Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


13 mar. 2012

TRASCENDENTALISMO


Si nos "ciñéramos a la simplicidad" y "refrenáramos los deseos" tal como aconseja el Tao, no estaríamos atrapados en este frenesí por tener lo último en aparatos y dispondríamos de mucho tiempo para hacer cosas que no requieren conectar ni enchufar nada. También ahorraríamos dinero y llevaríamos un estilo de vida menos despilfarrador. Podríamos, de hecho, emolar a algunos de los más originales e influyentes pensadores de la historia de Estados Unidos: los trascendentalistas de Nueva Inglaterra.

Walt Whitman

En el siglo XIX un grupo de las mejores mentes de la época se establecieron en las afueras de Boston, en la ciudad de Concord (¡"El sabio vive en concordia", escribió Lao Tse!) para llevar una vida lo más idílica posible. El padre de Louisa May Alcott, Bronson Alcott, fue uno de ellos; el gran filósofo Ralph Waldo Emerson fue otro; y Henri David Thoreau, autor de Walden, otro más. Juntos y por separado, estos idealistas desarrollaron una filosofía que se asemeja mucho al Tao, haciendo hincapié en la necesidad de llevar una vida más simple que la de una gran ciudad como Boston y en contracto con la naturaleza.

Thoreau, que ejerció la desobediencia civil al negarse a pagar el impuesto comunitario de capitación, inspiró a Mahatma Ganhi y a Martin Luther King, Jr., que se sirvieron de su filosofía para socavar, respectivamente, el dominio colonial británico en la India y la segregación racial en el sur de Estados Unidos. A todos puede inspirarnos el ejemplo establecido por los trascendentalistas para llevar una vida auténtica en contacto con la simplicidad, la naturaleza y los principios de la buena vecindad, la comunidad y la justicia que son universales e intemporales. Sus vidas estaban en plena concordancia con el Tao. El actual Movimiento por la Simplicidad Voluntaria ejemplifica exactamente lo que postulaba Thoreau.

Si eres capaz de refrenar tus deseos manifestándolos sanamente, y si eres capaz de vivir con mayor simplicidad -al menos en los ratos establecidos para ello- gravitarás hacia la órbita del Tao. Y eso te hará feliz.


Lou Marinoff
(El Poder Del Tao)


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