Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


31 mar. 2014

LA SENCILLEZ DE LO QUE ES.


Lo que es, es lo que es.


La naturaleza de lo que es permanece como lo que es y, sin embargo, en apariencia “lo que es” parece estar cambiando siempre.
En otras palabras, lo que es, es la base de lo que parece ser. Lo que parece ser es lo que podemos describir como “apariencia”.
Un espejismo es una apariencia de agua donde no hay agua real.
Parece haber una incursión infinita de interminables detalles en la apariencia. Coge un microscopio y mira los detalles de las células en una hoja. Miles de células cada una conteniendo millones de aparentes partes y cada parte juega un papel en la vida de la célula. La complejidad de una célula es incalculable, excepto en términos de descripciones limitadas. Podemos creer que entendemos cómo las células transforman la luz en energía utilizable para la planta o el árbol, pero el milagro de tales detalles es una maravilla más allá de la capacidad del intelecto. ¿Qué tipo de inteligencia está en juego?


El universo está lleno de ejemplos de inteligencia en acción. Perderse en detalles no nos acerca a la comprensión completa de la seidad de lo que es.
Lo que es, no es lo que fue o lo que será. Lo que es, no está limitado a ningún ámbito del tiempo.
Como los momentos del tiempo “parecen” pasar, todas las aparentes partes de lo que llamamos “cosas vivas” y todas las partes de las cosas inanimadas están en incesante movimiento. “La apariencia” es energía expresada COMO la apariencia de la forma. Toda la miríada de formas son una energía expresándose en la inmediatez. Lo que es, es esta inmediatez. Lo que fue, está muerto y se ha ido. Lo que será, no ha sucedido. El llamado “filo de la navaja” está más allá de la mente dualística.
Todo el universo se mueve en esta inmediatez, en este filo de la navaja y en realidad no es nada sino vacio.
Todas las filosofías y religiones y enseñanzas están limitadas por el tiempo y en esencia, no son nada más que “apariencia”, simples patrones en medio del infinito patrón, este uno sin un segundo.

-Gilbert Schultz

22 mar. 2014

LA MEDITACIÓN ES LO QUE SOMOS

Rupert Spira: Una manera de describir la meditación sería decir que es como dormirse pero permaneciendo despierto. Por la noche cuando nos acostamos, simple y gradualmente dejamos partir todo; dejamos que el mundo nos deje, dejamos que el cuerpo nos deje y entramos en el estado de sueños que son simplemente pensamientos e imágenes.
De hecho, no entramos en el estado de sueño sino que el mundo y el cuerpo nos dejan, y tan sólo pensamientos e imágenes permanecen. El pensamiento malinterpreta esto como el estado de sueño y, al cabo de un tiempo, los pensamientos y las imágenes también nos dejan y tan sólo nuestro ser esencial permanece.
Ésta es la esencia de la meditación: Permitir que todo lo que pueda partir se vaya, abandonar todo lo que se puede abandonar —pensamientos, imágenes, percepciones, sentimientos— y aquello que permanece es nuestro ser esencial. Todo aquello que realmente hemos anhelado en nuestra vida reside verdaderamente allí. Así que, ahora, duérmete mientras permaneces despierto.
Esto es lo que quería decir Ramana Maharsi cuando dijo "sé lo que eres". Sé, conscientemente, esta presencia de consciencia abierta y vacía que es inherentemente libre de pensamientos, sensaciones y percepciones.
No hay ninguna necesidad de deshacerse de los pensamientos, sensaciones y percepciones; simplemente ve que no los necesitas. Ellos te necesitan a ti, pero tú no los necesitas. La imagen necesita la pantalla, pero la pantalla no necesita la imagen.
El pensamiento nos dice que somos una entidad que pasa del estado de vigilia al estado de sueño, y del estado de sueño al estado de sueño profundo. Esto no es cierto; somos esta presencia consciente eternamente abierta y despierta que jamás cesa de ser y de conocerse a sí misma.
De vez en cuando, toma la forma de pensamientos e imágenes y el pensamiento etiqueta esto como el estado de sueños. De vez en cuando, toma la forma de sensaciones y percepciones y el pensamiento etiqueta esto como el estado de vigilia. En ningún momento la consciencia se mueve a través de los estados, sino que los estados se mueven en la presencia consciente y no la presencia consciente en los estados.
No nos despertamos en el mundo, es el mundo que despierta en nosotros. Es el mundo que se duerme y desaparece durante la noche, mientras que nosotros permanecemos eternamente despiertos; nosotros, yo, presencia consciente.
¿Por qué buscamos dormir por la noche? Porque existimos allí de manera pacífica y feliz, sin pensamientos, sentimientos, sensaciones, ni percepciones. Cada noche experimentamos el hecho de que existimos perfectamente bien sin la mente, el cuerpo y el mundo.
No tenemos que dormirnos para experimentar esto. No tenemos que apagar la película para darnos cuenta que la pantalla es inherentemente libre de las imágenes que aparecen en ella. La pantalla es libre, aparezcan o no las imágenes en ella. No necesitamos dormirnos para experimentar la inherente libertad de nuestro propio ser. Nuestro propio ser está brillando y resplandeciendo en el corazón de la experiencia veinticuatro horas al día siete días de la semana. Pensamientos, sentimientos, sensaciones y percepciones fluyen a través de nosotros sin dejar traza alguna.
Nada puede realmente tocarnos, aunque nosotros tocamos íntimamente todas las cosas. Nada puede verdaderamente dañar nuestro ser más profundo. Mantente en contacto con tu ser esencial, no es difícil. Es como no perder de vista la pantalla mientras dura la película. La pantalla no está escondida en algún lugar en la película, sino que está resplandeciendo a plena vista.
De la misma manera, nuestro ser esencial no está escondido en el cuerpo o la mente, sino que está justo en la superficie de toda experiencia, resplandeciendo a plena luz.
No pases por alto tu ser esencial. Permanece con él, haz de él tu morada en vez de hacerla en pensamientos y sentimientos. Deja que pensamientos y sentimientos habiten en ti, pero tú no habites en ellos.
Ved que cuando empezamos nuestro diálogo no hay nada que realmente cambie. No es que acabe la meditación y empiece la conversación, la verdadera meditación es ser conscientemente la presencia de la consciencia y somos siempre esa presencia de la consciencia. En otras palabras, la meditación es lo que somos, no algo que hacemos.
Puede haber meditación con diálogo o meditación sin diálogo; puede haber pantalla con imagen o sin imagen. Para la pantalla no hay diferencia alguna en que haya imagen o no. En nuestro caso, el único propósito de la imagen es apuntar hacia la pantalla, de la misma manera que el único propósito de nuestro diálogo es apuntar hacia nuestra naturaleza esencial; y después realinear la mente, el cuerpo y el mundo con nuestro ser esencial.
Tan sólo es un ser separado el que entra y sale de la meditación. De la misma manera es sólo desde el punto de vista del ser separado que entramos y salimos de los tres estados: Vigilia, sueños y sueño profundo. Desde el punto de vista de la consciencia, que es el único punto de vista real, ni entramos ni salimos de la meditación y ni entramos ni salimos de los tres estados: Vigilia, sueños y sueño profundo.
Extraído de un diálogo - Barcelona (España), 17 de febrero de 2013


