
Tse escribió el Tao Te Ching, su primera línea fue: "El Tao que puede nombrarse no es el verdadero Tao".





EN DOCE PUNTOS
1. Primera afirmación básica y desafío al sentido común
Todo está interrelacionado con todo: así se formula la primera conclusión fundamental a la que llegó la física moderna, en su estudio de las partículas elementales, unidades discretas de energía que, sin embargo, presentaban una característica muy extraña: unas veces se comportaban como partículas; otras, como ondas.
Aquella primera conclusión viene a constatar la unidad e interacción de todos los fenómenos, y la naturaleza intrínsecamente dinámica del universo. Todo influye en todo; todo –nosotros incluidos- constituye una gran Red.
Las partículas subatómicas no pueden entenderse como entidades aisladas, sino como una especie de interconexiones que se producen entre la realización de un experimento y su medida. A medida que penetramos en la materia, aparece una inmensa red de conexiones entre las partes de un conjunto. Por eso, la física no se interesa ya por los objetos, sino por el binomio inseparable sujeto-objeto. Como ya dijera Platón, “estamos dentro de una realidad que también está dentro de nosotros”.
Ervin Schrödinger, uno de los padres de la física cuántica, lo ha expresado de este modo: “Mi mente y el mundo están compuestos de los mismos elementos. El mundo me viene dado de una sola vez: no hay el mundo que existe y el que es percibido. El sujeto y el objeto son solamente uno. No puede decirse que se haya derrumbado la barrera entre ambos como resultado de recientes experiencias en el campo de las ciencias físicas, porque esa barrera no existe”.
Por otro lado, la moderna teoría de los sistemas (K.L. Bertalanffy) viene a decirnos que, cuanto más complejo es un sistema, las relaciones entre sus partes son más significativas que sus partes mismas. Por lo que, en los sistemas complejos, el todo abarca mucho más que la suma de sus partes, porque la información que contiene es mayor que la suma de la información que contienen sus partes consideradas individualmente.
Desde esa primera conclusión, gran parte de los descubrimientos de la nueva física constituyen un inquietante y significativo desafío al sentido común. Que –como se decía más arriba- las unidades subatómicas sean de naturaleza dual y que, en función de como las veamos, se manifiesten a veces como partículas y a veces como ondas, parece una contradicción: ¿cómo algo puede, al mismo tiempo, ser una partícula localizada en un espacio y un momento determinado, y una onda que se esparce por una extensa región? Y, sin embargo, ocurre. El principio de identidad aristotélico, por el cual un elemento es igual a sí mismo, y el mismo principio de no contradicción, por el cual una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo, quedan en entredicho.
Al igual que una onda, la luz produce interferencias, pero un fotón de luz también rebota de todo electrón, igual que una partícula. Esto quiere decir que está en dos sitios al mismo tiempo, que se mueve a velocidades extremadamente altas y se desplaza simultáneamente en diferentes direcciones. Parece una contradicción intolerable, pero es así.
Por otro lado, no es difícil “extrapolar” estas conclusiones a nuestra vida cotidiana. Como las partículas, también nosotros podemos percibirnos como “localizados” en un sitio, o como en un estado de expansión ilimitado…, algo a lo que accedemos gracias a la expansión de la conciencia, en cuanto trascendemos la mente.
3. Sincronicidad y campos morfogenéticos
El psicólogo C. Jung y el físico W. Pauli coinciden en afirmar la existencia, en la naturaleza, de un principio de vinculación no causal: es la sincronicidad, que no puede ser explicada por la ley de la causalidad. La explicación parece venir de la mano de la existencia de “campos mórficos” o “morfogenéticos”, de que habla Sheldrake.
El biólogo Rupert Sheldrake propone que la naturaleza maniobra mediante campos mórficos o morfogenéticos, una especie de campos informativos que poseen la memoria de lo que acontece: cuando se produce algún suceso, se debe a que la forma activa tiene una resonancia con el campo que actualiza el hábito natural que está implícito en el acontecimiento. Eso mismo parece suceder con la memoria cultural. A ese fenómeno lo denomina “resonancia mórfica”. Esto explicaría sincronicidades curiosas, como el hecho de que un mismo descubrimiento se realice simultáneamente, de modo independiente, en diferentes lugares del planeta. Por decirlo en palabras sencillas, sería la Conciencia común y compartida la que se “expresaría” en y a través de personas, objetos y acontecimientos.
El campo cuántico es considerado como una realidad física fundamental, un medio continuo que está presente en todas las partes del espacio; las partículas son sólo simples condensaciones locales del campo, concentraciones de energía que va y viene, perdiendo su carácter individual y disipándose en el campo.
Para los físicos cuánticos, algo parece claro: El universo se mueve regido por la dialéctica de los opuestos. Y en todo hay sincronía: dos relojes colocados en una misma habitación, acompasarán automáticamente sus ritmos (aunque sean a propósito desacompasados); igualmente, dos mujeres que conviven regularán al mismo tiempo su ciclo menstrual; también los generadores colocados en paralelo… Los átomos cantan al mismo tiempo: hay una formulación matemática que organiza los ritmos.
4. La conciencia que crea la realidad: fenómenos “paranormales” verificados
Dentro de los parámetros de la física clásica, resulta absolutamente imposible explicar fenómenos que, por otra parte, no pueden ser contestados, ya que han sido sometidos a exigentes pruebas de verificación.
