Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


Mostrando entradas con la etiqueta Noúmeno. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Noúmeno. Mostrar todas las entradas

18 abr 2011

LA PSEUDOIDENTIDAD


Sin embargo, con el fin de ver claramente cómo surge la pseudoidentidad o el ego (que se supone que es la causa y el objeto de la supuesta esclavitud), es necesario comprender el proceso conceptual de la manifestación. Lo que somos nosotros en términos absolutos, nouménicamente, es unidad, subjetividad absoluta sin el más leve rastro de objetividad. La única manera en que se puede manifestar esto-que-somos es por un proceso de dualidad, cuyo comienzo es la agitación de la consciencia, el sentido de "Yo soy". Este proceso de manifestación-objetivación, que faltaba por completo hasta ese momento, implica una dicotomía entre un sujeto que percibe y un objeto que se percibe, entre el conocedor y lo conocido.

El noúmeno (la subjetividad pura) debe permanecer siempre como sujeto único. Por tanto, el supuesto conocedor y lo supuesto conocido son ambos objetos en la consciencia. Éste es el factor esencial que hay que tener en cuenta. Este proceso sólo puede producirse en la consciencia. Toda cosa imaginable, todo tipo de fenómeno que perciben nuestros sentidos y que interpreta nuestra mente es una apariencia en nuestra consciencia. Cada uno de nosotros existe únicamente como objeto y como apariencia en la consciencia de otro. El conocedor y lo conocido son objetos en la consciencia, ambos, pero (y he aquí el punto importante en lo que respecta a la pseudoidentidad) el que conoce al objeto se asume como sujeto del conocimiento de otros objetos en un mundo externo a sí mismo, ¡y este sujeto conocedor considera que su pseudosubjetividad constituye una entidad independiente, autónoma; un "yo" dotado de libre albedrío para obrar!

El principio de la dualidad, que comienza con el sentido de "Yo soy" y en el que se basa toda la manifestación fenoménica, da un paso más cuando la pseudoidentidad, en su papel de pseudobjeto, da inicio al proceso de razonamiento comparando las contrapartes interdependientes y opuestas (tales como lo bueno y lo malo, lo puro y lo impuro, el mérito y el pecado, la presencia y la ausencia, lo grande y lo pequeño, etcétera) y, después de la comparación, discrimina entre ellas. Esto constituye el proceso de conceptualización.




A parte de esta dicotomía del sujeto y el objeto, el proceso de la manifestación fenoménica depende del concepto básico del espacio y el tiempo. A falta del concepto de "espacio", ningún objeto podría hacerse aparente con su volumen tridimensional; del mismo modo, a falta del concepto afín de "tiempo", no podría percibirse el objeto tridimensional ni medirse ningún movimiento, porque no existiría la duración necesaria para que el objeto fuera perceptible. Por tanto, el proceso de la manifestación fenoménica tiene lugar en el espacio-tiempo coceptual, en el que los objetos se convierten en apariencias en la consciencia, que son percibidas y conocidas por la consciencia por medio de un proceso de conceptualización cuya base es una división entre el pseudosujeto que percibe y el objeto percibido. El resultado de identificarse con el elemento conocedor en el proceso de la manifestación produce la concepción de la pseudopersonalidad dotada de libre albedrío personal. Y ésta es toda la base de la "esclavitud" ilusoria.

No comprendáis por pastes todo el proceso de la manifestación fenoménica, dice Maharaj, sino vedlo globalmente en un solo destello de apercepción. Lo Absoluto o lo nouménico es el aspecto inmanifestado de lo que semos, y el fenómeno es el aspecto manifestado. Ambos son no-diferentes. Podría establecerse una analogía burda con la sustancia y su sombra, ¡sólo que lo manifestado sería la sombra de lo inmanifestado sin forma! Lo Absoluto nouménico es intemporal, inespacial, imperceptible por los sentidos; los fenómenos están limitados en el tiempo, tienen una forma limitada y son perceptibles por los sentidos. El noúmeno es lo que somos; los fenómenos son lo que parecemos ser como objetos separados en la consciencia. La identificación de la unicidad (o sujeto) que somos con el estado de separación en la dualidad (u objeto) que parecemos ser constituye la "esclavitud", y la des-identificación (de esta identificación) constituye la "liberación" son ilusorias, porque no hay ninguna identidad que está esclavizada, deseando la liberación; ¡la entidad no es mas que un concepto que surge de la identificación de la consciencia con un objeto aparente, que no es más que una apariencia en la consciencia!.


Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)


12 mar 2011

LA VERDADERA COMPRENSIÓN


La verdadera felicidad, la verdadera tranquilidad consiste no en un esfuerzo volitivo para lograr la felicidad sino solamente en comprender lo que es permanecer en el Ser, en el Yo, y permanecer en el Ser no es algo que pueda adquirirse sino algo que surge espontáneamente cuando la mente está libre de conceptos acerca de lo que está bien o lo que está mal, acerca de lo que es aceptable o inaceptable, acerca de todos esos pares de opuestos. El sabio nos dice que la iluminación o la permanencia en el Ser es nuestro estado natural. No necesita ser adquirido. Cualquier esfuerzo personal, volitivo, significa únicamente el fortalecimiento del ego, del "yo", que es en sí mismo el obstáculo que cubre y esconde nuestro estado original. Es más, ¡el sabio nos asegura que la verdadera comprensión de este hecho es todo lo que necesita el buscador! Cuando la comprensión es real y profunda no surge la pregunta: "He entendido lo que me está diciendo, su teoría, pero, ¿qué hago exactamente en mi vida cotidiana?". Esa pregunta no puede surgir. Si surge es porque la comprensión no ha sido verdadera o lo suficientemente profunda.

Específicamente, ¿qué es la verdadera comprensión? ¿Qué es lo que significa exactamente? Sería difícil dar una respuesta más sucinta que la aseveración del sabio chino Shen Hui: "Sólo evitando las intenciones puede la mente deshacerse de los objetos". En otras palabras, la verdadera comprensión sería entender que no existe una entidad individual separada que pueda tener intenciones y por lo tanto no existe nadie que pueda tener libre elección en sus decisiones o acciones. La verdadera comprensión es que la aparente entidad individual no vive, sino que es vivida como instrumento a través del cual funciona la Consciencia. Esta comprensión, o sea que la entidad individual no puede ser el sujeto de ningún objeto, debe significar, forzosamente, que ningún individuo puede ser el comprendedor de ningún conocimiento. Cuando no existe ningún individuo, lo que queda es la apercepción, la iluminación, la comprensión.

Photo by Guillem


La verdadera comprensión es la de que únicamente la noción del "yo", el ego, puede tener alguna intención o volición o voluntad. En efecto, son todos sinónimos. Existe la idea falsa de que la ausencia de intenciones o de voluntad o de motivación implica la inacción a nivel fenoménico. Lo que quiere decir es que, en ausencia de la intención, el accionar no se puede detener, el accionar debe ocurrir y ocurrirá, pero no será un accionar volitivo sino espontáneo, nacido del Noúmeno.

La verdadera comprensión también incluye la realización de que, en ausencia de un comprendedor individual, la comprensión no puede ser resultado o la consecuencia de un esfuerzo llevado a cabo por un hacedor, por demás inexistente. Sólo puede surgir espontáneamente como resultado de la tendencia natural de la Consciencia identificada a manifestarse como un impulso interior hacia la des-identificación.


Ramesh S. Balsekar
(Un Dueto De Uno)




15 feb 2011

REVELAR LA VERDAD


Ashtavakra hace todo lo posible para poner en palabras lo que realmente no se puede poner en palabras. Y hace esto por una sola razón: la esperanza de que quizá una palabra específica o una frase específica que pueda revelar la Verdad y eliminar la confusión que ha aparecido y que recubre la naturaleza real del discípulo. Afirma repetidamente que todo lo que hay es la Consciencia y que por lo tanto el discípulo, al igual que el gurú, no puede ser otra cosa que la Consciencia; aun más, todos los objetos fenoménicos, incluyendo el gurú y el discípulo, son únicamente el Noúmeno subjetivo en su expresión objetiva como manifestación.




Pero la comprensión de esa verdad en un nivel intelectual sencillamente no es suficiente porque en la raíz de la comprensión intelectual todavía está el culpable, ¡el "comprendedor" individual! La costra individual externa tiene que ser hecha añicos antes de que la comprensión intelectual se convierta en percepción intuitiva o apercepción. Y esta costra individual sólo puede ser hecha añicos desidentificándose de la seudo-subjetividad a través de la experiencia subjetiva de la ausencia total de una entidad individual separada.



