Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


24 abr. 2010

SEXO


CONOCER EL SEXO




Conocer el sexo significa liberarse de él trascenderlo. Pero incluso tras toda una vida de experiencias sexuales, la gente no hace ningún esfuerzo para comprender que la relación sexual les proporciona una experiencia fugaz del samadhi, una ventana que se abre a la superconsciencia. Esa es la gran fuerza del sexo, la raíz de la atracción hacia el sexo. Eso es lo que cautiva del sexo.

Con una actitud de meditación, coprenderéis esa experiencia pasajera que continuamente tira de vosotros. Y hay formas más fáciles de obtener la misma experiencia: la meditación, la práctica del estado de atención vigilante, el yoga. Todas son formas para obtener la misma experiencia, pero es fundamental saber que esa es la experiencia que nos atrae.

Un amigo mío me escribió para decirme que el tema sobre el que tratan mis charlas le resulta embarazoso. Me pedía que imaginara la incómoda situación de una mujer que asistiera con su hijo a mis conferencias, o de un hombre acompañado por su hija. Decía que no se debía hablar de tales cosas abiertamente. Le dije que no podía ser más ingenuo. Si una madre es sensata, debería compartir sus experiencias sexuales con su hija a su debido tiempo, antes de que su hija entre en el mundo del sexo, antes de que se extravíe por los erróneos senderos del sexo por falta de información y por inmadurez. Un padre respetable e inteligente compartirá sus experiencias con sus hijos para que no vayan por el mal camino, para que no se perviertan.

Pero lo paradójico de la situación consiste en que ni los padres ni las madres tienen una experiencia profunda del asunto. Como no se han elevado por encima del nivel del sexo, temen que si sus hijos oyen hablar del tema también queden enredados en el mismo nivel. Yo le pregunto a esas personas: ¿a quiénes habéis hecho caso para hebros enredado así? ¡Os habéis enredado vosotros mismos! A vuestros hijos les ocurrirá lo mismo; pero ¿no es posible que si vuestros hijos acceden a la comprensión, a la capacidad de pensar, que si se les dan los conocimientos se libren de malgastar su energía, que la conserven y la transformen?

Todos hemos visto carbón muchas veces. Los científicos dicen que es un proceso que dura milenios: el carbón se transforma en diamante y no existen diferencias químicas ni estructurales entre ambos. Un diamante es la manifestación transformada de un trozo de carbón. Un diamante es simplemente carbón.

El sexo es carbón y el celibato un diamante, el estado transformado del carbón. El diamante no es antagónico del carbón; es solo una transformación. Es un viaje que realiza el carbón hasta una nueva dimensión. El celibato no es lo opuesto al sexo, sino una transformación del sexo. Quien sea enemigo del sexo nunca logrará el celibato.

Para llegar a la dimensión del celibato...y hay que llegar, porque al fin y al cabo, ¿que significa el celibato? E celibato significa haber logrado que la conducta y los actos de una persona sea como la de un dios. Significa haber alcanzado la santidad. Y eso se consigue transformando nuestras energías mediante la comprensión.


Osho
(El libro del Sexo)


3 comentarios:

  1. Genial esta explicación de la transformación, tal y como Osho nos lo cuenta.

    A base de la comprensión de que el éxtasis del orgasmo es una pequeña muerte del ego, unos instantes de iluminación, como los instantes del sueño profundo... Por esos instantes, nos quedamos "enganchados" al sexo... hasta que sucede esa transformación espontánea generada por la misma comprensión!

    Gracias Guillem por este regalo.
    Con todo mi amor...

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  2. Querido amigo, te digo que al leer el título, seguí de largo más de una vez; ocurre que la mente pone barreras para que la conciencia NO DESCUBRA aquello que es haz de luz en el camino de nuestra comprensión.
    Hoy, distendido y buscando entre los amigos blogueros, vine aquí, donde pones y expones tu corazón abierto en cada post.
    Gracias... es realmente bueno encontrar breves y claros textos con los que aseveramos a nosotros mismos aquello que vivenciamos en nuestro, a veces solitario, sendero de aprendizaje, y que, con un tema tan especial como el sexo y la sexualidad, nos cuesta encontrar la luminosa explicación para confirmar en palabras nuestras decisiones respecto a tal punto.

    Nuevamente te saludo, agradezco por éste post bueno para nuestra conciencia.

    Te saludo con las manos juntas.

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