El hecho de poder caminar descalzos sobre el fuego y no quemarse (y el poder hacerlo incluso cualquier persona, por escéptica que sea, con tal que tome la mano del fakir); de secar sábanas empapadas en agua con el calor del cuerpo desnudo, en medio de la nieve, en una noche de invierno; o de crear tulpas, “visiones”, que pueden llegar a ser vistos incluso por otras personas…
En este último punto, la experiencia vivida y relatada por Alexandra David-Neel sigue resultando inquietante. En su obra clásica Magos y místicos del Tibet (Espasa-Calpe, Madrid 1971; editada posteriormente por Índigo, Barcelona 1988) narra una experiencia propia de creación de formas de pensamiento. A los pocos meses de realizar los ritos y la concentración prescritos por sus maestros tibetanos, comenzó a captar imágenes de un monje fantasma, su pretendido tulpa. La ilusión era fundamentalmente visual, aunque a veces llegaba incluso a sentir su roce. Pero hay más: hasta un pastor llegó a ver el lama creado por el pensamiento. Es sabido que, para el misticismo tibetano, todos los fenómenos que percibimos son espejismos nacidos de nuestra imaginación. Y que, con la práctica adecuada, la mente puede llegar a crear “imágenes mentales” o tulpas, que tendrían el mismo estatus de “realidad” que aquéllas a las que está habituado el “sentido común”.
A partir de lo que ha descubierto la física moderna, los primeros hechos a los que hacía referencia pueden explicarse porque la conciencia interviene en la vibración acelerada de las moléculas, deteniendo procesos que consideramos “normales”.
Esto significa que la conciencia se mete en los entresijos del mundo físico, afectándolos. Más aún, parece abrirse camino la certeza de que la conciencia es tal vez el único fenómeno que efectivamente existe: toda la matriz materia-espacio-tiempo debe a ella su existencia. Por lo que no puede hablarse del mundo físico como algo “ahí fuera”. Todo es creación de la conciencia. La materia-espacio-tiempo es un aspecto de la misma.
Esto nos lleva a reconocerla como todopoderosa. Lo cual no significa que nosotros seamos todopoderosos, por la sencilla razón de que no tenemos un control total de la conciencia.
En cualquier caso, aquí radica la transformación más asombrosa de la visión del mundo, a partir de los descubrimientos de la nueva física: La conciencia juega un indudable papel en el llamado universo físico.
5. El mito de una realidad que existe “ahí fuera”
Habitualmente, en nuestra visión de la realidad, hemos venido funcionando con un mito, al que hemos dado por absolutamente válido: Al acercarnos al exterior, todos percibimos lo mismo.
Es fácil, sin embargo, reconocer el presupuesto en el que dicho mito se ha mantenido (y todavía se mantiene para la gran mayoría de la gente). Ese presupuesto no es otro que la creencia en que hay un universo físico “ahí fuera”. Y nos hemos enseñado a nosotros mismos a estar de acuerdo sobre ello y sobre los “objetos” de ese mundo “exterior”.
Sin embargo, la física moderna viene a asegurarnos que no existe algo “ahí fuera” de nosotros.Todo se halla inextricablemente interrelacionado con todo, por lo que el universo no es algo que exista “ahí fuera”, y del que el observador se encontraría separado. Más bien al contrario, es ununiverso participativo.
Por un lado, sabemos que el observador altera lo observado por el mero acto de su observación. Por lo que algunos científicos, como se ha dicho más arriba, abogan por reemplazar el término “observador” por el de “participante” (J. Wheeler). Porque lo cierto es que no “observamos” el mundo;participamos en él.
Y, por otro, sabemos también que eso que llamamos “ahí fuera” no es como nuestros sentidos y nuestra mente creen que es. “Ahí fuera” no hay ni luz ni color, sino solamente ondas electromagnéticas; “ahí fuera” no hay sonido ni música, sino solamente variaciones periódicas en la presión del aire; “ahí fuera” no hay calor ni frío, sino solamente moléculas que se mueven con mayor o menor energía cinética media…, y así sucesivamente. Lo que hay, tanto “fuera” como “dentro”, es un torbellino vertiginoso de ondas/partículas en diferentes intensidades de vibración.
En lo que se refiere a “nosotros”, podría decirse que somos, a la vez, una expresión más de ese mismo torbellino y la Conciencia que lo está provocando o de la que está emergiendo. Y todo ello, de una forma no-dual.
Lo que ocurre, en todo caso, es que la mente humana no percibe lo que está “ahí”, sino lo que cree que debería estar ahí.
Sin embargo, tal como insiste la nueva física, hay una conclusión que parece irrebatible: no observamos el mundo físico, participamos con él. Nuestros sentidos no están separados de lo que llamamos “ahí fuera”, sino íntimamente implicados en un proceso de realimentación notablemente complejo, cuyo resultado final es crear efectivamente lo que está “ahí fuera”.
La conciencia es una parte integrante de la realidad; eso significa que co-crea lo que observa. Si vemos un árbol, en vez de un cúmulo de átomos desorganizados, es porque la conciencia humana concede a la realidad física estas características particulares.
Por eso, mirado de cerca, el concepto de “ahí fuera” resulta ridículo. Sólo podemos esperar encontrar un “ahí fuera”, porque creemos que existe. Por eso, todas nuestras nociones acerca delcarácter absoluto del universo físico son erróneas.
¿A qué se debe entonces ese engaño que nos lleva a afirmar la existencia de algo “ahí fuera”? Al modo de operar de la mente, por su propia naturaleza separativa. Para poder funcionar, la mente debe forzosamente separar. A partir de la primera dicotomía sujeto/objeto, para la mente, toda la realidad queda fraccionada. Todo lo que no es “yo”, está “fuera”. Y puesto que pensar es delimitar o “establecer fronteras”, a la mente le resulta fácil marcar un límite entre lo que llama “sujeto” y todo lo demás: es sencillamente el límite o frontera de la piel. Por eso, en cuanto la mente hace su aparición en la historia humana, con ella aparece también la idea de un “mundo exterior”, de una realidad “ahí fuera”, separada y marginal.
Sin embargo, eso es sólo un engaño de la mente, que se realimenta por el simple hecho de que lo hemos creído a pie juntillas. Lo que llamamos “mundo exterior” no está separado de nosotros y, de hecho, basta detener el pensamiento para percibirlo así.
Todo constituye un conjunto unificado, sin separaciones mentales, arbitrarias y artificiales, en ununiverso participativo en el que todo interactúa en una interferencia constructiva, en la que la Conciencia se va desplegando en innumerables formas, como olas “únicas” y hermosas en el océano común y compartido.
