Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


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25 feb 2013

NUNCA VAS A ESTAR ILUMINADO


Si no hay nada que podamos hacer para iluminarnos, ¿de qué nos sirve escuchar esta enseñanza?


Para mí, el valor -y el valor siempre se mide en términos muy personales-, el valor de escuchar estas enseñanzas fue que me facilitaron mucho la vida. Esta enseñanza se convirtió en parte de mi, tanto de forma intelectual como fenoménica. La consecuencia -el efecto sobre mi mecanismo cuerpo-mente- fue que mi vida, mis reacciones a las cosas, se hicieron más fáciles. La aceptación de lo que es, en el momento se hizo más frecuente. Cuando estaba reaccionando a algo, surgía en mí el pensamiento: esta reacción es parte del funcionamiento de la Totalidad. Esta reacción no puede ser de otro modo; simplemente está ocurriendo. Y ese reconocimiento cortaba la implicación horizontal de la mente, del proceso de pensamiento que analiza, especula, considera y juzga cada pensamiento y acción. El hecho de cortar con ese proceso te devuelve directamente al momento, te devuelva directamente al aquí, te devuelve directamente al presente; y en el presente es donde está la vida.

Éste es el punto de contacto para experimentar nuestra conexión con la Totalidad, para ver lo Divino en lo ordinario. Esta conexión está siempre ahí. No hay desconexión, nunca ha habido ninguna desconexión. Todo es Uno, Todo es Dios. La experiencia de la desconexión, la experiencia de la separación, queda erradicada aquí, en el Eterno Momento Presente.

El valor de esta enseñanza está en eso, no en hacer que te ilumines. Esta enseñanza no es eficaz para hacer que te ilumines, porque tú nunca vas a estar iluminado. Y esto no se debe a una limitación por tu parte, ni por parte de la enseñanza, sino más bien al hecho de que NADIE EN TODA LA HISTORIA DEL UNIVERSO ha estado iluminado nunca. No hay personas iluminadas.


La iluminación, fenomenológicamente, es un suceso impersonal. El efecto de este evento impersonal sobre un mecanismo cuerpo-mente particular es muy variable. En cualquier caso, no produce a un superhombre.
Ramesh fue la única persona a la que oí hablar de estas cosas. Estoy seguro de que hay muchos otros que han hablado de ello, que hablan y que hablarán, pero, en mi experiencia limitada, él es el único que ha llegado a abordar este punto crucial en la cuestión de la iluminación, de «quién» está iluminado, de qué es lo que uno «consigue» iluminándose. Él continúa hablando de esto cada mañana a las diez en su centro de Bombay. Él sólo habla de esto de que no hay iluminación personal, de que tú no te vas a iluminar, de que cuando se produce la iluminación en el mecanismo cuerpo-mente, ¡el efecto neto de tal suceso es que el mecanismo cuerpo-mente al que le ocurre sabe que no existe nada relacionado con la iluminación personal!


Ahora bien, esto ayuda a explicar por qué ahora mismo (abril de 1999) sólo unas treinta personas asisten a las charlas diarias de Ramesh. Ha estado hablando regularmente sobre esto durante doce años, y anteriormente habló varios años más a los visitantes ocasionales. Tiene diez libros publicados en doce lenguas y sólo van a verle treinta personas. ¡Habrá algunos más cuando mejore el tiempo y sea más llevadero estar en Bombay! ¡Entonces el número de personas se disparará hasta unas cincuenta o sesenta! Obviamente, éste no es un mensaje muy atractivo para la mayoría de los buscadores. La idea de que tú NO vas a conseguir lo que deseas no vende. Lo que vende es decir que si lo haces bien, si lo perfecciones, y te esfuerzas en ello, si eres suficientemente diligente, ¡LO CONSEGUIRÁS!

