Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


Mostrando entradas con la etiqueta Ausencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ausencia. Mostrar todas las entradas

17 oct 2011

EL PESCADO CON PATATAS FRITAS Y LA TAZA DE TÉ


Todo, en este mundo onírico, se mantiene en un estado de equilibrio perfecto. La persona deprimida encuentra, vaya adonde vaya, un mundo deprimente; la persona temerosa también encuentra, vaya adonde vaya, un mundo temible, y el buscador siempre encontrará maestros que nutran y alimenten su búsqueda.

De hecho, el maestro necesita tanto al discípulo como éste le necesita a él. El discípulo desempeña, en el mundo del maestro, una función semejante a la que el maestro cumple en el mundo del discípulo. Cumple con una necesidad. A fin de cuentas, el maestro no puede conocerse a sí mismo como tal a menos que, de algún modo, utilice al discípulo para crear y mantener esa identificación. Por ello se aferran uno a otro con tanta intensidad.



En el mundo onírico, en el esfuerzo por ser una persona, en el intento de ser alguien en lugar de nadie, en el intento de que nuestra vida funcione, siempre tropezamos con nuestro propio reflejo.



¡Son tantas las cosas que nos prometen los maestros! Nos prometen un evento futuro llamado iluminación, despertar o algún tipo de cambio o modificación de la percepción que jamás podemos obtener ni dejar de obtener.

No obstante, con la desaparición de la crispación sobre uno mismo -y de la correlativa contracción del espacio del mundo en que se mueven maestros y enseñanzas- se pone de manifiesto una gracia que no tiene nada que ver con acontecimientos futuros, con experiencias espirituales, con cambios perceptivos, con transformaciones de conciencia o con cualquier cosa que los maestros del sueño puedan ofrecernos. Y eso es sorprendentemente ordinario, tan ordinario como tomarse una taza de té y comer pescado con patatas fritas. Pero aquí no hay nadie tomándose una taza de té ni comiendo pescado con patatas fritas. Sencillamente se bebe una taza de té y se come pescado con patatas fritas. Es como si la taza de té se bebiera a sí misma y el pescado con patatas fritas se comiese a sí mismo. Esto es lo más próximo a la verdad que podemos decir con palabras.

Photo by Guillem.



Está completamente más allá de lo que podríamos esperar. Y no es algo que aparezca de nuevo, sino la revelación de algo que ya estaba ahí, de algo que, por más oculto que parezca, se hallaba siempre delante de nosotros. La vida ordinaria siempre ha estado revelándonos sus secretos. El pescado con patatas fritas y la taza de té -y también, por supuesto, la mierda de perro que acabamos de pisar- siempre han sido guiños del Amado invitándonos a volver a casa.

Pero todo eso no se limita a ser una comprensión meramente intelectual. Bastaría, si tal fuera el caso, con que cambiásemos nuestros pensamientos de "no es esto" a "es esto" o de "no estoy despierto" a "estoy despierto". Dentro del mundo onírico, sin embargo, puede resultar extraordinario cambiar de pensamientos. ¡Es mucho mejor, si vamos a dormir, tener un sueño feliz! ¿Y también es mucho mejor, si vamos a soñar, pensar positivamente que pensar negativamente! ¿Por qué no piensas que estás despierto, en lugar de pensar que estás dormido? Dentro del mundo onírico el individuo puede hacer un millón de cosas diferentes con sus pensamientos y éstos, a su vez, pueden generar un millón de experiencias diferentes. Pero aquí vamos a hablar de algo que trasciende por completo todo eso, de algo que no puede ser capturado por ninguna fórmula creada por el pensamiento. "No hay nadie" y "hay alguien" son, de hecho, afirmaciones igualmente equivocadas. Y lo mismo podríamos decir con respecto a "hay elección" y "no hay elección". Dentro del mundo del sueño, esos pares de opuestos emergen y se desvanecen simultáneamente. Pero ninguno de ellos puede llevarnos a donde realmente queremos ir, es decir, a nuestra propia ausencia.


Jeff Foster
(Una Ausencia Muy Presente)