(Una vez más, la física nos lleva a la espiritualidad y a la filosofía. Para quienes estén interesados en la “revisión” de los planteamientos filosóficos que han perpetuado y fortalecido el engaño dualista, desde Aristóteles hasta Descartes, recomiendo la lectura de los libros de M. CAVALLÉ, La sabiduría recobrada. Filosofía como terapia, Martínez Roca, Barcelona 2006; y La sabiduría de la no-dualidad. Una reflexión comparada entre Nisargadatta y Heidegger, Kairós, Barcelona 2008).
6. El cerebro percibe lo que quiere percibir
Del punto anterior, se deriva una conclusión patente: como ha quedado dicho, la mente humana no percibe lo que está “ahí”, sino lo que cree que debería estar ahí. Los neurólogos empiezan a decirnos que el cerebro humano sólo ve lo que quiere ver. La conclusión de la nueva física apunta en la misma dirección: el cerebro percibe lo que quiere percibir. Por eso, tal como les ocurrió a los indígenas ante las carabelas de Colón que llegaban a sus costas, no podemos “ver” todo aquello que escapa a “nuestro mundo”.
Eso significa que no nacemos al mundo; nacemos a algo que convertimos en el mundo. “El Entorno tal como lo percibimos es invención nuestra” (H. von Foerster).
Acabamos de ver que nuestros sentidos no están separados de lo que llamamos “ahí fuera”, sino íntimamente implicados en un proceso de realimentación notablemente complejo, cuyo resultado final es crear efectivamente lo que está “ahí fuera”.
Precogniciones, visiones colectivas… acontecen. Son realidades no menos “reales” que otras que aceptamos como “razonables”. J. Pearce lo expresó con claridad: “La mente del hombre refleja un universo que refleja la mente del hombre”.
7. La realidad (y la conciencia) como un holograma: Cada parte está contenida en el todo… y el Todo se halla en cada una de las partes
La física cuántica ha encontrado que las unidades básicas (las partículas subatómicas) no pueden ser aisladas como unidades o bloques individuales. Su comportamiento posee propiedades de campo, al venir determinado por la colectividad de las partículas. El universo es semejante a un gran holograma.
Por otro lado, estudios neurológicos han revelado que algo parecido ocurre en el cerebro. El proceso implicado en la interconexión de todas las regiones del cerebro no es químico ni electroquímico. El cerebro se asemeja también un holograma.
Un holograma es una representación o imagen de tipo transparente, creada con la ayuda del láser, en donde la imagen contenida no es bidimensional, sino tridimensional. Lo más intrigante es que, cuando se corta por la mitad, resultan dos imágenes, cada una de las cuales contiene la imagen entera. El todo está contenido en cada parte. Eso significa que esa imagen posee propiedades semejantes a las de un “campo”.
La nueva física nos asegura que el universo es un holograma, en el sentido de que se trata de un tejido dinámico de acontecimientos correlacionados, en los que cada parte del tejido determina la estructura del todo. Los experimentos con partículas subatómicas no dejan lugar a dudas: todo está interrelacionado con todo, y es precisamente esa interrelación la que posee y funciona como un “campo” que organiza el conjunto.
Si la conciencia es un campo y no es más que una vibración en el continuum de campos que organizan la materia, ello nos proporciona una explicación para la interacción entre la mente y la materia.
8. Existe una realidad más allá del tiempo-espacio
Hasta Einstein, se creía que el tiempo y el espacio eran realidades inamovibles y separadas. Aquella creencia ha quedado radicalmente superada. No sólo son aspectos de un “algo” único, sino que son totalmente relativos al observador.
La nueva física ha dado un paso más, al afirmar que hay “regiones” que literalmente no existen ni en el espacio ni en el tiempo.
Cualquiera sabe que todo lo que ocurre, ocurre en el presente: incluso cuando recordamos el pasado o proyectamos el futuro, no podemos hacerlo sino desde el presente.
Pero todavía es más radical la afirmación de la atemporalidad. Lo que llamamos presente, si dejamos de percibirlo mentalmente como un “tiempo intermedio” entre el pasado y el futuro, se manifiesta como lo que es: no-tiempo, atemporalidad. La física viene a decirnos algo que los místicos siempre habían experimentado: que existen “regiones” de nuestro universo y de nuestra conciencia fuera del tiempo y del espacio.
En concreto, la sabiduría espiritual de Oriente ha dicho siempre que nuestras percepciones de un universo que existe en el tiempo son erróneas. Por encima y más allá de esta realidad ilusoria, está elvacío: una región donde el concepto mismo del tiempo deja de tener ningún significado.
9. La realidad última del universo: el “lugar” que han experimentado los místicos
Para la física moderna, la materia y el espacio-tiempo vacío aparecen como una y la misma cosa. Las tres dimensiones aparentes del espacio son virtualmente inexistentes en el nivel de la espuma cuántica. Lo que ahí se da es una “interconexión cuántica” (J. Wheeler), en la que cada punto en el espacio está interconectado con todos los demás puntos del mismo. De un modo similar, podemos sospechar que cada punto en el cerebro humano está conectado, por medio de la espuma cuántica, con todos los demás puntos del universo.
Para el físico cuántico es claro que la materia carece de base física. Tras la solidez aparente de la silla, se esconde en realidad el superholograma de un torbellino de ondas/partículas. A ese nivel, la conciencia es capaz de crear materia. Y eso constituye la prueba final de que lo no físico, la conciencia, tiene dominio sobre el mundo físico.
Einstein nos enseñó que la materia y la energía pueden convertirse la una en la otra: E = mc2, la materia es energía altamente condensada. No existe la materia; solamente existe la interferencia constructiva del universo interpenetrante. Frente a la idea mecanicista del universo, la física moderna nos dice que el átomo está compuesto por vastas regiones de espacio vacío; la materia consta principalmente de espacio vacío. (Si una pelota de béisbol alcanzara el tamaño de la tierra, sus átomos se verían del tamaño de una cereza. Y en ese átomo del tamaño de una cereza, todavía no podríamos ver su núcleo a simple vista. Si ese átomo aumentara hasta tener el tamaño de la cúpula de la Basílica de san Pedro en Roma, su núcleo solamente tendría el tamaño de un grano de sal).