Ramesh S. Balsekar
(Un Dueto de Uno)




29 sept 2010

LA FALSA IDENTIFICACIÓN ES LA "ESCLAVITUD"


Cierto visitante formuló a Maharaj una pregunta, titubeando bastante. Después de decir que no sabía si su pregunta podía parecer muy elemental, expuso que si el problema de la "esclavitud y la "liberación" procedían, en esencia, del sentido de identificación con el cuerpo, ¿cómo y por qué se producía esta identificación? Añadió, además (quizá decidiendo que "una vez perdido, merecía la pena echarse al río"), que no entendía por qué tiene que tener uno siquiera un conocimiento espiritual, si al final de nuestra vida el resultado es el mismo, tanto para el jñani como para el ignorante: el cuerpo vuelve a los cinco elementos y la consciencia se convierte en nirguna.

Maharaj escucha a veces a los consultantes con los ojos cerrados, sobre todo cuando le hablan en marathi. Maharaj escuchó también a este visitante con los ojos cerrados, pero mientras escuchaba iba cambiando la expresión de su cara. Parecía severo, y pensé que iba a replicar diciendo: "¿Qué pregunta es ésa?" Pero la severidad se tornó en seguida en un gesto dulce y razonable, y Maharaj sonrió.

Empezó entonces a hablar con suavidad, con los ojos todavía cerrados. "Vamos a empezar por lo fundamental en la consciencia. Si no eres consciente el mundo no existe para ti, ya que no puedes conocer nada. Esta consciencia (en la que uno conoce el universo fenoménico) es todo lo que somos. Mientras estamos en el mundo fenoménico, sólo podemos percibir eso; no podemos ser eso-que-somos hasta que nos despertemos del sueño de lo fenoménico, comprendamos que el sueño es sueño y dejemos de conceptualizar y objetivizar. Éste es el principio esencial básico: el noúmeno es la sustancia, el fenómeno es simple reflexión... los dos son no-diferentes.
El punto siguiente que debes entender es éste: en el mundo fenoménico, cuando "tú" ves a "él", ambos son objetos que se ven mutuamente como apariencias en la consciencia. Pero entiende esto: no hay ningún sujeto que vea al otro como objeto. Sólo hay el acto de ver, que funciona como un aspecto concreto del potencial del noúmeno. Esto se aplica también a todos los demás actos de oír, tocar, gustar, etcétera. Todo ello es, en esencia, "funcionamiento".
Sigamos adelante. Este "funcionamiento" tiene lugar por medio de la física, del aparato psicosomático que como fenómeno, en sí mismo no es más que una manifestación y, por tanto, también es un aspecto del noúmeno, como la sombra lo es de la sustancia. Mientras no haya una entidad individual que pretenda tener libre elección de acción todo funcionamiento fenoménico tiene lugar espontáneamente y no surge la cuestión de la "esclavitud" y de la "liberación".



