Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


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30 ene 2011

EL CAMINO


TS: ¿Te preocupa que el camino que te condujo donde te encuentras no sea el camino que enseñas?

Adya: No, no me preocupa en absoluto. El camino que estoy enseñando es en gran medida el camino que me trajo donde me encuentro. Cuando dirijo un retiro, siempre pasamos cinco o seis días en meditación silenciosa. Pero yo descubrí que mi espiritualidad realmente empezaba a despegar cuando no confiaba exclusivamente en la práctica meditativa. Aunque seguí meditando, en un determinado momento di un giro fundamental y dejé de confiar unilateralmente en la práctica. Veía que, en mi caso, la meditación en sí y por sí misma no funcionaba. No la rechacé totalmente, pero empecé a percibir otro elemento: la indagación. Empecé a cuestionarme fundamentalmente casi todo. Empecé a observar las cosas con mucha profundidad, con mucha intensidad.
Después, por supuesto, la parte del despertar es siempre espontánea. No existe ningún abecé sobre cómo despertar. Pero al mirar atrás vi estas dos cosas: Quietud y silencio, y la habilidad de ser implacablemente honesto conmigo mismo, la habilidad de no engañarme, de no decirme que sabía algo que no sabía, de seguir con mi línea de indagación. Al cabo de un tiempo estos dos enfoques juntos conformaron mi camino espiritual. Y lo que yo enseño es la combinación de estas dos cosas.






TS: En ese sentido, ¿estás enseñando un camino?

Adya: Por supuesto. Un camino sin camino [risas]. Pero sí, podría decirse que es un camino. No es un camino del tipo de "uno más dos son tres", ni "limítate a seguir andando y llegarás a la cima de la montaña". No es un camino en ese sentido. No es un camino que te dé la sensación de estar progresando. Es una forma de estar con la experiencia. Es una forma de estar con uno mismo que, en realidad, deconstruye al yo personal. Aunque no lo sepas, aunque no seas consciente, el camino te va deconstruyendo. El silencio te deconstruye, pero esto no es suficiente para casi nadie. Meditar no es suficiente. Contamos con esta otra parte activa de deconstrucción, que es la pregunta y la indagación directa.


Adyashanti
(Meditación Auténtica)


8 mar 2010

ARMONÍA NATURAL

LA INDAGACIÓN


Aunque estemos apartando o extrayendo nuestra identidad del pensamiento, de la sensación y de la personalidad, debemos darnos cuenta de que no se trata de negar estos elementos externos de la experiencia ni de disociarnos de ellos. La indagación no es una práctica basada en la expulsión de nada; es, simplemente, una forma de conseguir que la identidad se despierte del sueño de la separación. Pero aunque se despierte, el cuerpo seguirá ahí. La personalidad seguirá ahí. El ego seguirá contando con una estructura rudimentaria. La diferencia está en que cuando nos hayamos reconocido como conciencia, nuestra identidad podrá empezar a descansar en su esencia. Ya no buscaremos lo que somos en nuestro cuerpo, en nuestra personalidad, en nuestros pensamientos o creencias. Lo que somos descansará en su fuente.

Cuando descansemos en nuestra fuente, el cuerpo, la mente, la personalidad y las sensaciones se armonizarán. Al hablar de armonía ne refiero a que dejarán de estar divididos. Creo que casi todos los seres humanos reconocen que el ego suele definirse por una cierta división interna; determinadas partes de nuestro ego están en guerra o en conflicto con otras. Queremos ser alguien que realmente no podemos ser. Queremos pensar pensamientos que realmente no podemos pensar. Queremos tener formas que realmente no tenemos. Queremos ser mejores de lo que en realidad somos. Cuando nuestra identidad está atrapada en el ego-personalidad, todos experimentamos estas ideas y sensaciones conflictivas. Misteriosamente, cuando alejamos nuestra identidad del ego-personalidad, este ego-personalidad se armoniza. Esta armonía posiblemente no surja enseguida de la forma más profunda posible, pero el viaje comienza ahí. Como dejamos de identificarnos con el cuerpo, con la mente y con la personalidad, conseguimos que se armonicen.


Adyashanti (Meditación Auténtica)

7 jul 2009

COMPRENSIÓN TRASCENDENTAL
¿Quién soy? ¿Qué soy yo?.

La mente puede aceptar o negar que tú seas conciencia, pero en ningún caso lo podrá comprender completamente. La mente no es capaz de entenderlo, no puede dar este salto. Es incapaz de entenderlo intelectualmente. El pensamiento no puede entender lo que está más allá del pensamiento. Por eso lo llamamos comprensión trascentental, revelación trascendental. Nuestra identidad se despierta de la prisión de la separación y se da cuenta de su verdadero estado. Esto, a la vez que sencillo, es extraordinariamente profundo. Algunas personas lo perciben como un rápido vislumbre, casi como un relámpago en el que de pronto se dan cuenta de que son esta conciencia que ha estado morando desde dentro durante todo este tiempo. Este vislumbre puede desaparecer tan rápido como aparece. O quizá dure algún tiempo. Habrá personas que tal vez reciban este vislumbre y lo mantengan, comprendiendo su naturaleza verdadera indefinidamente. Independientemente de cómo surja, debemos darnos cuenta de que la mente no puede decidir nada al respecto. Se trata de un vislumbre de revelación.
Una de las instrucciones más sencillas que puedo dar es que recuerdes que este proceso de eliminación, este proceso de indagación e investigación, realmente tiene lugar del cuello para abajo. Podemos hacernos la pregunta de ¿quién soy?, o ¿qué soy?, o ¿soy este pensamiento?, y esta pregunta se origina en la mente, evidentemente. Tenemos que desplazar nuestra atención por debajo del cuello. Contamos con algo muy hermoso llamado cuerpo, y con un sentido cinestésicodel ser, y ahí, realmente, es donde tiene lugar la indagación.
Un ejemplo es cuando te haces la pregunta "¿qué soy yo?". En primer lugar, la gente se da cuenta de que no lo sabe. En realidad no saben quién o qué es. Así que la mayoría se introduce en su mente para intentar averiguarlo. Pero tu mente sabe, antes que nada, que tú no lo sabes. Esto es una información muy valiosa para la indagación espiritual. "No sé lo que soy. No sé quién soy". Cuando lo reconozcas, podrás ponerte a pensar en ello o sentirlo. ¿Qué se siente en el ser cuando no sabes lo que eres? ¿Qué ocurre cuendo entras en tu interior para descubrir quién eres y no encuentras ninguna entidad llamada "tú"? ¿Cómo sientes ese amplio espacio? Siéntelo en el cuerpo; deja que la sensación se quede grabada en las células de tu ser. Ésta es la auténtica indagación espiritual. Esto transforma eso que podria haberse convertido en un mero pensamiento mental abstracto en algo muy visceral, cinestésico y potente a nivel espiritual.
Adyashanti (Meditación auténtica).