Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


17 nov. 2012

VIVE IGUAL QUE MEDITAS


Que la gente se siente a meditar es hermoso. En mi experiencia, a casi todo el mundo le vendría bien sentarse un rato a meditar en silencio todos los días, ya fueran veinticinco minutos o cuarenta y cinco. Si te apetece sentarte más tiempo, hazlo. Tal vez te apetezca sentarte una hora al día; tal vez dos. Una vez más, se trata de reconectarte con lo que te apetezca hacer. No con lo que quiera hacer tu mente, sino con lo que quiera hacer tu corazón.

No obstante, cuando hablo de meditación no me refiero solamente a lo que hacemos cuando nos sentamos formalmente. La meditación también tiene que ver con la vida y con la forma de vivir. Si sólo aprendemos a meditar bien cuando estamos sentados, por muy profunda que sea la meditación no llegaremos muy lejos. Incluso si te sientas a meditar durante tres horas al día, eso sigue dejando veintiuna horas en las que no estás sentado meditando. Y si te sientas a meditar dos minutos a día entonces pasarás una enorme cantidad de tiempo sin meditar.

Los años me han permitido comprobar que incluso los meditadores realmente buenos se olvidan de su meditación cuando se levantan del cojín. Mientras meditan son capaces de liberarse de sus ideas, de sus creencias, de sus opiniones y de sus juicios. Pero, en cuanto se separan del cojín, sienten (de algún modo) la necesitad de recuperar todo eso de nuevo. La Meditación Auténtica es algo que vive realmente con nosotros. Podremos estar haciendo cualquier cosa, en cualquier lugar, en cualquier parte. Podrás estar conduciendo hacia tu calle permitiendo que todo sea lo que es. Podrás practicar dejando que el tráfico sea lo que es. Podrás practicar permitiéndote sentir lo que sientas. Podrás dejar que el tiempo sea como es. O podrás experimentar la próxima vez que veas a tu amigo o a tu amante. ¿Qué sucede cuando te encuentras con esa persona y permites que sea totalmente lo que es? ¿Qué sucede cuando me permito ser completamente lo que soy? ¿Qué ocurre? ¿Cómo nos implicamos? ¿Qué cambia? Así que la Meditación Auténtica puede ser una meditación muy activa, una meditación muy comprometida.

De hecho, debemos ver la meditación como algo que va más allá de cuando estamos sentados en un lugar tranquilo. Si no, la espiritualidad y nuestra vida cotidiana se convertirán en dos cosas distintas. Ése es el engaño fundamental: creer que existe algo llamado «mi vida espiritual» y otra cosa llamada «mi vida cotidiana». Cuando nos despertamos a la realidad descubrimos que todo es igual. Todo es la expresión ininterrumpida del espíritu.


¿Qué pasaría si tu vida, y no sólo el rato que pasas meditando, se basase en permitir que todo fuese lo que es? Supondría una revolución en la vida de casi todo el mundo. Que la base de tu existencia, su fondo profundo, consistiera en permitir que todo fuese lo que ya es representaría una revolución. Implica permitir que todo sea lo que fue y lo que es ahora, y lo que podría ser. ¿Que pasaría si basases la vida, todas esas horas en las que no estás sentado en silencio, en permitir que todo fuese lo que es?

Si lo hicieras tu vida podría volverse muy interesante. Pues la meditación es segura. Te sientas en tu cojín, en tu silla o en tu banco, y te hacer un ovillo en tu postura preferida, ¿verdad? Te da seguridad; es como regresar al útero, y eso es maravilloso, pues descubres un lugar seguro, un lugar que nadie te puede quitar, y eso resulta agradable. Es realmente agradable. Pero cuando empezamos a abrirnos y consideramos la meditación, más allá de un lugar seguro, una forma de afrontar la vida, ésta se vuelve muy interesante, ¿no? Empezamos a dejar de resistirnos a la experiencia, empezamos a descubrir algo muy potente y poderoso.

Comenzamos a descubrir lo más esencial, la verdad de nuestro ser. Empezamos a descubrir que nuestra naturaleza esencial la conciencia, siempre permite que todo sea lo que es. Por eso meditamos de esta forma, pues la conciencia y lo está haciendo así: permite que todo sea lo que es. La conciencia no se resiste a nada. La conciencia no se enfrenta a lo que es. ¿Te has dedo cuenta? La conciencia, o tu verdadera naturaleza, permite que todo sea lo que es. Si estás teniendo un bien día, tu verdadera naturaleza te deja tener un buen día. Y si estás teniendo un día horrible, tu verdadera naturaleza no se pone en medio como un obstáculo, ¿verdad? Permite que sea lo que es. Aunque ésa sea su base, la conciencia va más allá.

He comprobado que una de las claves para ser verdaderamente libre es vivir igual que medito. Cuando permitimos que todo sea realmente lo que es, cuando nos permitimos esa atmósfera interior, esa actitud interna de no aferrarnos a nada, ese espacio resulta muy fértil: es un estado de conciencia muy potente. Esos momentos de entrega te darán la oportunidad de recibir algo creativo. Es el espacio en el que surge la visión., la revelación. Así que no se trata de dejar que todo sea lo que es a modo de simple objetivo, sino como una meta. Si lo conviertes en un objetivo te perderás la esencia, que consiste en permitir que todo sea simplemente lo que es; ésa es la base, la actitud subyacente. Desde esa actitud subyacente podrán suceder muchas cosas. En ese espacio surgirá la sabiduría, los «ajás». En ese espacio recibiremos el regalo de lo que necesitemos ver. Es el espacio donde la totalidad de la conciencia, y no sólo una pizca de nuestra conciencia mental, podrá informarnos. Y, por último, es el espacio en el que surgirá la conciencia. Es el espacio en el que nos daremos cuenta de que somos conciencia, el material no manifestado del ser.


