Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


Mostrando entradas con la etiqueta Sujeto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Sujeto. Mostrar todas las entradas

18 abr 2011

LA PSEUDOIDENTIDAD


Sin embargo, con el fin de ver claramente cómo surge la pseudoidentidad o el ego (que se supone que es la causa y el objeto de la supuesta esclavitud), es necesario comprender el proceso conceptual de la manifestación. Lo que somos nosotros en términos absolutos, nouménicamente, es unidad, subjetividad absoluta sin el más leve rastro de objetividad. La única manera en que se puede manifestar esto-que-somos es por un proceso de dualidad, cuyo comienzo es la agitación de la consciencia, el sentido de "Yo soy". Este proceso de manifestación-objetivación, que faltaba por completo hasta ese momento, implica una dicotomía entre un sujeto que percibe y un objeto que se percibe, entre el conocedor y lo conocido.

El noúmeno (la subjetividad pura) debe permanecer siempre como sujeto único. Por tanto, el supuesto conocedor y lo supuesto conocido son ambos objetos en la consciencia. Éste es el factor esencial que hay que tener en cuenta. Este proceso sólo puede producirse en la consciencia. Toda cosa imaginable, todo tipo de fenómeno que perciben nuestros sentidos y que interpreta nuestra mente es una apariencia en nuestra consciencia. Cada uno de nosotros existe únicamente como objeto y como apariencia en la consciencia de otro. El conocedor y lo conocido son objetos en la consciencia, ambos, pero (y he aquí el punto importante en lo que respecta a la pseudoidentidad) el que conoce al objeto se asume como sujeto del conocimiento de otros objetos en un mundo externo a sí mismo, ¡y este sujeto conocedor considera que su pseudosubjetividad constituye una entidad independiente, autónoma; un "yo" dotado de libre albedrío para obrar!

El principio de la dualidad, que comienza con el sentido de "Yo soy" y en el que se basa toda la manifestación fenoménica, da un paso más cuando la pseudoidentidad, en su papel de pseudobjeto, da inicio al proceso de razonamiento comparando las contrapartes interdependientes y opuestas (tales como lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro, el mérito y el pecado, la presencia y la ausencia, lo grande y lo pequeño, etcétera) y, después de la comparación, discrimina entre ellas. Esto constituye el proceso de conceptualización.




A parte de esta dicotomía del sujeto y el objeto, el proceso de la manifestación fenoménica depende del concepto básico del espacio y el tiempo. A falta del concepto de "espacio", ningún objeto podría hacerse aparente con su volumen tridimensional; del mismo modo, a falta del concepto afín de "tiempo", no podría percibirse el objeto tridimensional ni medirse ningún movimiento, porque no existiría la duración necesaria para que el objeto fuera perceptible. Por tanto, el proceso de la manifestación fenoménica tiene lugar en el espacio-tiempo coceptual, en el que los objetos se convierten en apariencias en la consciencia, que son percibidas y conocidas por la consciencia por medio de un proceso de conceptualización cuya base es una división entre el pseudosujeto que percibe y el objeto percibido. El resultado de identificarse con el elemento conocedor en el proceso de la manifestación produce la concepción de la pseudopersonalidad dotada de libre albedrío personal. Y ésta es toda la base de la "esclavitud" ilusoria.

No comprendáis por pastes todo el proceso de la manifestación fenoménica, dice Maharaj, sino vedlo globalmente en un solo destello de apercepción. Lo Absoluto o lo nouménico es el aspecto inmanifestado de lo que semos, y el fenómeno es el aspecto manifestado. Ambos son no-diferentes. Podría establecerse una analogía burda con la sustancia y su sombra, ¡sólo que lo manifestado sería la sombra de lo inmanifestado sin forma! Lo Absoluto nouménico es intemporal, inespacial, imperceptible por los sentidos; los fenómenos están limitados en el tiempo, tienen una forma limitada y son perceptibles por los sentidos. El noúmeno es lo que somos; los fenómenos son lo que parecemos ser como objetos separados en la consciencia. La identificación de la unicidad (o sujeto) que somos con el estado de separación en la dualidad (u objeto) que parecemos ser constituye la "esclavitud", y la des-identificación (de esta identificación) constituye la "liberación" son ilusorias, porque no hay ninguna identidad que está esclavizada, deseando la liberación; ¡la entidad no es mas que un concepto que surge de la identificación de la consciencia con un objeto aparente, que no es más que una apariencia en la consciencia!.


Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)


12 oct 2010

TÚ ERES LA PRESENCIA CONSCIENTE



Uno de los primeros visitantes que se presentaron en cierta sesión era representante de una asociación vedanta europea. Maharaj entró en materia inmediatamente y le preguntó si tenía que hacer alguna pregunta o si quería aclarar algún punto. Cuando el visitante dijo que, antes de hacer ninguna pregunta, prefería escuchar durante un rato lo que decía Maharaj, éste propuso que, ya que era representante de una de las asociaciones vedanta más activas, con un número bastante notable de afiliados, podría abrir él el diálogo refiriéndonos cómo explican este tema, más bien sutil, a un nuevo miembro de la sociedad que se interese por ello.

Visitante: Pues bien, empezamos por hablarle de los ejercicios físicos de yoga, dado que lo que más interesa al occidental es, principalmente, el bienestar de su cuerpo. El yoga le ofrece la posibilidad de realizar proezas de resistencia física, así como alcanzar un grado elevado de concentración mental. Después de un curso sobre los äsanas del yoga, le decimos que "él" no es el cuerpo, sino que es algo aparte del cuerpo.

Maharaj: Esto suscita dos preguntas. En primer lugar, ¿cuál es el punto de partida para conocer siquiera el cuerpo? Dicho de otro modo, ¿acaso no hay algo dentro del cuerpo, a falta de lo cual no serías capaz de conocer ni tu propio cuerpo ni el de otra persona? En segundo lugar, ¿tiene el propio maestro una idea bien clara de su propia "Identidad", en lo que a él concierne? Si él no es el cuerpo, ¿quién o qué es él?

V: No estoy muy seguro de lo que quieres decir exactamente.

M: El cuerpo no es más que un instrumento, un aparato que sería completamente inútil si no fuera por la energía que tiene dentro, el ánima, el sentido "Yo soy", el conocimiento de estar vivo, la consciencia que aporta el sentido de estar presente. De hecho, esta presencia consciente (no la presencia de Fulano ni la de Mengano, sino el sentido de presencia consciente como tal) es lo quees uno, y no la apariencia fenoménica que es el cuerpo. Cuando esta consciencia, sintiendo la necesidad de algún apoyo, se identifica erróneamente con el cuerpo y renuncia a su potencial ilimitado a favor de la limitación de un solo cuerpo concreto, entonces "nace" el individuo. Éste es el primer punto sobre el que el propio maestro debe tener una convicción firme e intuitiva.
El otro aspecto básico es que el maestro debe tener también una comprensión muy clara de cómo se produjo la unión entre el cuerpo y la consciencia. Dicho de otro modo, el maestro no debe tener la menor duda de su propia naturaleza verdadera. Para ello, debe comprender la naturaleza del cuerpo y de la consciencia (o de la seidad, o de la Yo-soy-dad), así como la naturaleza del mundo fenoménico. De lo contrario, todo lo que enseñe no será más que conocimiento prestado y de oídas, conceptos de otros.

V [Sonriendo]: Ése es, precisamente, el motivo por el que he venido. Pasaré aquí cerca de una semana y asistiré a las sesiones de mañana y de tarde.

M: ¿Estás seguro de que haces lo que debes? Has venido aquí con ciertos conocimientos. Si te empeñas en escucharme, puede que llegues a la conclusión de que todo conocimiento no es más que un fardo de conceptos inútiles y, lo que es más, de que tú mismo eres un concepto. Entonces serás como la persona que descubre de pronto que las riquezas que atesora se han convertido en cenizas de la noche a la mañana. ¿Qué pasará entonces? ¿No sería mejor, más seguro, que te volvieras a tu casa con tus "riquezas" a salvo?

V [Siguiendo la broma]: Correré el riesgo. Prefiero conocer el verdadero valor de las riquezas que creo poseer. Pero, sin embargo, tengo la sensación de que el tipo de riquezas que obtendré después de desechar las riquezas inútiles serán preciosas y estarán libres de todo riesgo de pérdida o de robo.

M: Sea así. Ahora, dime, ¿Quién crees que eres?


