entonces lo que queda?

La respiración.

los latidos del corazón.

las sensaciones corporales.

La ensalada de atún.

El crujido de las hojas de lechuga.

El difuso olor de atún.

El tenedor subiendo... Arriba, más arriba, todavía más arriba... ¡Crunch!

Sin nadie que lo poseyera y sin nadie que lo entendiera. Sólo esto.

Flotando en la nada y bañado en la vacuidad, pero total y absolutamente pleno. ¡Y más allá de todas esas palabras y más allá de cualquier pensamiento que alguien pudiese tener, está ese tenedor que innegablemente vuelve a subir... y que ya llega a la boda! ¡Y el masticar de los dientes! ¡Crunch!

Y este ¡Crunch! pone punto y final a toda espiritualidad.

Antes de la iluminación, ¡Crunch!, ¡ensalada de atún!

Después de la iluminación, ¡crunch! ¡ensalada de atún!

Pero, obviamente, no hay antes ni después, como tampoco hay iluminación. Ésas no son más que meras historias.

Jeff Foster (Más allá del despertar)

3 mar 2010


EL FINAL DE LA BÚSQUEDA


El mensaje es tan sencillo, tan evidente y tan presente que nuestra mente jamás podrá alcanzarlo. Ese mensaje afirma simplemente que
no hay nada que "alcanzar"...
¡y que la misma idea de que hay algo que alcanzar es la que moviliza todos nuestros esfuerzos! Observa cómo la mente trata de entender este punto, observa cómo da vueltas en círculo, comparando y contrastando este mensaje con miles de millones de otros mensajes, y entonces te darás cuenta de los mil millones de formas en que alienta la búsqueda.

Pero la buena noticia es que esa búsqueda es una mera creencia, un simple pensamiento... y que, al no tener más realidad que una apariencia, no es precisa ponerle fin. Cualquier intento, dicho de otro modo, de acabar con la búsqueda no hace sino perpetuarla...

Sencillo y evidente: el despertar es precisamente esto, aquí y ahora; la vida tal y como realmente es.

Por más paradójico que pueda parecerle a la persona atrapada en el autoperfeccionamiento, no hay, ni nunca hubo, nada que alcanzar. La búsqueda ya ha concluido.

Jeff Foster (Más allá del despertar)

29 ene 2010

LA VIDA ES UN JUEGO


Esto es lo único que existe, aunque nos pasemos la vida buscando algo más, de mil y una formas distintas.


Y esto, ¿qué es?

Visiones del presente, sonidos del presente, olores del presente, pensamientos del presente... Recuerdos del pasado desde el presente, ideas en el presente de lo que pueda traer el futuro... Deseo presente de una solución definitiva a los problemas, de placer permanente, de felicidad permanente... Ideas en el presente de mí mismo, de mis logros y mis fracasos, de lo difícil que ha sido mi vida y de todos mis problemas... Respiración en el presente, el corazón que late en el presente, facturas de gas amontonadas en la mesa de la cocina en el presente, el maullido del gato en el presente, los gritos de los niños en la calle en el presente, dolor en el pecho en el presente, anhelo en el presente por algo más que esto, sensación de frustración en el presente por no acabar de conseguirlo, deseo en el presente de liberarme de todo esto definitivamente...

Fíjate en cómo juegan los niños: para ellos -o al menos ésa es la sensación que da-, la vida es un juego, un gigantesco parque infantil en el que todo es fascinante, y no dan la impresión de desear escaparse de la vida y de todos sus problemas, de ascender a alguna dimensión superior o más espiritual. Sin embargo, al parecer, los adultos nos pasamos mucho tiempo intentando escabullirnos del juego de la vida y de todo el sufrimiento que entraña, inevitablemente, el hecho de ser una "persona del mundo". Las formas de evasión más habituales, son la bebida, las drogas, el sexo, el dinero y la meditación.