Adyashanti
(Meditación Auténtica)


14 nov. 2012

EL ORGULLO DEL EXITO


«He trabajado duro y ahora me considero un hombre de mucho éxito. Sería un hipócrita si no reconociera que estoy bastante satisfecho de mis logros y, sí, algo orgulloso también. ¿Hago mal?»

Un visitante extranjero se dirigió con estas palabras a Sri Nisargadatta Maharaj una tarde. Tenía unos cuarenta y cinco años; era un hombre arrogante, seguro de sí mismo y algo agresivo. La conversación transcurrió después de esta manera:


Maharaj: Antes de que consideremos lo que «está bien» y lo que «está mal», haz el favor de decirme quién hace esa pregunta.

Visitante: [algo sorprendid o]:  ¿Cómo? Pues «yo», claro está.

M: Y ¿quién es ése?

V: Este «yo» que está sentado delante de ti.

M: ¿Y crees que ése eres tú?

V: Tú me ves. Yo me veo. ¿Qué duda puede haber?

M: ¿Te refieres a este objeto que tengo delante? ¿Cuál es tu primer recuerdo de este objeto que crees que eres? Remóntate todo lo que puedas.

[Después de unos momentos]: El primer recuerdo que tengo quizá sea estar en brazos de mi madre, recibiendo sus caricias.

M: Siendo niño de pecho, quieres decir. ¿Dirías que el hombre de éxito de hoy es ese mismo niño de pecho que no podía valerse por sí mismo, o es alguien distinto?

V: Es el mismo, sin duda.


M: Bien. Ahora, volviendo la vista atrás más aún, estarás de acuerdo en que ese niño de pecho que recuerdas es el mismo niño que dio a luz tu madre, que es su momento era tan desvalido que ni siquiera era capaz de darse cuenta de lo que la pasaba cuando su cuerpecito realizaba las funciones físicas naturales y sólo sabía llorar cuando sentía hambre o dolor.

V: Sí, yo era ese niño.

M: Y antes de que el niño adquiriera su cuerpo y naciera, ¿qué eras?

V: No entiendo.

M: Sí entiendes. Piénsalo. ¿Qué sucedió en el vientre de tu madre? ¿Qué se desarrolló para convertirse en un cuerpo, con huesos, sangre, médula, músculos, etcétera, a lo largo de nueve meses? ¿Acaso no fue un espermatozoide que se combinó con un óvulo en el vientre femenino, dando orígen así a una nueva vida y pasando muchas vicisitudes a lo largo del proceso? ¿Quién custodió esta nueva vida durante este período de vicisitudes? ¿No es ese espermatozoide infinitamente pequeño el que está ahora tan orgulloso de sus logros?
¿Y quién te encargó especialmente a ti? ¿Tu madre? ¿Tu padre? ¿Te deseaban especialmente a ti por hijo? ¿Tuviste  algo que ver con el hecho de nacer como hijo de esos padres determinados?

V: Me temo que en realidad no me lo he planteado así nunca.

M: Exactamente. Pues plantéatelo así. Entonces, quizá llegues a tener alguna idea de tu identidad verdadera. A partir de entonces, considera si puedes estar verdaderamente orgulloso de lo que has «conseguido».

V: Creo que empiezo a entender dónde quieres ir a parar.

M: Si profundizas en la cuestión, te darás cuenta de que el origen del cuerpo (el espermatozoide y el óvulo) es en sí la esencia de los alimentos que consumieron los padres, que la forma física está compuesta y alimentada por los cinco elementos que constituyen los alimentos, y también que con mucha frecuencia, el cuerpo de una criatura se convierte en alimento de otra criatura.

V: Pero, sin duda, yo, como tal, debe ser otra cosa que este cuerpo de alimentos.

M: Sí que lo eres, pero no eres «una cosa». Entérate de qué es lo que da sensibilidad a un ser sensible, aquello sin lo cual ni siquiera sabrías que existes tú mismo, ni mucho menos que existe el mundo exterior. Y, por último, profundiza más todavía y analiza si esta cualidad de ser, si esta consciencia misma no está sujeta al tiempo.

V: Profundizaré en las diversas cuestiones que has planteado, sin duda, aunque debo reconocer que jamás había estudiado estos terrenos hasta ahora y que me siento casi aturdido por mi ignorancia de las nuevas esferas que has abierto ante mí. Vendré a verte de nuevo, maestro.

M: Siempre serás bienvenido.


Ramesh S. Balsekar
(El Buscador Es Lo Buscado)


9 nov. 2012

TRANSMUTACIÓN MENTAL


La mente, así como todos los metales y demás elementos,
pueden ser transmutados de estado en estado,
de grado en grado,
de condición en condición,
de polo a polo,
de vibración en vibración.


La verdadera transmutación hermética, es una práctica,
un método, un arte mental.

EL KYBALION

5 nov. 2012

RECONÓCETE


No te preocupes ni del cuerpo ni de los seres de este mundo.

Reconócete antes de nada
como la consciencia imperturbable en la cual todo aparece.

De esta forma verás como todo lo demás
se soluciona espontáneamente,
todo se cuidará por sí solo.


Mooji
(Palabras Surgidas Del Silencio)