Pero lo que sucede es que el núcleo funcional de una forma psicosomático (podríamos llamarlo, a efectos de nuestro análisis, la consciencia "personal", a pesar de que la consciencia como tal no se puede dividir) se reviste de una subjetividad espuria como entidad separada, aunque en sí mismo no es más que un objeto, ya que el noúmeno es el único sujeto. Así se crea la pseudoentidad que se supone que nace, vive y muere. También se supone que esta pseudoentidad tiene autoridad independiente para elegir y decidir; y, con esta supuesta autoridad independiente, también se asume la responsabilidad de todo lo que sucede en el funcionamiento del mundo manifestado, es decir, los sufrimientos de este mundo, los pecados y los méritos esperados, y la consiguiente "esclavitud" y necesidad de "liberación".
¿No queda ahora clara la situación? Lo-que-somos se identifica erróneamente de manera relativa con lo-que-no-somos, y esto último es la pseudoentidad. La "esclavitud" surge de esta identificación. Es esta pseudoentidad la que sufre culpabilidad y esclavitud y la que busca liberación. "Yo" no puedo sufrir de ninguna manera, porque "Yo" no está dotado de ningún instrumento para experimentar sensaciones. Toda vivencia, agradable o desagradable, sólo la puede experimentar ese objeto fantasma, producto de una identificación errónea, llamado "yo".
Ahora, finalmente, comprende lo que sucede en el caso del jñani. El jñani ha apercibido la ilusión básica del universo manifestado, así como su papel aparente como fenómeno mientras éste sigue su viaje asignado de la vida, y "vuelve a casa" después. Parece como si viviera la vida como cualquier otro hombre, pero la diferencia significativa es que se ha desidentificado a sí mismo de la pseudoidentidad y por tanto, no padece sufrimientos.
En el caso de la persona ignorante, la pseudoidentidad (que es, en sí misma una ilusión) sigue por el mundo soñado, que es la manifestación, creyendo que es una entidad independiente con aparente voluntad. Y sufre, porque se ve envuelta en la noción de la causalidad, llamada karma, que incluye también el concepto del renacer.
Lo Nouménico Absoluto se manifiesta por medio de millones de formas que se crean y se destruyen a cada momento, y en este funcionamiento espontáneo no hay ningún lugar para el concepto de ninguna entidad. Por tanto, cualquier acción (positiva o negativa) que se base en el concepto de una entidad autónoma e independiente supone que no se han captado los fundamentos esenciales del Advaita. Mientras haya una pseudoidentidad que se considere a sí misma un buscador espiritual que trabaja para conseguir la "liberación", seguirá la "esclavitud". Debe percibirse de manera profunda, intuitiva, que el buscador es lo buscado. Cuando esto sucede, el buscador desaparece."


Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)


18 sept 2010

VOLICIÓN


La única práctica que puede liberar al ser humano del veneno de la sensación de ser el hacedor, es el abandono de la identificación con un objeto en particular como "yo". Ese abandono sólo puede ocurrir a través de la fe, de que la volición o el sentido de ser el hacedor es simplemente una inferencia, ya que realmente no hay una entidad que ejercite tal volición. Los seres humanos pueden pensar que "viven" su vida, pero de hecho sus vidas están siendo vividas como parte del funcionamiento total de esta manifestación fenoménica. Todos los eventos juntos constituyen el funcionamiento de la manifestación de acuerdo con la inexorable cadena de causalidad. Sería increíble imaginar que este funcionamiento de la totalidad pudiera dejar ningún lugar o campo para la volición individual.


Por esta razón Ashtavakra alude a la "fe" como el único remedio para la mordedura de serpiente que simboliza la noción de ser el hacedor; fe en que el ser humano existe, no como una entidad cuerpo-mente individual que es meramente un objeto fenoménico, sino como Noúmeno, no como un objeto individual sino como el único Sujeto. Una fe de este tipo provoca la comprensión repentina y espontánea de que "Yo" soy el único sujeto y que la totalidad de la manifestación fenoménica es mi expresión objetiva. "Yo" soy la Consciencia universal dentro de la cual ha surgido espontáneamente la totalidad de la manifestación fenoménica.


Ramesh S. Balsekar
(Un Dueto De Uno)

9 jun 2010

¿QUIÉN ES QUÉ? (tercera parte y última)


EL JUEGO DE LA UNICIDAD EN LA DUALIDAD

Si el noúmeno quiere mirarse a sí mismo (ahora estamos conceptualizando, por supuesto), no puede hacerlo sin objetivarse en forma de fenómenos. El noúmeno, al ser subjetividad pura, no puede verse a sí mismo como noúmeno. La manifestación fenoménica, por tanto, no es algo que está fuera, "proyectado" por el noúmeno, sino que es una objetivación como manifestación de él mismo en sí mismo.


