Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


25 mar. 2012

FRACASO


No podéis ser un fracaso; la vida no permite ningún fracaso.
Y como no hay un objetivo, no podéis veros frustrados.

Si os sentís frustrados es por el objetivo mental que habéis impuesto sobre la vida. Cuando habéis alcanzado dicho objetivo, la vida lo ha abandonado... de los ideales y objetivos solo queda un caparazón vacío y de nuevo os veis frustrados. La frustración la creáis vosotros.

Cuando comprendáis que la vida jamás estará confinada ni orientada a un objetivo, entonces fluiréis sin temor en todas la direcciones. Como no hay fracaso, tampoco hay éxito... ni frustración. Cada momento se convierte en un momento intrínseco en sí mismo; no conduce a ninguna parte, no ha de ser empleado como un medio para alcanzar un fin... posee un valor intrínseco.


Cada momento es un diamante, y pasáis de un diamante a otro... pero nada tiene un final. La vida permanece viva... no hay muerte. El final significa muerte, la perfección significa muerte, alcanzar un objetivo significa muerte. La vida no conoce la muerte... no deja de cambiar de formas. Es un infinito, pero sin objetivo.


Osho
(Día A Día)


3 comentarios:

  1. Es un alivio saberlo, que no existe el objetivo de expresar al "Ser Trascendente".

    ResponderEliminar
  2. Los objetivos son siempre del ego... y el ego no puede triunfar, porque no existe más que como un reflejo de lo que verdaderamente es!

    Pero en el fracaso del ego, es Dios el que triunfa... la eternidad infinita triunfa sobre la instancia esperada, sobre la arbitrariedad de la mente condicionada.

    Excelente reflexión de Osho!

    Gracias Guille, un fuerte abrazo!

    ResponderEliminar
  3. No creo que a Dios le importe el ego, si Él es el creador, ¿crees que se ha equivocado y no es perfecta su creación? Si no le gusta el ego lo tiene muy mal, ¿para que lo ha creado?, mejor que se dedique a otras cosas, ¿no?
    El ego tiene su función aunque nos joda al igual que otras cosas que le suceden al organismo y se llaman enfermedades, trastornos, alergias, etc..., en sí..."Sólo Él Es en Forma de Formas"
    Un saludo...

    ResponderEliminar