V: Dudo que en realidad se pueda expresar con palabras. Pero parece ser que no soy el cuerpo, sino el sentido de presencia consciente.

M: Permíteme que te lo resuma muy brevemente: tu cuerpo es el desarrollo de una emisión de la unión de tus padres, que se concibió en el vientre de tu madre. Esta emisión era esencia de los alimentos consumidos por tus padres. Tu cuerpo está hecho, por tanto, de la esencia de los alimentos, y también está sustentado por los alimentos. Y el sentido de presencia consciente que has citado es el sabor, "la naturaleza" de la esencia de los alimentos que constituye el cuerpo, del mismo modo que la dulzura es la naturaleza del azúcar, que es a su vez la esencia de la caña de azúcar. Pero comprende que tu cuerpo sólo puede existir durante un período de tiempo limitado, y cuando el material de que está hecho termina por deteriorarse hasta el extremo de que "muere", la fuerza vital (el aliento) y la consciencia desaparecen también del cuerpo. Entonces, ¿qué te pasará a "ti"?

V: Pero ¿desaparecería la consciencia? Debo decir que me sorprende bastante oír eso.

M: En ausencia del cuerpo, ¿Puede ser consciente de sí misma la consciencia? La consciencia, en ausencia del cuerpo, ya no estará manifiesta. Entonces, volvemos al punto de partida: ¿Quién eres tú?

V: Como dije antes, en realidad no se puede expresar con palabras.

M: Claro que no se puede expresar con palabras, pero ¿lo sabes? Una vez lo expresaras, se convertiría en un concepto. Pero, aunque concibes un concepto, ¿no eres tú mismo un concepto? ¿No has nacido, en realidad, el vientre mismo de la conceptualización? Pero ¿quién eres tú en realidad? O, si lo prefieres, como lo prefiero yo, ¿qué eres tú?

V: Creo que lo que soy es la presencia consciente.

M: ¡Has dicho que "crees"! ¿Quién es ése que cree esto? ¿Acaso no es tu consciencia misma, en la que aparecen los pensamientos? Y, como hemos visto, la consciencia, o la presencia, está limitada por el tiempo, junto con el cuerpo. Por eso te dije antes que es necesario aprehender la naturaleza de este cuerpo, provisto de fuerza vital (prana) y consciencia.
Tú eres "presencia" sólo en tanto que está allí el cuerpo, un fenómeno manifestado. ¿Qué eras tú antes de que tre vinieran espontáneamente el cuerpo y la consciencia? Digo "espontáneamente" porque ati no te consultaron la posibilidad de que se te diera un cuerpo, ni esperaban tus padres concretamente tenerte "a ti" como a hijo suyo. ¿No eras entonces relativamente "ausencia", más que "presencia", antes de que surgiera el estado de consciencia del cuerpo, o lo que fuera que eras "tú"?

V: No estoy seguro de entender esto.

M: Pues mira. Para que aparezca cualquier cosa, para que exista, tiene que haber un trasfondo de ausencia absoluta; de ausencia absoluta tanto de presencia como de ausencia. Ya sé que no es fácil captar esto. Pero ¡inténtalo! Toda presencia sólo puede "aparecer" a partir de la ausencia total. Si existe presencia, aunque sea presencia de la ausencia, no puede haber ni fenómeno ni conocimiento. Por tanto, la ausencia total, Absoluta, implica la ausencia total de conceptualización. Ése es tu verdadero estado original. Te repito: el "tú" nace en el vientre de la conceptualización. En el estado original de la ausencia total surge espontáneamente una mota de consciencia, el pensamiento "Yo soy", y de ahí surge la dualidad en el estado original de unicidad y plenitud; dualidad de sujeto-objeto, de lo correcto y lo incorrecto, de lo puro y lo impuro, del razonamiento, la comparación, los juicios, etc. Reflexiona sobre esto. Pero me temo que la sesión debe terminar ya.

V: Esto ha sido toda una revelación para mí, aunque llevo estudiando el vedanta bastante tiempo.

M: ¿Tienes clara una cosa: que tú eres anterior a toda conceptualización? Lo que pareces ser como fenómeno no es más que conceptual. ¡Lo que eres en realidad no puede ser comprendido, Por la sencilla razón de que en el estado de conceptualidad no puede haber nadie que comprenda lo que es uno!