Artículo de: http://www.advaitainfo.com/


LA ESENCIA (Cuento sufí)

Era un apacible día luminoso, de esos que se suceden en la India. Estaban paseando por el bosque un abuelo y su nieto. El niño gozaba del espiritu del buscador, de aquél que quiere hallar respuestas a los grandes misterios de la existencia.
De repente, dijo:
- Abuelo, ¿qué sucede cuando el cuerpo muere?
La voz cansada pero cariñosa del abuelo, dijo:
- Mi querido nieto, el cuerpo muere, pero el ser (sí-mismo) nunca muere. Él está en tí y en mí y en todos los seres, pero es también el ser de todo el universo. Es la esencia sutil que todo lo anima.
- Abuelo, perdona, pero no termino de comprender lo que quieres decirme – replicó con respeto el jovencito.
En el perfecto silencio del bosque, el abuelo y el nieto siguieron paseando.
De pronto, el abuelo dijo:
- Ve hasta aquel árbol y coge un fruto de sus ramas.
El niñito fue hasta el árbol y cogió uno de sus frutos. Luego volvió hasta su abuelo y se lo mostró.
El anciano dijo:
- Ahora quita la cáscara a ese fruto y dime qué ves.
- El fruto, abuelo.
- Abre el fruto. ¿Qué ves?
- Granos, abuelo.
- Coge un grano y ábrelo. ¿Qué ves?
- Minúsculos granitos, abuelo.
- Abre uno. ¿Qué ves ahora?
- Abuelo, nada. No hay nada dentro.
Y el abuelo explicó:
- Esa esencia sutil que tus ojos no pueden ver, querido mío, esa esencia sutil es el ser. Mantiene en pie al gran árbol. Nos mantiene vivos a ti y a mí, como hace que el fuego arda y el río fluya. No ves esa esencia sutil, pero está ahí.
El niño sonrió satisfecho, agarrándose a la mano caliente de su abuelo. El anciano y el muchachito siguieron caminando por el bosque.
Fuente: un pasaje de los Upanishads encontrado en el libro “Cuentos espirituales de la India” de Ramiro A. Calle


Artículo extraído de http://sloyu.com/blog/blog/2014/03/21/esencia-sutil-ser/