La “realidad última”, en opinión de la nueva física, se asemeja más a un gran Vacío primordial, un “lugar” más allá del tiempo y el espacio, del que brotan, en un proceso increíblemente complejo y hermoso, todas las formas que existen. En pocas palabras: las piedras y las estrellas son meramente ondulaciones en la nada.
Ése es, precisamente, el “lugar” de la experiencia mística, el lugar del Silencio, de la Presencia, del Absoluto, de la Unidad… Un “lugar” conocido y frecuentado por los místicos de todos los tiempos; un “lugar” incluso en el que las mismas religiones han dicho que se podía vivir la “experiencia de Dios”.
Es profundamente significativo el hecho de que esta frase: “El tiempo, el espacio y la causalidad son como el cristal por el que se ve el absoluto y cuando es visto aparece como el universo”, del matemático H. Minkowski, pueda encontrarse en la sabiduría de la tradición Advaita.
10. El mito hindú
¿Qué es entonces el universo, y qué sentido tiene toda esta historia? Pareciera que, a la nueva física, no le desagrada el antiguo mito hindú, para el que toda la existencia es un juego (lila), el juego del Absoluto.
El Yo supremo es todo lo que existe, todo lo que hay, pero no tiene a nadie con quien jugar. Eso le lleva a jugar al escondite consigo mismo. En este juego, puede experimentar diez mil millones de vida, ver a través de diez mil millones de ojos, vivir y morir diez mil millones de veces.
Finalmente, el Yo se despierta de sus muchos sueños y recuerda su verdadera identidad. Es elYo único y eterno del cosmos. El juego comienza. El juego acaba.
11. En el umbral de una etapa nueva
Como ha quedado dicho, puede afirmarse que la transformación más asombrosa de la visión del mundo, a partir de los descubrimientos de la nueva física, es ésta: La conciencia juega un indudable papel en el llamado universo físico. Hasta el punto de que, para la nueva física, el universo se parece más a un gran pensamiento que a una gran máquina.
Las implicaciones que contiene una tal afirmación nos llevar a concluir que nos hallamos en el umbral de una época sumamente notable. Los físicos nos están diciendo que hay que reconsiderar el papel de la conciencia. El mundo es omnijetivo. Todos los objetos, con respecto a la conciencia, son como las olas en relación al mar.
En las próximas generaciones, nuestras vidas pueden cambiar radicalmente, de forma sobrecogedora. La vida se transformaría en algo tan distinto que su descripción cae fuera de las posibilidades de nuestro lenguaje.
Debido a que todo es una proyección de la mente, la existencia o no existencia de dioses y diosas depende de nuestros respectivos metaprogramas. Incluso la idea de que existe un mundo “ahí fuera” no es sino otro metaprograma.
Por eso, es razonable la afirmación de J.S. Mill: “No son posibles los grandes cambios en el destino de la humanidad hasta que tenga lugar un gran cambio en la constitución fundamental de su modo de pensar”.
Las aportaciones de la física moderna pueden abrir nuestras mentes y favorecer aquellas prácticas espirituales que hagan posible ese cambio.
12. Y, en todo ello, el lugar de la práctica meditativa
Coherente con la antigua “visión del mundo”, la religión –no podía ser de otro modo-, había enseñado a los humanos a relacionarse con el Dios de “ahí fuera”, objetivando lo Absoluto,separándolo del resto de lo real y desembocando en una actitud y comportamiento marcadamenteheterónomos. En lógica “coherencia”, la religión llegó a la conclusión de que ese “dios exterior” habría creado/fabricado el mundo como una realidad también “exterior” y ajena a él.
La Modernidad, apoyada en el reconocimiento de la racionalidad y de la autonomía, se había empezado a rebelar contra esa visión: no podía haber ningún Dios “ahí fuera” o “separado” que, en la práctica, supusiera la eliminación de la autonomía y libertad humanas.
Con la nueva comprensión que se deriva de los datos aportados por la física cuántica, aquella crítica se hace todavía más radical. En el mismo instante en que “caemos en la cuenta” de que no existe un mundo “ahí fuera”, venimos también a hacernos conscientes de que “ahí fuera” tampoco puede haber ningún dios separado. Ese dios no sería sino una “creación” de nuestra mente (hemos hecho alusión antes el enorme poder creador de la misma).
Sin embargo, esa “creación” –sobre la que se han asentado, por otra parte, la totalidad de las religiones- no es ni arbitraria ni “falsa”. Fue el modo habitual en el que los humanos, en el nivel de conciencia en que se encontraban, podían “dar nombre” al Misterio de lo Real, creativo y en constante despliegue. Un Misterio, sin embargo –y esto constituye la mayor “novedad” frente al planteamiento típico de la religión-, no-dual.
Por eso, en la visión que se desprende de la nueva comprensión, si bien es cierto que caen definitivamente por tierra las visiones religiosas tomadas en su literalidad, no se pierde nada valioso. Al contrario, lo que venimos a descubrir es la admirable y asombrosa “convergencia” de la nueva comprensión con lo que afirma la más genuina espiritualidad. Hasta el punto de que, no solamente no hay conflicto, sino que parecen reclamarse mutuamente: las afirmaciones de los físicos cuánticos convergen con las de los maestros espirituales.
En cierto modo, podría decirse que la nueva física es no-dual. A partir de experimentos contrastados en el reino de las partículas elementales, viene a concluir tajantemente que todo se halla interrelacionado con todo, que no hay nada “separado” de nada. Y que todo lo que percibimos, más allá de lo que nos hagan creer nuestros sentidos y nuestra mente, no es sino “forma” o “expresión” que remite a una Realidad primordial, que algunos no dudan en nombrar como Conciencia.
