Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


29 mar. 2012

SIMPLEMENTE EXISTENCIA


· Por una parte, es como si yo hubiera escogido venir aquí hoy pero, al mismo tiempo, es como si supiera que eso ha sucedido por sí solo.

Todo sucede, simplemente: la película se proyecta sobre la pantalla, incluido el relato mental. Por eso, da la sensación de que existe un "yo" que escoge venir hoy aquí aunque, en realidad, no existe más que el suceso automático de llegar aquí hoy y el relato mental que se va produciendo también de forma automática. No hay un individuo ahí que esté pensando esos pensamientos: esos pensamientos simplemente surgen en la consciencia. Todo se constata en este momento: la consciencia está constatando el contenido de la consciencia. Si nos centramos en el relato mental, da la sensación de que se toman decisiones aunque, en realidad, todo eso es algo completamente espontáneo todas estas cosas que aparecen en este momento no son nada.

· Entonces, ¿no hay un proceso de elección?

En la película hay una elección aparente. Cuando alguien te pregunta: "¿Quieres un té?" y tú respondes: "Sí"... Si fuésemos capaces de desconectar un solo minuto la banda sonora de esta película, veríamos que ahí delante hay una persona y que, un minuto después, llega una taza de té y que, más tarde, se produce el acto de bebérselo. Lo que pasa es que a todo eso se le añade una banda sonora en la que se incluyen los pensamientos de si escojo tal o cual cosa, etc. Todo funciona con el piloto automático pero, aparentemente, existe un proceso de elección... que es la gracia de este asunto.

Estando sencillamente presente, toda esa preocupación por las opciones desaparece. Cuando se produce la identificación con el personaje, todo este filosofar nos "distrae" del presente. Surgen pensamientos sobre qué hay que escoger, pensamientos que implican cierta distracción. Todo lo que surja dentro del contenido -ya sea una conversación acerca de las distintas opciones, pensamientos sobre esas opciones o cualquier otra cosa- es lo que tiene de entretenido esta película, desaparece por completo cualquier deseo de que algo de esto cambie. En ese momento, lo que hay es lo que es.

· Simplemente existencia.

Sí, sin ninguna preocupación por nada de todo esto. Mientras exista ese identificarse y ese dejarse de identificar con el personaje, este tipo de conversaciones seguirá teniendo validez pero, cuando todo eso empieza a desaparecer -toda esa escenificación de la búsqueda- y se va "recordando" que nuestra verdadera naturaleza es Unidad, sencillamente, sólo existe "vivir en el presente".

· Entre otros personajes aparentes.

Sí, uno ya no se preocupa de plantear hipótesis, ni de si hoy o no elección y todas esas cosas. En este "saber" innato, se vive una vida corriente. Por tanto, no es que se tenga que sentir necesariamente una dicha suprema aunque hay un "desahogo", una "facilidad". La búsqueda desaparece; desaparece la agitación que conlleva la búsqueda.

· Entonces, ¿qué sentido tiene la vida?

La vida no tiene un sentido determinado: esta película de la vida es el pasatiempo cósmico. Esa pregunta surge desde el punto de vista del "yo", de la identificación con el personaje de la película. Al mantener la identificación con el personaje, también se mantiene una búsqueda constante de una razón de su existencia, de un sentido; parece que el sentido "supremo" de la vida es lo que suele denominarse el "Despertar": volver a despertar en la Unidad.

Pero la Unidad ya existe. Ese "estar despierto" ya existe plenamente y, cuando se deja de tomar en serio el relato mental, lo que hay en el presente es lo que es. No hay nada fuera del presente. Este personaje no tiene ni pasado ni futuro. Puede que el cuento se mantenga pero se deja de tomar en serio.


· ¿Es correcto decir entonces que los pensamientos siempre se refieren al pasado y al futuro?

También puede haber pensamientos sobre el presente.

Pero, cuando se trata del presente, en realidad lo experimentamos, más que pensar en él...

El relato mental puede aparecer -o no- simultáneamente con otras imágenes, y puede haber pensamientos sobre esas imágenes, en lugar de sobre otras cosas que nos distraigan de ellas. Todos y cada una de los pensamientos surgen en el presente, y muchos de ellos nos distraen del presente. Algunos de esos pensamientos sobre el presente constituyen lo que se denomina "comprensión intelectual", que es el reflejo del "saber" innato que surge en forma de pensamiento. Se nos recuerda nuestra verdadera naturaleza a base de pensamientos pero, como los pensamientos (como parte del contenido de la consciencia) son fugaces -siempre aparecen y se van-, cuando surge un recordatorio -que denominamos "comprensión intelectual"- se puede volver a "olvidar", es decir, ese recuerdo puede desaparecer; sin embargo, cuando se quita la más cara de los pensamientos, se percibe que ese "saber" innato es nuestra verdadera naturaleza, y ya no se necesitan pensamientos: el acto de comprender queda obsoleto.

· Lo que resulta realmente extraño es que a veces siento muy claramente que, simplemente, existo en un espacio sin pensamientos; sencillamente, "sé" que esto es Lo-Que-Es, que esto es el presente. Sin embargo, se mantiene una expectativa muy sutil de que tiene que haber algo más.

Sí, pero eso sigue siendo el fenómeno del embelesamiento aunque, como bien dices, sea algo sutil: la idea de que la Unidad se puede encontrar como parte del contenido de la consciencia o si uno se desliga de él. El recuerdo de nuestra verdadera naturaleza -o el surgimiento del "saber" innato- interrumpe inmediatamente la búsqueda dentro del contenido o neutraliza el motivo para escapar de él. Nuestra verdadera naturaleza es Unidad -no es ni exclusivamente contenido de consciencia ni exclusivamente consciencia- pero puede seguir produciéndose el juego de identificarse y dejarse de identificar con el personaje una y otra vez, por sutil que sea.

A menudo, se reconoce que nuestra naturaleza es Unidad pero el juego de la "espera", que consiste en esperar a que se produzca el acontecimiento final, el evento final, se mantiene muy sutilmente. Cuando el "saber" innato se introduce en el guión, se revela ese "desahogo", esa "facilidad". Es entonces cuando la búsqueda desaparece progresivamente y ese "esperar" tan sutil queda cada vez más socavado.

· Por eso, da la sensación de que se trata de algo progresivo...

Por supuesto. La Conciencia mantiene en funcionamiento una infinita cantidad de posibilidades. Esa idea tradicional de que se limita al juego del "acontecimiento final" resulta algo anticuada. Como en el presente sólo existe lo que es, todo lo que suceda -incluida esa sensación de que se trata de algo progresivo- y es eso de por sí.


Nathan Gill
(Ya Estás Despierto)


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