24 oct 2009

LA LIBERACIÓN ES AUSENCIA

ES LA PÉRDIDA DE LA SEPARACIÓN.
Y EN ESA PÉRDIDA, EL VACIO SE LLENA


La palabra Sánscrita Advaita señala hacia algo de lo que no puede hablar. Aunque hablaremos mucho, nunca podemos llegar a describir aquello de lo que estamos hablando. Y tampoco puede ser comprendido o conocido.
La palabra Advaita también apunta hacia la futilidad de la idea de que hay algo separado de otra cosa llamada unidad. De modo que no hablaremos de alcanzar un estado; no estamos aquí para intentar alcanzar estados de dicha, ni quietud ni silencio, ni siquiera de conciencia. Ninguna cantidad de autoindagación llevará al buscador a eso que ya es. De modo que aquí no buscaremos nada, porque no hay nada que encontrar ni nada que conseguir.
Aquello de lo que hablaremos es tan evidente que es completamente oscuro, y es tan abierto que es absolutamente secreto. Cada vez que alguien trata de conseguirlo, se mantiene oculto. Cada vez que lo buscamos, no lo vemos. No puede ser alcanzado, no puede perderse, no puede enseñarse, no puede darse y no puede quitarse.
No puede hablarse de ello ni entenderse, porque ya es nada y todo. No sólo es la mayor cosa en esta habitación, es la única cosa que hay en esta habitación: es lo único que surge en esta habitación. Es todo lo que está ocurriendo en esta habitación. Y dentro de ello, dentro de lo que buscamos, estamos nosotros buscándolo. Y por tanto la búsqueda del ser también es el ser buscando. Y siempre que pensamos que estamos separados de ello, o experimentamos que estamos separados de ello, inevitablemente estamos buscándolo.
El buscador sólo existe en el movimiento por encontrar lo que sueña haber perdido. Y se está moviendo para encontrar algo que está totalmente inmóvil. El paso del tiempo y la búsqueda son movimientos para intentar encontrar algo que es intemporal e inmóvil.
Aquello de lo que estamos hablando no tiene nada que ver contigo ni conmigo, no tiene absolutamente nada que ver contigo ni conmigo. No tiene nada que ver con la experiencia personal. Tú no vas a entender esto, nadie va a entender esto, porque se trata de que ahí no hay nadie. Yo no lo he entendido. Yo no sé nada que tú no sepas, y no tengo nada que tú no tengas, pero algo se ha perdido.
Esto tiene que ver con la pérdida, con la pérdida total. Es la pérdida de algo en lo que creemos -hemos llegado a creer que somos individuos-, que somos individuos separados con libre albedrío y capacidad de elección, y que podemos hacer algo para que nuestra vidas funcionen en el mundo, y de algún modo la mente trata de ayudarnos en este cometido. Pero algunos de nosotros somos más sensibles a la idea de que la vida no consiste únicamente en tener éxito, ni en ser rico y todo eso.
Y entonces buscamos en la religión, o buscamos en la terapia o en la meditación, o nos dedicamos a la autoindagación: buscamos en la escuela de iluminación aquello que nos lleve a sentirnos completos. Sabemos que hay algo que no está completo. Esto no es, no del todo. Algo está ligeramente desviado; hay algo más. ¿Se trata de la iluminación?
Y entonces la mente pinta un cuadro de cómo es la iluminación. La iluminación es dicha, omnipresencia, poder absoluto, todo el mundo te quiere, tú quieres a todos y vas caminando por ahí rodeado de una preciosa neblina rosa. (Risas) La gente viene a ti y te dice: <<He oído que estás iluminado>>, y tú les respondes: <<Sí. (Risas) Bueno, ¿quieres dar una charla a algunos amigos míos?>>, y tú dices: <<Sí, de acuerdo...>> Y vas y hay unos cuantos amigos y tú les cuentas cómo te iluminaste y eso les encanta - eso suena bien-, y ellos te miran y estás muy sereno; es evidente que estás completamente de una pieza y en estado de dicha. Pero ellos quieren ser como tú, y sus amigos también quieren ser como tú, de modo que vienen más amigos y tú tienes más gente en la sala, y al final tienes que ir a una sala más grande, pues el público aumenta. Y entonces le dices a tu amigo: <<Bueno, sabes, estoy aquí abajo, a este nivel; quizá debería estar sobre una plataforma, tal vez debería tener un asiento más grande para que la gente pueda verme.>>
Sabes, tenemos esta idea..., la mente tiene una idea de cómo es la iluminación; es la lotería, la lotería espiritual. Es la mayor lotería que puedas ganar. Es mejor que ganar cien millones de euros porque lo tienes todo; simplemente estás ahí, estás totalmente seguro, te sientes dichoso y todo es maravilloso.
Y ahí reside la dificultad porque, por supuesto, en realidad la iluminación no es así en absoluto. La iluminación, la liberación, es total y absolutamente ordinaria. No es maravillosa. No es dichosa, no es la respuesta a todas las cosas. La vida sigue. Sigue tal como seguía antes. Y lo que se abandona en la liberación es el sentido de que haya alguien a quien le está ocurriendo la vida. La liberación es ausencia, la liberación es pérdida, la pérdida de la separación. Y en esa pérdida, el vacío se llena.
Ese vacío también es plenitud. En la nada -cuando no hay nada- el todo llena la nada.
Plantea cualquier pregunta, no importa qué pregunta plantees. Si surge una pregunta, está ahí para surgir y encontrarse con la nada, y ser respondida por la nada. La mente nunca puede llegar a ninguna parte con esto.
Esto es totalmente simple porque es totalmente evidente, y es difícil porque el individuo tiene miedo de ello: la idea de perder la individualidad le atemoriza.
Toni Parsons. (La Nada que lo es Todo)