Cuando en el noúmeno se agita la consciencia adquiriendo ser, y surge allí el sentido de presencia (Yo soy), aparece al mismo tiempo el sentido de dualidad, el conocedor y lo conocido, el que experimenta y lo experimentado. Pero la dualidad es sólo aparente y no real, porque la unicidad esencial no se puede dicotomizar. Los dos aspectos (la Consciencia en reposo -nouménicamente- y la consciencia en acción -fenoménicamente) no se disgregan ni se unen mutuamente, porque el aspecto dual surge únicamente como concepto. Shiva (el noúmeno) existe en la agitación de la Consciencia porque tal actividad no tiene más fuente que Shiva; y la actividad misma, la manifestación y el funcionamiento (Shakti) tiene lugar en y dentro de Shiva (el noúmeno). La dualidad no es más que una ilusión, un concepto que no afecta ni puede afectar a la unicidad de lo absoluto. ¡No se ha de olvidar que la creación conceptual del universo no es más que "el hijo de una mujer estéril"! Si la dualidad fuera real, cada una de las dos partes tendría una naturaleza propia distinta de la de la otra. Por tanto, la aparición y la desaparición de la dualidad aparente son, ambas, una ilusión que se prolonga ilimitadamente, momento tras momento, sin interrupción. La identidad esencial es innata.
El noúmeno y los fenómenos (o cualesquiera otras palabras que denoten estas condiciones relativas) no son más que nombres que debemos usar para comunicarnos en el estado dual, después de tener lugar la manifestación. Sólo son dos palabras que se usan para describir los dos estados concebidos en el concepto, pero que no pueden alterar la unicidad básica a la que no afectan en absoluto. Pueden levantarse o caer las olas, pero la extensión de agua, como tal , no resulta afectada. La aparición y la desaparición de los fenómenos manifestados en loa Consciencia representa el juego de Shiva (lílá), según el punto de vista tradicional hinduista. Si bien, a efectos de un estudio analítico, se pueden tratar como distintos, el jñána y el bhakti son, en realidad, dos aspectos dfe una misma unidad fundamental. Por eso, al principio de su célebre tratado de filosofía advaita titulado Amritánubhava (la experiencia inmortal), el santo y poeta de Maharashtra, Jnanesvara Maharaj, rinde pleitesía "con la máxima humildad" a esta dualidad aparente de Shiva- Shakti, para que puedan divulgar su naturaleza verdadera (es evidente que aquí "humildad" no significa lo contrario de "orgullo", sino la negación misma de una entidad separada que no puede ser orgullosa ni humilde, por la sencilla razón de que el verdadero conocimiento sólo puede aparecer cuando existe un vacío total).
Podemos entender ahora por qué Maharaj dice que la "consciencia" es el Dios supremo, al que es preciso propiciar con bhakti y con oraciones para que ello divulgue su naturaleza verdadera: limitada en el tiempo en su aspecto conceptual relativo, en lo que concierne al individuo, pero intemporal e inespacial y, por tanto, infinita y eterna, cuando no hay concepción. Una comprensión completa de su naturaleza verdadera aniquilaría al buscador mismo y lo disolvería en la paz eterna de la Consciencia en reposo, en la subjetividad pura, en ello. Toda la manifestación y su funcionamiento en la consciencia (lo que somos en la dualidad) es una simple apariencia, un lílá, como el reflejo del sol en una gota de rocío. La destrucción del reflejo no afecta al sol. La consciencia en acción es el lílá limitado en el tiempo que, al final del período que le corresponde, se funde con la Consciencia en reposo: la Conciencia infinita e incondicionada que no sabe de sí misma.


Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)


2 jun 2010

¿QUIÉN ES QUÉ? (segunda parte)