El hecho de que todo lo real sea, efectivamente, no-dual nos permite comprender el dato de que, progresivamente, los diferentes campos del saber vayan también asumiendo ese mismo carácter: desde la filosofía hasta la psicología transpersonal, desde la hermenéutica hasta la espiritualidad…, y que vayan decayendo todas aquellas formas duales –tanto filosóficas como religiosas-, porque empiezan a ser percibidas como incapaces de dar razón de la realidad tal como empezamos a experimentarla.
Pues bien, en todo este cambio sin precedentes, que puede llegar a remover todo lo conocido,¿qué lugar ocupa la práctica meditativa?
En una primera respuesta, hay que decir que dicha práctica viene a aquietar y silenciar la mente. De ese modo, nos permite salir de la trampa de la propia mente dual, objetivadora y separadora, abriéndonos a una visión transmental, en la que se nos da percibir la naturaleza no-dual de lo real.
En segundo lugar, al anclarnos en el presente –toda práctica meditativa consiste precisamente enatender a lo que está aconteciendo “aquí y ahora”-, nos introduce en ese “lugar”, que es en realidad un “no-lugar”; en ese “tiempo”, que es en realidad lo “atemporal”. En definitiva, en la “región” que se halla más allá del espacio-tiempo, donde acontece la experiencia de lo Absoluto, de Lo Que Es.
Y, en tercer lugar, es esa práctica la que nos ayuda a percibir nuestra identidad última, más allá del yo con el que nos habíamos identificado. Al acallar la mente, se diluye el yo, y emerge, en un primer momento, el Testigo que todo lo observa, sin reducirse a nada de ello; para dar paso, posteriormente, a la percepción de sí mismo como el “Yo universal” que se está expresando y viviendo en esta forma concreta, que llamamos “identidad psicológica”.
No deja de ser admirablemente sabio que, tanto estudiando la física cuántica como meditando, somos conducidos a experimentar lo Real como Misterio luminoso, omniabarcante y no-dual, rompiendo definitivamente la prisión egoica en la que la identificación con nuestra mente nos ha mantenido atrapados. Del mismo modo que somos más que la mente, el Universo es más que un conjunto o suma de átomos. Se abre ante nosotros un horizonte pleno de novedad y, en último término, de Vida. Horizonte para el que nuestra mente carece de palabras y de conceptos adecuados y que, a falta de términos más apropiados, nombramos como Misterio, Vacío, Conciencia, Presencia, Plenitud…
Teruel, 26 octubre 2009
Enrique Martínez Lozano ( http://www.enriquemartinezlozano.com/ )











El Wu-Wei o No-Actuar, la Inacción. Significado real.



¿Es posible acallar la pesada voz que habla sin parar desde nuestra cabeza? ¿Quién es esa voz? ¿Es posible ir más allá del pensamiento?
Estas preguntas acecharon a Eckhart Tolle durante un tiempo. El ruido de sumente fue en aumento hasta que en medio de la angustia y la ansiedad su mentecolapsó. La voz mental se calló y sus pensamientos dejaron de hacerle sufrir. Losespacios de silencio entre pensamientos aumentaron y la paz y la quietud se instalaron en su vida.
De repente, como un fogonazo, alcanzó el estado que los monjes zen persiguen durante décadas en los monasterios y muy pocos alcanzan. A raíz de esta experiencia abandonó su puesto de investigador en la Universidad de Cambridge y se dedicó a dar seminarios por el mundo, hablando de la importancia de hacernos dueños de nuestros pensamientos, “que nos han poseído”, y de vivir el momentopresente, porque “es lo único que existe”.
¿Cómo alcanzaste tal claridad?
Todo empezó una noche cuando experimenté una especie de transformación de laconciencia. Al día siguiente me encontré de repente en un estado de paz interior que después ya nunca me ha dejado.
Desde entonces siempre he tenido en el fondo un estado de paz. Antes había vivido en estados de depresión y de ansiedad, y cuando me pasó aquella transformación, no lo entendía, no tenía ni idea de lo que me había pasado, solo sabía que yo estaba en estado de paz. Tardé algunos años en comprender gradualmente lo que me había sucedido. Empecé a leer libros espirituales, textos antiguos y algunos textos nuevos, estaba buscando comparar lo que me había pasado a mí con lo que decían estos libros. Una cosa extraña me pasaba cada vez que abría un libro espiritual hindú o cristiano, inmediatamente entendía la esencia.
Los textos y conversaciones con los maestros espirituales, monjes budistas, yoguis… me explicaron lo que me había pasado. Dos años después de la transformación estaba en un monasterio hablando con un monje budista zen y me dijo que lo esencial del zen consiste en ir más allá del pensamiento. Entonces me di cuenta de que eso me había pasado a mi porque después de aquella noche, mis procesos mentales se habían reducido aproximadamente un 80% de lo que habían sido antes. Había muchos espacios sin pensamientos en mi mente, no inconscientes sino muy conscientes, pero sin proceso mental.
El estado de paz ya había estado allí siempre pero estaba cubierto con el ruidomental continuo y gradualmente empecé a entender cual es la esencia de la transformación espiritual. Todos los maestros hablan de la misma cosa; utilizan palabras diferentes pero en el fondo todos apuntan hacía el mismo estado. Después lo reconocí también en los evangelios de Jesús en algunas cosas que él dijo.
Ahora que vendes millones de libros y das conferencias ante grandes audiencias supongo que mucha gente te idealizará ¿Cómo llevas eso?
Son proyecciones porque ellos piensan que yo soy especial. Pero todo el poder de la enseñanza espiritual viene a través de esta forma que soy por la simple razón de que yo sé que yo no soy nadie especial. Mucha gente identifica el poder del espíritu que viene a través de la forma con la forma, y es muy importante no aceptar esas proyecciones. Yo soy muy consciente de esas proyecciones y no las acepto, pienso que son ilusiones.