¡Y yo te ayudaré! (Risas)

No fueron únicamente las enseñanzas de Ramesh transmitió las que fueron benéficas para mí personalmente -después de todo, ¿quién me importa más que yo mismo? (risas)-, sino la presencia de Ramesh, porque hubo una Resonancia, porque se produjo una conexión, y en la Resonancia, en la conexión, ocurrió algo muy profundo. Resulta muy difícil hablar de ello porque las palabras son muy limitantes, son muy inadecuadas para describir  lo que ocurre en la conexión entre el gurú y el discípulo  Aquello fue una gran bendición para mí como mecanismo cuerpo-mente que se consideraba a sí mismo un agente separado, atrapado en la red de los deseos y decepciones... Para mí, esa relación, esa conexión, ha sido la experiencia más profunda de mi vida. Y uno nunca sabe dónde va a ocurrir, o con quién. Pero cuando ocurre, es absolutamente mágica.


Wayne Liquorman
(Aceptación De Lo Que Es)


12 ene 2013

SIN CIELOS NI INFIERNOS


Antes del "yo", antes del "yo quiero" y antes del "yo necesito" no hay nada. Antes del "yo" no hay deseos ni necesidades. Todo es completo. No hay aquí carencia alguna. Antes de que la búsqueda emerja de la nada no hay aquí carencia alguna.

En el momento en que aparece la búsqueda aparece la carencia. Y entonces, para acabar con esa sensación de carencia, nos orientamos hacia el mundo y aparecen los maestros. Los maestros son una proyección de nuestra sensación de carencia.

Y los maestros nos prometen algo en el futuro. Algo que ellos tienen y que nosotros -si nos esforzamos lo suficiente y si somos lo suficientemente afortunados- también podremos tener. Pero todo eso no hace sino alentar la sensación de incompletud, la sensación de ser una persona separada que "todavía no está aquí". Y eso es algo que gusta mucho a los maestros porque, cuando tú estás perdido, pueden mostrarte el camino, lo que consolida su sensación de identidad y evita que se sientan amenazados por el vacío.

Nosotros no podemos renunciar a nuestros maestros, permanecer en pie sin seguir a ninguna autoridad y enfrentarnos a la vida sin red que nos proteja. Porque renunciar al maestro significa renunciar también al discípulo. ¿Y quiénes seríamos si dejásemos de ser discípulos? También deberíamos, si renunciásemos al maestro, renunciar a nuestro propio yo. Y eso es la muerte. Nos hemos pasado la vida definiéndonos según nuestro camino espiritual, nuestras prácticas y nuestros maestros. No hemos definido como buscadores. ¿Quiénes seríamos sin la búsqueda? ¿Quiénes seríamos si desapareciese el buscador? La cuestión puede resultar aterradora.


Éste es el motivo por el cual la gente no suele interesarse por este mensaje. Quieren seguir considerándose buscadores. Quieren vivir. No quieren morir. Y eso está muy bien, porque también forma parte del juego. Pero, para quienes están en condiciones de escuchar, aquí hablamos de la posibilidad de renunciar al maestro, de renunciar al camino, de renunciar al buscador y de permanecer de pie, sin muletas ni puntos de referencia. Estamos hablando de la posibilidad vivir sin mapas ni guias. Estamos hablando de la posibilidad de vivir en caída libre y de enfrentarnos a la crudeza de la experiencia sin nadie que nos diga lo que tenemos que sentir, lo que tenemos que pensar y cómo tenemos que cambiar. Estamos hablando de la posibilidad de permanecer de pie sin mamá y sin papá. Sin idea preconcebida alguna de Dios. Sin cielos y sin infiernos. Sin palabras.

La libertad consiste en ser sin pasado y sin futuro. Consiste en estar completamente solo, pero nadie está, ni un momento, a solas. La libertad consiste en enfrentarnos cara a cara a la vida. Admitir que sencillamente estamos cansados de una vida de búsqueda, de una vida de pretensiones, de una vida tratando de esquivar la crudeza de la experiencia. La libertad consiste en ver la vida con absoluta claridad y saber que siempre es un milagro. Y ver también, para empezar, que la vida nunca ha sido tuya.

A eso le llamamos "muerte". Y le tenemos miedo. Así de loca se ha vuelto nuestra mente.