LA NATURALEZA DE LA CONSCIENCIA Y DE LA MANIFESTACIÓN

Cuando Maharaj nos pide que consideremos a la consciencia como el Dios más elevado y que le recemos pidiéndole orientación, da por supuesto, naturalmente, que seguimos identificándonos con nuestros cuerpos y considerándonos a nosotros mismos como entidades separadas con libertad de acción independiente. Pero el universo manifestado no puede entregar su secreto sobre esta base de la individualidad y de la libertad de acción. Por eso, dice Maharaj, rezad con sinceridad y con fervor a la consciencia, fuente de toda sensibilidad, para que se vayan soltando poco a poco estas ataduras de la entificación, permitiendo a la psique purificada recibir de la consciencia, del sadgurú, el secreto de su naturaleza verdadera.
El apego del ser humano al cuerpo como entidad separada se debe por completo al condicionamiento que recibe de sus padres, de sus mayores y de otros, desde los primeros instantes de su entendimiento, en el sentido de que él es el cuerpo concreto con un nombre concreto. Al cabo de muy poco, queda convencido sin ninguna duda de que él es el cuerpo que está dotado de la fuerza vital del aliento, inspirando y espirando continuamente, y de una consciencia o sensibilidad que aparece y desaparece según se alternan los estados de vigilia y reposo. En realidad, lo único que ha sucedido es que el noúmeno se ha objetivado en millones de formas (entre ellas la forma humana) como fenómenos que constituyen la manifestación total y su funcionamiento, y estos objetos fenoménicos se crean y se destruyen constantemente en el proceso de la manifestación, y ninguno tiene libertad alguna de acción. De hecho, por tanto, no se trata de que los diversos seres humanos posean cada uno una consciencia, sino que es la Consciencia la que posee los millones de formas a través de las cuales se puede objetivar el noúmeno. Si hay una comprensión clara y una convicción profunda del proceso de la aparición y desaparición continua de la manifestación, como ocurre en el caso del jñáni, entonces la consciencia se ve bajo una luz completamente distinta. ENTONCES, la consciencia en acción, es decir, los fenómenos, se ven como los instrumentos perecederos por medio de los cuales tiene lugar la manifestación; aunque, naturalmente, la manifestación no es distinta del noúmeno, sino que sólo el aspecto objetivo del noúmeno, el único sujeto.
Esto no lleva a la cuestión de por qué dice Maharaj que la consciencia está "limitada en el tiempo". La respuesta es que la Consciencia necesita una forma física para manifestarse, y la consciencia manifestada en esa forma sólo puede perdurar mientras perdure la forma física. La forma física está compuesta, sustentada y nutrida por los alimentos, que no son más que la esencia de los cinco elementos(la combinación de los fluidos vitales de los padres que provoca la concepción en el vientre femenino es, de suyo, la esencia de los alimentos consumidos por los padres). Cuando "muere" la forma física, el aliento sale del cuerpo y se disuelve en la conciencia inmanifestada. La consciencia dentro del cuerpo se halla, pues, limitada en su manifestación, en cada caso por el plazo de vida que se ha asignado a cada forma física y por tanto, está limitada en el tiempo.


Todo lo anterior se puede recapitular de la manera siguiente:

a) El ser humano individual considera la consciencia (con minúscula, adviértase) como parte de la dotación interior de su cuerpo que posee desde que nació. Por eso, en esta etapa Maharaj le dice que su existencia misma depende de su consciencia dentro del cuerpo. Su hubiera nacido sin esta consciencia, "él" habría sido arrojado y destruido como un troza de basura. Por eso, dice Maharaj, comprended que esta consciencia es el único "recurso" que puede servirle para comprender su naturaleza verdadera.

b) A continuación, Maharaj lo saca de la complacencia con que considera que la consciencia es su propiedad personal, diciéndole que él no es un individuo propietario de la consciencia, sino que, por el contrario, la Consciencia (con mayúscula, adviértase) es el aspecto objetivo manifestado de lo Absoluto inmanifestado, y es en ella donde aparece todo el universo, incluyendo los millones de seres humanos; y que, por tanto, él no es más que una parte minúscula de la manifestación total, y todo el espectáculo no es más que una ilusión.

c) Si se ha comprendido claramente esta situación también se percibirá que, mientras exista el cuerpo, nosotros no somos el cuerpo perecedero, el aparato psicosomático que sirve para que tenga lugar la manifestación, sino que somos la consciencia animadora que da sensibilidad al aparato físico. Sin embargo, cuando "muere" el cuerpo y la consciencia manifestada lo abandona y se funde con la consciencia inmanifestada, nosotros somo la Consciencia en reposo, la Conciencia Absoluta.


Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)


31 may 2010

¿QUIÉN ES QUÉ?