En el momento que yo piense que yo soy muy especial, me identificaría otra vez con un pensamiento condicionado. Yo sé que les ha pasado a algunos maestros espirituales, el peligro es mayor si vives en un ‘ashram’ rodeado de discípulos y nunca tienes contacto con otras personas. Después de algunos años empiezas a creer que eres lo que ellos creen que eres, lo he visto en algunas personas, y vuelve el ego.
Hablas de ir más allá del pensamiento. Para personas que estamos acostumbrados a estar casi siempre identificados con el pensamiento, ¿cómo podemos imaginar ese otro escenario que propones?
No hace falta imaginarlo; casi todos son capaces de experimentar aunque sea por un momento muy pequeño lo que significa estar sin pensamiento y al mismo tiemposer plenamente consciente. La mayoría de la gente no se da cuenta de que incluso en un día normal, siempre hay intervalos muy pequeños entre dos pensamientos en algunos momentos.
Las personas que no tienen esos intervalos están muy enfermas psicológicamente, pero si todavía en tu vida existe de vez en cuando la alegría del ser o el amor, la comprensión o la belleza, si respondes interiormente a algo que es bello, eso significa que hay esos intervalos porque es allí dónde surgen. Los pensamientos no pueden reconocer lo profundo que es algo bello.
El amor o la compasión no vienen a través de los pensamientos, vienen de una dimensión más profunda, y la gente que no tiene acceso a esa dimensión nunca experimenta la belleza, amor, compasión o una alegría más profunda del ser. En esta civilización loca (risas), hay personas que en su vida ya no tienen esa experiencia del amor, de la belleza, de una paz interior de vez en cuando, les falta todo eso y en aquellas personas el ruido mental sigue, sin interrupciones.
¿Cuál es el primer paso para acallar la mente?
Tomar conciencia de que esos espacios existen en un día normal. Estás mirando a un árbol o al cielo, a las nubes, y es un momento en el que no hay ningún pensamiento. Solamente la percepción y la conciencia a través de la cual la percepción sucede. Un espacio.
El primer paso consiste en darse cuenta de que, sin hacer nada, algunos espaciosexisten en mi vida. Después se pueden buscar esos espacios activamente. Yo recomiendo hacer cosas que uno hace normalmente como lavarse las manos, tomar un café, ir de aquí a allí, entrar en la escalera, subirse al ascensor… tomando conciencia de acto y del momento, sin hacer de ello un medio para un fin sino un fin en sí mismo. Lavarse las manos sintiendo el agua, el jabón, secarse las manos… Solamente la percepción y la conciencia.
Otra cosa que también recomiendo es cuando entras en tu coche, cierras la puerta y te quedas unos treinta segundos sin hacer nada, sentir el cuerpo, la vidadentro del cuerpo. No es mucho, 30 segundos, pero muchos de estos momentos en un día inician un cambio. Esos pequeños momentos en los que no pensamos sino que estamos conscientes sin pensar.
Es más importante tener muchos momentos pequeños durante el día que estar en una meditación de media hora cada día y luego pasarse el día sin tener espacios. Entonces empieza un cambio, surge la conciencia no condicionada, la concienciapura. Lo demás, los pensamientos, son una forma de conciencia condicionada por el pasado. Casi toda la gente está atrapada en un sentido del ‘yo’ que depende de los pensamientos condicionados y una imagen mental que tiene de “quién soy”, o sea una identidad que depende de los pensamientos.
Eso significa moverse por la superficie de la vida sin nunca ir más profundamente. Una vida de ese modo se hace muy insatisfactoria, siempre hay sufrimiento. Si tuvida se desarrolla solamente en la superficie del ser, que es cuando te identificassiempre con los pensamientos, entonces le falta la profundidad y sufres.
Si no soy los pensamientos ¿Quién soy yo?
No eres los pensamientos, eres el espacio desde el cual surgen los pensamientos. ¿Y qué es ese espacio? Es la conciencia misma. La conciencia que no tiene forma. Todo lo demás en la vida tiene forma. En esencia somos esa conciencia sin forma que está detrás de los pensamientos. Pero para experimentarlo es necesaria una experiencia de quietud interior. Si yo tengo solamente un momento en el día de quietud alerta que me da un sabor de lo que es, ya entiendo lo que es laconciencia no condicionada, más allá del pensamiento. Una persona que no tiene ese momento, ni siquiera un momento, no puede entender nunca de qué estamos hablando ahora. No lo entendería.
¿Has llegado a alguna conclusión de lo que hay después de la muerte?
De algún modo, casi puedo decir que he muerto ya porque si no estás identificado con la forma, lo que queda es lo eterno que no tiene forma. Entrar en eso conscientemente es encontrar la muerte antes de que la muerte te encuentre a ti (risas) y si entras ya en la dimensión que no tiene forma y has entrado en la muerte, te das cuenta de que lo que llamamos muerte en realidad es la vida, es la vida sin forma. La muerte es solamente la disolución de la forma y queda la vida, o lo que Jesús llama “vida eterna”. Por eso la muerte, incluso la muerte que sucede cerca de ti cuando se muere alguien, es siempre una posibilidad de realización espiritual. Detrás de cada muerte se esconde la gracia.
Entonces, ¿para qué estamos aquí?
Estamos aquí para que la conciencia pueda florecer a través de esta forma y entrar en el mundo de las formas para transformarlo. El propósito de la vida, en lo profundo, es ser como una puerta para la dimensión sin forma, que entonces entra en el mundo de las formas y convierte el mundo en algo que ya no es hostil.
En el libro Un mundo nuevo ahora, estableces una relación entre lo que está sucediendo en el mundo a nivel de catástrofes climáticas, etc., con el estado de conciencia de los seres humanos.
¿Podrías desarrollar un poco esa idea?