V: Maestro, quiero volver esta tarde para recibir más iluminación, y me sentaré a tus pues todos los días mientras esté en Bombay.

M: Serás bienvenido.


Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)


19 jun 2010

SUJETO Y OBJETO


Es sorprendente cómo todo esto de la relación sujeto-objeto está dando vueltas para mí: si puedo percibirlo, lo que pienso que es un sujeto es en realidad un objeto. Cualquier cosa que represente mi sentido del "yo" es en realidad un objeto de percepción, algo que está siendo observado. No obstante, nunca puedo atrapar del todo la cosa que está observándolo.

Claro, porque entonces también sería un objeto. En cuanto "lo atrapas", queda objetivado; y lo único que puedes conocer es un objeto. El sujeto no puede conocerse a sí mismo excepto como objeto. ¡y entonces deja de ser un sujeto!

Y todo esto del "hacer"...: ¿Cómo puede algo que sólo es un sueño pensar que está haciendo algo?

Creo que ahí estás mezclando metáforas, porque el objeto soñado no piensa que es un sueño; piensa que se algo sustancial. Aunque sea un objeto, al menos como objeto es sustancial.


Sí, pero como "objeto subjetivo" es el que hace. La sensación que tengo de ser el que hace es en realidad un objeto en la Conciencia. Por tanto, no hay manera de que pueda comprender esta cosa, no hay modo de que La pueda Ver, no hay modo de que La pueda encontrar... ¿Es esto lo más lejos que se puede llegar?

No. Lo puedes encontrar porque tú eres ello. El único modo que tendrías de encontrarlo es no siendo ello, observándolo..., pero no hay nada que no sea Ello.

Entonces ¿no hay solución, o es que finalmente este ser fenoménico se da cuenta de que no existe realmente...?, aunque, de algún modo, la existencia fenoménica continúa.

La realización no atañe al objeto fenoménico. Estás volviendo a pensar que la realización del sabio es la realización del mecanismo cuerpo-mente que está asociado con el Conocimiento.
Pero a lo que nos estamos refiriendo no es al conocimiento del mecanismo cuerpo-mente. El mecanismo cuerpo-mente del sabio es simplemente como cualquier otro mecanismo cuerpo-mente, es un objeto condicionado. El Conocimiento es pura Subjetividad.

Pero, en ese caso, no habría campo fenoménico en absoluto.

Bien, ahí es donde la cosa llega a ser muy paradójica.

Entonces ¿cómo es convierte uno en pura Subjetividad?

Tienes que intentarlo con mucho, mucho ahínco. (risas) Y si no alcanzas este elevado estado de pura Subjetividad, simplemente es porque no lo intentas con suficiente ahínco.

Volvemos al punto de partida.

Y si me compras eso, también tengo un puente que me gustaría venderte!


Wayne Liquorman
(Aceptación De Lo Que Es)


4 may 2010

LA NO-DUALIDAD EN "LA CONTRA" DE "LA VANGUARDIA".


Ivan Oliveiros (Sesha), maestro de vedanta advaita, una rama del induísmo.

"Atrévase a estar presente sin preguntarse adónde le llevará"

49 años. Nací en Bogotá y vivo en Valencia. Estoy licenciado en Ingeniería Mecánica y estudié Filosofías Orientales. Separado y con tres hijos. Hacemos el mundo con nuestras actitudes y con nuestros pensamientos. El ser humano está integrado en un todo inteligente
¿La conciencia es innata al ser humano?
Sí, es una red de interacción en la que el ser humano está integrado y que produce en sí misma una condición profundamente inteligente. Desde este prisma no tienes que echar mano de un ser más inteligente, de un creador.

Ese es su tema: la no dualidad.

Cuando interpretas el mundo con el marco de la dualidad, determinas que una cosa es el que percibe y otra lo percibido.

Yo, y todo lo demás.

Exacto. Pero en Oriente hay otras formas de percepción, que se establecen creando nuevos estados de conciencia en los que la relación observador y observado cambia.

Tradúzcamelo a lo práctico.

Cuando conduces, si no reaccionas a cada curva te estrellas. De igual manera, en la práctica, estos estados de percepción se traducen en no estar en Babia, en no estar en las nubes, en estar presente, en vivir acorde con la intensidad de cada instante, en convertir cada momento en único.