EL MAYOR FRAUDE

Maharaj dice que la consciencia es el Mahamaya engañoso y hechicero, que es el mayor engaño que ha existido jamás. Este fascinador sentido de presencia no es más que un sentido, un concepto que se presenta en lo Absoluto Inmanifestado como un huésped no deseado, que se apodera de la casa de manera tan insidiosa que al anfitrión lo invade una sensación de falsa seguridad y de bienestar. Maharaj también lo califica de "enfermedad temporal" que produce un delirio mientras dura.
Este sentido de estar vivo, de estar presente, es tan embriagador que a uno lo hechiza la manifestación que presenta. Uno se apasiona tanto por el espectáculo, que rara vez se preocupa de enterarse de si el espectáculo existe de verdad o si no es más que una visión, una alucinación, un sueño, un espejismo. Uno ve el árbol, y le encanta tanto que uno olvida que el árbol no es más que el desarrollo de la semilla, que es su verdadero origen. El propósito del paramartha (parama-artha, el significado esencial) es buscar la fuente, la semilla. ¿Cuál es la semilla de esta manifestación? Si no eres consciente, ¿existe alguna manifestación de alguna clase?, pregunta Maharaj. Si no eres consciente, ¿Existe para ti el universo? El mundo sólo es cuando eres consciente. Así pues, evidentemente, el universo se contiene en la mota de consciencia (que se supone que existe en un mínimo resquicio del centro del cráneo). La consciencia no puede manifestarse a sí misma, no puede ser consciente de sí misma si no hay un aparato psicosomático: el cuerpo. ¿Cuál es el origen del cuerpo? Evidentemente, el espermatozoide masculino fertilizado en un óvulo del vientre de una mujer. ¿Cuál es el origen del espermatozoide y del óvulo? Los alimentos que consumen los padres. Y bien, pregunta Maharaj, ¿a qué conclusión llegamos? Lo Absoluto, el potencial último, la fuente de todo ¡no puede de ninguna manera ser una cosa tan vulgar como "los alimentos"! Por tanto, ¡esta yo-soy-dad, la consciencia, este sentido de presencia no puede ser más que un concepto, una visión un sueño, una alucinación! Y esta consciencia es la fuente de toda manifestación... ¡de hecho, es la manifestación!
Llegados a este punto, surge un pregunta básica y fundamental, ¿Quién ha llegado a esta conclusión? ¿Quién puede ser, sino "Yo"? "Yo", que soy responsable de todo tipo de manifestación; Yo, que soy todo tipo de fenómeno manifestado; Yo, que estaba presente hace cien años; Yo, que estaba presente antes de que se concibiera el "tiempo"; Yo, que soy la intemporalidad; Yo, que soy la conciencia no consciente de sí misma, pues en éste, mi verdadero estado de Plenitud, de Unicidad, no hay presencia ni ausencia; ausencia de la presencia de presencia, ausencia de la presencia de ausencia, es lo-que-Yo- soy (y todo ser sencible puede decir esto, no de sí mismo, sino como "yo")


¿Necesitamos un breve repaso de todo? Aquí está:

1.- La existencia manifestada es fenoménica, y los fenómenos, al ser apariencias cognoscibles sensorialmente y limitadas por el tiempo, son una visión, un sueño, una alucinación y, por tanto, falsos. La existencia inmanifestada es Absoluta, intemporal, inespacial, no se da cuenta de existir, no cognoscible por los sentidos, eterna; por tanto, es verdadera. ¿Quién dice esto? La consciencia, naturalmente, que intenta conocerse a sí misma y no lo consigue, porque el conocer (no existe conocedor como tal) no puede conocer: el ojo no se puede ver a sí mismo, aunque vea todo lo demás. El buscador es lo buscado. Esta es la verdad básica y esencial.



2.- Yo, inmanifestado, soy la potencialidad total, la absoluta ausencia de lo conocido y lo cognoscible, la absoluta presencia de lo desconocido y lo incognoscible. Yo, manifestado, soy la totalidad de todos los fenómenos, la totalidad de lo conocido en la inconcebibilidad de lo desconocido inmanifestado.

3.- Sólo puede existir Yo(el Yo eterno) absolutamente incondicionado, sin el más leve vestigio de atributos, subjetividad pura. El mero pensamiento "mí" es una esclavitud inmediata y espontánea (aunque ilusoria). Que desaparezca de , y entonces, de manera inmediata y espontánea, tú eres Yo.


4.- Fenoménicamente, "mí" (y "tú", y "él") no es más que una apariencia en la consciencia; ¿Cómo puede estar sujeta a esclavitud una apariencia? Nouménicamente, ¿cómo puede Yo (subjetividad pura) necesitar liberación alguna? La liberación no es más que librarse de la idea de que existe "alguien" que necesita liberación.

5.- ¿Cómo puede saber uno si está "progresando" espiritualmente? Es posible que la muestra más clara del "progreso" sea la falta de interés por el progreso y la falta de angustia por la liberación, a raíz de una aprehensión clara de la apercepción instantánea del "funcionamiento" total de nisarga (la naturaleza) en la que no hay lugar para una entidad autónoma.



Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)

15 mar 2010

ESTADO NOUMÉNICO


Janaka describe la transformación gradual que ha ocurrido en el transcurso de la aniquilación de lo que había sido condicionado a creer que era su identidad. Ha desaparecido la identificación con el objeto fenoménico, el aparato psicosomático que, vacío de cualquier sustancia o autonomía, jamás fue una entidad sino sólo una mera aparición en la Consciencia. En efecto, Janaka ha comprendido que todo el duro trabajo que efectúan los "buscadores" al seguir las técnicas y los métodos prescritos no sirven para nada, porque siguen aferrándose a la ilusión de que ellos son entidades con independencia para trabajar y alcanzar algo. Janaka ha comprendido claramente que lo que sea que el buscador intente hacer se verá frustrado mientras considere que "él" mismo lo está "haciendo" como entidad independiente y autónoma, no importa cuán "sagrada" y desinteresada sea la acción o la falta de acción. Esto es así porque, aunque el buscador haya reconocido la naturaleza ilusoria del universo y de todo lo que hay en él, aún no ha comprendido que, como parte intrínseca del universo fenoménico, ¡él mismo también es una ilusión!. El hacedor individual es una ilusión, por lo que el "hacer" necesariamente también está dentro del transcurso temporal y es igualmente ilusorio.

En otras palabras, Janaka le dice a su gurú que él, habiendo apercibido la naturaleza ilusoria de lo que aparenta ser en la manifestación fenoménica, permanece en su estado natural. Esto, por supuesto, es el estado nouménico del cual ha surgido toda la manifestación como una aparición soñada dentro de la Consciencia. Janaka pone muy claro que ha tenido la percepción intuitiva directa de la Verdad, de que él es el infinito inconcebible. El objeto fenoménico cuerpo-mente con el que se había identificado por ignorancia es meramente una aparición en la Consciencia, una sombra insustancial.

Para comenzar, Janaka indica que ha comprendido que el cuerpo (el sistema respiratorio, el digestivo, el nervioso y los demás) funciona casi completamente por su cuenta, sin necesidad de dirigirlo conscientemente par que lo haga. También se ha dado cuenta de que la corriente de los pensamientos fluye por sí misma si una no se involucra. Por lo tanto, no es absolutamente necesario involucrarse personalmente en nada.

Este diálogo entre Ashtavakra como gurú y Janaka como excelente discípulo no es un debate entre dos individuos sino una especie de unión entre Consciencia y Consciencia, una especie de compartir del estado de plenitud.

Sin apego al sonido (a la palabra), dice Janaka, él ha comprendido que las palabras, con sus significados e implicaciones, son todas movimientos dentro de la Consciencia, modificaciones mentales que no tienen repercusiones en el Ser, el Yo. Por lo tanto, él ha trascendido las reacciones mentales que son usuales hacia las palabras. Las palabras son simplemente sonidos y cuando se ven bajo esta luz no hay necesidad de reaccionar a nada de lo que sea dicho. Y cuando esto es comprendido, no hay necesidad de huir de la sociedad hacia un bosque y convertirse en eremita. En realidad tomar ese curso, el escaparse de la sociedad, es un enfoque negativo con consecuencias totalmente opuestas a las esperadas. Los peligros que supuesta mente tiene que confrontar un buscador viviendo en la sociedad representan, en realidad, un reto a su comprensión. Hasta que no haya dentro del buscador la convicción de que todos los objetos fenoménicos son simples apariencias insustanciales, no puede haber una verdadera comprensión como tal. Y cuando el buscador comienza a ver todos los objetos como objetos, sin asumir así la subjetividad del Noúmeno, deja de haber el conflicto sujeto-objeto. Esta relación no-objetiva es la verdadera percepción que lleva al despertar.

Janaka prodece entonces al asunto de la meditación. Manifiesta que no encuentra la necesidad de ninguna acción, incluyendo la meditación, ya que eso presupondría la adquisición de algo, aunque ese algo sea el objetivo sagrado de alcanzar la liberación. Janaka hace la atrevida afirmación de que él encuentra que todos esos métodos y esfuerzos son distracciones y que él en su lugar sencillamente permanece en su estado natural. Cuando él permanece en eses estado natural todos los opuestos interdependientes se niegan entre sí y desaparecen completamente, con lo que ya no queda nada que se pueda aceptar o rechazar. Incluso pensar en lo impensable es completamente fútil. Todo lo que es necesario, dice Janaka, es permanecer en la auténtica naturaleza propia.

Ramesh S. Balsekar (Un Dueto de Uno)