Lo que uno experimenta como la vida exterior, las situaciones que uno encuentra, las cosas que pasan, las relaciones que tiene, es decir, el modo en que la persona experimenta la vida, es siempre un reflejo de su conciencia, de su estado interior, del estado de la mente. Si una persona, por ejemplo, siempre está rodeada de personas violentas, en cada situación encuentra violencia, significa que hay algo dentro que es una fuerza violenta, agresiva. Son inconscientes de esta situación, y una persona completamente inconsciente experimenta su propio estado como cosas que le pasan desde el mundo exterior. Si una persona así se hace conciente, de repente sería capaz de ver que dentro suyo existe violencia emocional o mental, entonces empieza la transformación.
¿Cómo es un día ordinario en tu vida?
Muy simple. Yo pienso relativamente poco. En la vida diaria, si estoy con una persona, la escucho hasta que las palabras surjan, o si estoy en la calle comprando también tengo pocos pensamientos y reacciones. Las situaciones son como son. La vida es muy simple. Muy pocas veces pienso en el pasado y la atención está en la simplicidad. El momento presente siempre es bastante simple porque es solamente eso. La consciencia está en la simplicidad del momento presente. Hay paz incluso si algo no va bien. No llevo encima una identidad.
Por ejemplo, en la enseñanza espiritual, la gente me llama maestro espiritual y ellos piensan que es mi identidad pero yo lo veo simplemente como una función. Cuando estoy con un grupo de personas y estoy hablando, entonces soy el maestro espiritual, pero en el momento en que salgo de la sala dejo de ser el maestro espiritual inmediatamente y solamente hay una consciencia abierta que no lleva una imagen de quien soy. Porque cada imagen que llevas te va a conducir al sufrimiento.
Voy por la calle sin ser nadie en particular, simplemente un espacio consciente. Das un paseo no como una persona sino como un espacio consciente, o estás tomando un café no como una persona, pensando en tu historia personal, simplemente como un espacio consciente, sin llevar las constantes definiciones de quien soy o hablándome de mi vida con esa voz interior que me cuenta cosas de mi vida: “no estoy contento con mi vida” o cosas así que son cuentos, pensamientos. ) Estas complicaciones, afortunadamente, no las tengo. Publicado en la Revista Namaste




--¿Qué somos?
--Inteligencia y amor puros. Yo he logrado pasar del yo personal al yo profundo, al ser que somos en esencia.
--¿Cómo ha llegado a él?
--Con el silencio. Meditando. Silenciando la mente. Al silenciar la mente, te quedas frente a ti mismo. Frente a ese ser que no tiene forma, ni espacio ni tiempo. Es el único ser real.
--¿Y la realidad que nos rodea?
--¡No existe físicamente ni según los físicos! Con nosotros pasa lo mismo: lo real de nosotros es lo que no se ve.
-¿Y el ser que creemos que somos?
--Tan solo es una idea que tenemos. Y las ideas se evaporan. La única realidad tuya no tiene nada que ver con lo material. Es algo extratemporal, extraespacial y extramaterial.
--Por tanto, no teme a la muerte.
--No la temo. No quiero morir, pero si mañana llega la muerte, la recibiré con alegría. De verdad. En contra de lo que sentía cuando tenía fe religiosa. El infierno me atemorizaba.
--Que ahora no existe.
--No hay nada fuera del ser absoluto. Y el ser absoluto es gozo.
--¿Es usted feliz?
--Totalmente, excepto en cuanto pierdo la conciencia de mí, de lo que realmente soy. Somos tontos o estúpidos al perder la conciencia.
--¿Cuándo cambió su vida?
--A los 48 años. Conocí a Antoni Blay Fontcuberta, mi maestro y amigo. Me dio la vuelta. Me dijo: «¿No te das cuenta de que tú enseñas a dominar la mente, pero lo que importa es dominar al dueño de la mente?»
--¿Y qué hizo?
--Le di vueltas, dejé de ganar mucho dinero, porque tenía muchos alumnos. Me dije: ‘Date los cursos a ti’.
--¿Qué es la alegría de ser uno?
--El gozo de sentir que tú eres mucho más de ese ser que crees ser. Yo no soy lo que creo ser, sino mucho más.
--Pero vivimos con tristeza y preocupación.
--Por ignorancia. Se trata de pasar del yo mental al yo profundo.
-¿Qué es el verdadero yo profundo?
--No se puede expresar en palabras. Solo lo podemos sentir. Sentir ese yo es lo que te da la felicidad. Solo puedo expresar lo que no soy: no soy ni mi cuerpo, ni mis pensamientos, ni mis emociones.
--¿Qué soy?
--Lo que queda. Lo que hace que tú vivas. Se llega ahí por libros que has leído y, sobre todo, meditando.
--Dice usted: «Sé tú mismo. No seas un conjunto de espejos que reflejan lo que los demás quieren de ti».
--Nos movemos demasiado por el juicio de los demás. Estamos hipnotizados por el condicionamiento social. No pensamos por nosotros mismos, sino por lo que la sociedad nos ha metido en la cabeza.
--¿Y usted?
--A mí me trataron de hereje, de apóstata, y de todo. Porque me di cuenta de que casi todo lo que me habían enseñado sobre Dios era falso. Porque Dios es el innombrable, de él no se puede decir nada; está fuera de nuestros parámetros, más allá del espacio y del tiempo. A Dios solo lo podemos sentir.
--¿Y cómo reaccionaba usted ante las críticas?
--No rebajándome al nivel del que las hacía. Las críticas solo son pensamientos de los demás. Yo no puedo estar pendiente de un pensamiento que tenga otro. Ni me defiendo.
--¿Somos libres?
--Tenemos libre albedrío, pero no somos libres.
--¿Por qué?
--Por los condicionamientos físicos, morales y religiosos. Y por nuestros hábitos y miedos. ¿De quién son los miedos? Del ego. Yo tenía miedo cuando vivía desde mi ego.
--¿Y el miedo a no tener dinero?
--Si no tengo el dinero, yo sé que me vendrá. Porque tengo fe verdadera en que hay unas fuerzas del universo que me darán lo que yo necesite. Llamémosle fe en la providencia.
--¿Le ha funcionado en la vida?