Bueno, todos lo pretendemos.

El problema no es pretenderlo, sino lograrlo. Cuando ves una película y estás absorto en ella, no te das cuenta de que tú estás ahí, estás sin pensarlo. La atención constante a un objeto diluye tu sentido del yo; entonces surge una percepción diferente que se traduce en estar atento, vivo. Eso se llama no dualidad, y aflora la sabiduría y la intuición.

Nos lo han explicado muchas veces, pero en la práctica se escapa.

La mente, tal como funciona, está constituida de hábitos, y esos hábitos producen condicionamientos. Le es muy difícil a una persona salirse de esa forma habitual de percibir e interpretar las cosas. Intente por un instante no ser consciente de nada.

Imposible, ¿verdad? Incluso se es consciente de que se está distraído. Hay una condición en usted que es permanente: la conciencia. La conciencia es un don que poseemos, una fuerza inherente de saber. Su capacidad de cognición está siempre presente y se puede experimentar de manera diferente.

Bien, ¿de qué manera?

Siendo simultáneamente objeto y sujeto de percepción, eso le hará libre.

No entiendo nada.

Cuando usted percibe el mundo, lo percibe desde usted; lo que no es usted lo llama mundo. El mundo es su objeto y usted el sujeto, y desde ahí interpreta el mundo: yo y todo lo demás. Bien, pues le haré una pregunta.

Cuando lee un libro y está absorta en él, ¿dónde está usted en ese instante?

Leyendo el libro.

Sí, de acuerdo, ¿pero Ima reconoce que es Ima la que lee el libro?

No, Ima está absorta en el libro.

Exacto, si estás absorto en algo interesante o bello, estás perdido en ese momento en la percepción misma, en el presente. Y en ese instante no puedes catalogarte como yo, ya que no tienes conciencia de ti mismo.

De acuerdo, ¿y?

Cuando estás absorto, concentrado, ocurre algo mágico y misterioso: no tienes conciencia de ti pero sí del mundo que percibes, y reaccionas ante él. ¡Eso es tan grato!

Pasa el tiempo volando, cierto.

Es la pérdida del sentido de dualidad, pero no ocurre voluntariamente. Ahora plantéese otra cuestión: ¿cómo prefiere vivir: así o pensando?... Si pudiera vivir como cuando está absorta, desde ese estado de sabia percepción, si pudiera caminar, cocinar, sentir, dormir, querer así, sería todo diferente.

¿Qué hay en esa entrega total?

Está el mundo.

... Casi lo entiendo.

La mente trata siempre de replegarse a cosas que ya ha pensado o sentido porque así se siente segura, e invade el presente con esos sentimientos y pensamientos. Cuando aprendes a estar presente, gozas de la condición de permitir a las cosas nacer y darles tiempo a morir, y gozarlas con intensidad.

Simplemente, estar presente.

Sí, y esto que parece una simpleza descarga la psique y el sistema nervioso y permite una calidad de vida superior. La presencia es conciencia, y te permite ver el mundo como es. Se trata de convertir lo que vives en lo fundamental, en el momento válido.

¿Y cómo se consigue?

Estamos acostumbrados a que las cosas se consiguen con esfuerzo, pero ¿qué esfuerzo hace usted para existir?

Ninguno.

El problema es que usted quiere conseguir algo que con los atributos que ya conoce es imposible alcanzar. Entonces, lo que yo le digo es: atrévase, simplemente experimente el mundo, atrévase a estar presente sin saber si eso la lleva a otro sitio o no; la suma de esos pequeños momentos la conducirá a esa forma de percepción libre.

¿Coleccionar instantes de presente?

Cuando alguien tiene el don de la escritura, escribe sin dudar, como si alguien le dictara, y eso provoca que el lector se pierda en ese mundo, se convierta en eso. Si tu don es ese, resta en esa perspectiva y fluye en ella, eso te arrastra al presente de manera innata.

Y cada persona tiene un don.

Sí, aproveche su don, aquello en que no duda. A lo mejor es amar, cuidar, trabajar, pescar, cocinar; advierta aquello que por don tiene de natural y en ello sumérjase, la ayudará. Aunque existir en sí ya es un don.

IMA SANCHÍS - 04/05/2010