Como es obvio,gran parte de la espiritualidad tanto tradicional como contemporánea se dedica en gran medida a satisfacer ese mismo deseo. No obstante, lo que se consigue al tratar de saciar dicho deseo es reforzar la idea de que, efectivamente y para empezar, existe un individuo que desea evitar el sufrimiento.

Se sugiere la posibilidad de que quizás lo único que exista sea la apariencia de la vida en el momento presente, sin un individuo en su núcleo que no consigue evadirse por mucho que quiera. En efecto, el individuo es una simple apariencia más en el juego, no es algo que necesite ser aceptado o rechazado, ni trascendidos o negado, sino algo que aparece junto con todas las demás visiones, sonidos, olores, pensamientos y sentimientos.

Este mensaje es muy sencillo, muy evidente. El individuo -el buscador, el sufridor, el fabricante de candelabros- sencillamente aparece como un personaje más en el teatro de la vida y, con él, puede que surja el deseo de evadirse de la vida, lo cual no es más que otra simple apariencia, otro personaje más de la narración.

Y todo esto es perfecto, sin necesidad de que nadie lo acepte o lo rechace, lo trascienda o lo niegue. No hay ningún inconveniente en sufrir, no hay ningún inconveniente en buscar algún tipo de iluminación o liberación espiritual precisamente porque, para empezar, el individuo no existe. "Una persona como núcleo de todo" sólo es otra apariencia, otra creencia, otro papel del guión.

Pero no me malinterpretes: no estoy diciendo que debamos desentendernos de nuestras creencias. No hay ningún inconveniente en tener creencias porque, además, la necesidad de destruirlas o trascenderlas sería, simplemente una creencia más. Por esta razón, lo que digo, no aportará al individuo -es decir, a tí- ninguna creencia nueva ni tampoco intentará destruir ninguna de las creencias que tenga en la actualidad. Para que exista la liberación, no hace falta negar ni rechazar nada porque, en este preciso momento, al tiempo que la vida continúa, la liberación ya existe desde siempre y todo lo que hagamos para alcanzarla es sencillamente una insensatez aunque, eso sí, una insensatez perfectamente aceptable.

Ahora mismo no hay nadie aquí que dirija este espectáculo, ahora mismo no hay nadie aquí que sufra, ahora mismo no hay aquí nadie que anhele liberarse. Lo único que existe es la apariencia de todo eso en el presente. Simplemente esto, nada más. ¿Es tan sencillo, es tan evidente!

El corazón late, pero no eres tú el que lo hace latir. La respiración sucede por sí sola y no eres tú el que la causa. Se oyen sonidos en la habitación, pero no eres tú quien los produce. Se sienten dolores, pero no eres tú quien los causa.

La alegría surge sin que tú lo puedas evitar.

El sol sale y se pone; las flores brotan, se marchitan y mueren; pero tú no estás a cargo de todo este mundo onírico. El juego de los opuestos se representa por sí solo y hay un silencio indetectable que lo abarca todo continuamente y que permite que todo surja exactamente tal y como es.

La totalidad del mundo brota en este espacio vacío, en esta inmensidad sumamente desprovista de toda individualidad y solidez, pero que abraza la individualidad y la solidez como una madre abraza a su recién nacido.

El secreto está ahí, en el latido de tu corazón, en tu respiración, en las visiones, en los sonidos y en los olores que se manifiestan justo donde estás, ahora mismo.

El secreto está aquí. ¿Lo ves?

Además, parar liberarse no hace falta ni reconocer nada lo dicho hasta el momento ni comprenderlo intelectualmente, a diferencia de lo que nos suelen decir los maestros espirituales. No es necesario comprender ninguna de estas palabras. No hay nada que "recibir", nada que trascender, nada que alcanzar. No comprenderlo, no "cogerlo", no lograrlo no son más que apariencias en el juego de la vida ni mejores ni peores que lo contrario. Y todos los pares de contrarios quedan resueltos en esto.

Más allá de las creencias o de la usencia de éstas, más allá de todo lo que puedan afirmar las palabras, más allá de todo lo trascendente, siempre existe esto, ahora y siempre.

Jeff Foster (LaVida Sin Centro)