--Totalmente. Si le contara, quedaría usted patidifuso. Cuando yo me di cuenta de que cuando la gente ama al dinero se apega a él, y eso supone una esclavitud tremenda, me dije: ‘Se acabó. No quiero ganar más dinero’. Y pedí a la vida, al ser infinito: ‘No quiero tener más dinero, pero quiero que no me falte lo necesario para vivir dignamente’. Se me fueron todos mis ahorros, y me vino todo lo necesario para vivir. Y eso que mis conferencias son gratuitas.
--La ley de la atracción.
--No está mal. Es demasiado americana, pero tiene un fondo de verdad.
--¿Pide y se te dará?
--Ese fue un consejo que dio el maestro hace 2.000 años para los poco desarrollados. Dijo: «¿Por qué os preocupáis, si vuestro padre os dará lo que necesitáis? Confiad».



UNA VISIÓN POÉTICA
Un águila volará estos días, allá muy alto, cada vez más alto en el infinito cielo, un águila sola, con la mirada más atenta que existe, observando todo, al mismo tiempo, con las alas abiertas, en una inmovilidad absoluta, con el viento sonando como un silbido agudo entre cada una de sus plumas, un águila, con su presencia celeste, su placidez abarca el paisaje entero, es una mirada cierta, una meditación intensa que se apodera de nosotros en estos días altos, serán altos estos días, podremos llenarnos de aires nuevos, despegarnos un rato de la mediática forma de las cosas, para verlas de lejos, elevarnos lo que haga falta de los que a veces nos opaca y nos nubla la vida, es que de allá, desde lo alto parece más pequeño todo lo que desde aquí es tan grande. El águila se apodera de nuestras conciencia por estos trece días para vernos presentes de una realidad más amplia, de una realidad más grande que lo que parece todo, se trata de que seamos capaces de dejarnos un poco desapegar de lo que aferra, alejarnos un poco de creer que lo que vemos es todo. La altura de ese vuelo silencioso podrá dejar atrás lo que se ha ido, podrá poner las cosas en su justa medida, podrá hacer que el mínimo espacio en que se posa un paso, sea sólo eso en el medio de una infinidad inimaginable en su dimensión y en su esencia.
Mientras más alto se vuela más amplia es la perspectiva, mientras más amplia es la perspectiva, más comprensión, más compasión por la vida, mientras más alto se vuela, más se ve de la vida, ya no es tan sólo este evento, este difícil momento, ya no es más este adiós todo lo que queda, ni lo es este duelo, este dolor o este encierro, ya no es más esta casa todo lo que es posible en la vida, ni lo es una sola mirada, la lectura precisa, desde acá arriba es mucho más amplia la vida que le monótona semana, que la rutina diaria, es mucho más grande que la calle en que habitualmente caminas, hay mucha más gente que la persona precisa que te roba la calma, es mucho más grande la vida que el pedazo de la ciudad en que te mueves y es mucho más todavía que el país, que el continente, que la tierra, el planeta, el cosmos, que el universo entero, es tan grande e infinito que “la Casa Central de la Galaxia está en ti y en todas partes al mismo tiempo”, y si así de grande ves todo, entonces podremos hacer el esfuerzo por algo más general que un poquito de algo, podremos reconocernos inmensos y eternos, porque de reconocer el total se hace más bella la vida, saber que lo ves, que eres parte de él, que de todo lo inmenso eres tú testigo, eres tú una conciencia y que de todas partes conciencias se abren, se unen como si fuera un primavera de flores blancas, abriéndose todas en un mismo instante, haciendo este vuelo gigante para sentirse parte de una gran conciencia.
De alguna manera parece que a veces se nos achica la conciencia, parece que algo se adueña del todo, que todo es ese algo, parece que la vida llega hasta donde te dejan verla, parece que el alma rebota en las paredes internas del cuerpo, parece que no hay más nada que lo que tienes al frente, que sin eso que tienes, la vida se acaba, parece que a veces es este terreno, es este pañuelo, este celo, este sueño lo único cierto, parece que apenas si cabes tú mismo y tú misma en tan poquito espacio y está todo el cielo, parece que a veces la vista se arrastra, se encorva la espalda y no quedan más ojos que los que se guardan entre los pasos pequeños, y arriba está el cielo y más arriba el espacio, el cosmos eterno, la inmensidad total que deja a la tierra como un punto pequeño, tan pequeño, si pudiéramos verla, tal vez desde hoy podamos, abramos las alas de águila sideral y volemos afuera de la atmósfera, más allá todavía de la órbita de la vía láctea, para ver a distancia, a tanta distancia que emerja la certeza de nuestra eternidad, que emerja una conciencia así de amplia, así de liberada, así de comprensiva, así de amorosa, que todo lo alcanza, que no tiene amarras que tiran hacia abajo, o hacia los lados, que puedas volar hasta donde tú quieras, que puedas despegar, que puedas. El poder de la visión del águila es así de alto, no se puede quedar acorralado, no se puede mantener aferrado, no se puede limitar con muros no importa de qué material estén hechos, es tiempo este del cambio total del año de la Tormenta Eléctrica, que está en su luna cósmica y final, para que la transformació n que cada uno haya hecho no sea un engaño, es necesario volar, mirar desde lo más alto, observar con la cabeza invisible, desde una mente total, desde un punto inmortal, desde la esencia del yo más sagrado, para no confundirse con reglas, ni parches ni sombras de verdad, para no detenerse en llegadas que tan solo frenan un viaje que nunca se acaba. A veces, hermanos, hay cosas que parecen todo, pero solo basta alejarse un poco para ver la verdad de sus dimensiones, a veces, hermanos, parece que la conciencia llega a algún punto que afirma, pero es mucho más que eso la conciencia, lo que hoy se nos pide en una conciencia cósmica, así de grande, así de eterna y no podía uno hacerla toda, sólo podemos todos hacerla una. De eso se tratarán estos días, abre las alas y vuela, verás que pequeña tu tierra y que grande es el alma.
Vicento Solar Blanco


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LA LLAVE ESTÁ EN LA REPETICIÓN.
OSHO.