Jeff Foster
(Una Ausencia Muy Presente)





17 oct 2011

EL PESCADO CON PATATAS FRITAS Y LA TAZA DE TÉ


Todo, en este mundo onírico, se mantiene en un estado de equilibrio perfecto. La persona deprimida encuentra, vaya adonde vaya, un mundo deprimente; la persona temerosa también encuentra, vaya adonde vaya, un mundo temible, y el buscador siempre encontrará maestros que nutran y alimenten su búsqueda.

De hecho, el maestro necesita tanto al discípulo como éste le necesita a él. El discípulo desempeña, en el mundo del maestro, una función semejante a la que el maestro cumple en el mundo del discípulo. Cumple con una necesidad. A fin de cuentas, el maestro no puede conocerse a sí mismo como tal a menos que, de algún modo, utilice al discípulo para crear y mantener esa identificación. Por ello se aferran uno a otro con tanta intensidad.



En el mundo onírico, en el esfuerzo por ser una persona, en el intento de ser alguien en lugar de nadie, en el intento de que nuestra vida funcione, siempre tropezamos con nuestro propio reflejo.



¡Son tantas las cosas que nos prometen los maestros! Nos prometen un evento futuro llamado iluminación, despertar o algún tipo de cambio o modificación de la percepción que jamás podemos obtener ni dejar de obtener.

No obstante, con la desaparición de la crispación sobre uno mismo -y de la correlativa contracción del espacio del mundo en que se mueven maestros y enseñanzas- se pone de manifiesto una gracia que no tiene nada que ver con acontecimientos futuros, con experiencias espirituales, con cambios perceptivos, con transformaciones de conciencia o con cualquier cosa que los maestros del sueño puedan ofrecernos. Y eso es sorprendentemente ordinario, tan ordinario como tomarse una taza de té y comer pescado con patatas fritas. Pero aquí no hay nadie tomándose una taza de té ni comiendo pescado con patatas fritas. Sencillamente se bebe una taza de té y se come pescado con patatas fritas. Es como si la taza de té se bebiera a sí misma y el pescado con patatas fritas se comiese a sí mismo. Esto es lo más próximo a la verdad que podemos decir con palabras.

Photo by Guillem.



Está completamente más allá de lo que podríamos esperar. Y no es algo que aparezca de nuevo, sino la revelación de algo que ya estaba ahí, de algo que, por más oculto que parezca, se hallaba siempre delante de nosotros. La vida ordinaria siempre ha estado revelándonos sus secretos. El pescado con patatas fritas y la taza de té -y también, por supuesto, la mierda de perro que acabamos de pisar- siempre han sido guiños del Amado invitándonos a volver a casa.

Pero todo eso no se limita a ser una comprensión meramente intelectual. Bastaría, si tal fuera el caso, con que cambiásemos nuestros pensamientos de "no es esto" a "es esto" o de "no estoy despierto" a "estoy despierto". Dentro del mundo onírico, sin embargo, puede resultar extraordinario cambiar de pensamientos. ¡Es mucho mejor, si vamos a dormir, tener un sueño feliz! ¿Y también es mucho mejor, si vamos a soñar, pensar positivamente que pensar negativamente! ¿Por qué no piensas que estás despierto, en lugar de pensar que estás dormido? Dentro del mundo onírico el individuo puede hacer un millón de cosas diferentes con sus pensamientos y éstos, a su vez, pueden generar un millón de experiencias diferentes. Pero aquí vamos a hablar de algo que trasciende por completo todo eso, de algo que no puede ser capturado por ninguna fórmula creada por el pensamiento. "No hay nadie" y "hay alguien" son, de hecho, afirmaciones igualmente equivocadas. Y lo mismo podríamos decir con respecto a "hay elección" y "no hay elección". Dentro del mundo del sueño, esos pares de opuestos emergen y se desvanecen simultáneamente. Pero ninguno de ellos puede llevarnos a donde realmente queremos ir, es decir, a nuestra propia ausencia.


Jeff Foster
(Una Ausencia Muy Presente)