Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


29 dic. 2011

DOLOR


Resulta sorprendente que esta sensación de dolor también sea esto. Cuando era un buscador espiritual quería liberarme del dolor y el sufrimiento y alcanzar un estado imaginario y elusivo, del que había oído hablar a maestros y gurúes, llamado "iluminación". ¡Yo no quería el dolor, yo quería liberarme del dolor!

Pero ahora me doy cuenta de que lo que está generando dolor es precisamente mi intento de liberarme del dolor. El dolor y la "liberación del dolor", como blanco y negro, arriba y abajo, ausencia y presencia y sujeto y objeto, siempre van de la mano. Los opuestos se crean y sostienen mutuamente. Mi búsqueda de una forma de escapar del dolor no era sino un rechazo del dolor, disfrazado de una búsqueda noble, respetable y "espiritual". Y lo mismo sucedía con la búsqueda de una iluminación "fuera de aquí", que no era más que el simple rechazo de lo que aquí está sucediendo.

El dolor se había convertido en enemigo. Lo que es se había convertido en el enemigo.

En ausencia de búsqueda, cualquier sensación es bienvenida. Hasta el dolor... aunque no creo que pueda seguir llamándosele "dolor". No tengo la menor idea de lo que es. Sensaciones pasajeras, instante tras instante, pero nada estable a lo que pueda denominar dolor. Y todo emerge y acaba disolviéndose, sin dejar rastro alguno, en la más absoluta vacuidad. ¿Dónde está ahora el dolor que hace tan solo unos instantes me asediaba? Ha desaparecido. El dolor es siempre una historia del dolor, es siempre una historia pasada.

Si tuviese que describirlo diría que es como si hubiera dolor, pero nadie a quien le doliese. Lo único que hay es dolor. Dolor que sucede o no sucede. Eso es todo. Así de sencillo.



¡Pero no nos equivoquemos, el dolor es doloroso! Y cuando, en ocasiones, es muy intenso, Jeff puede llegar a quejarse y hasta maldecir. Pero esas quejas y maldiciones son superficiales y finalmente, tras un período de rechazo, se permite que el dolor sea.

La liberación es muy burda. No hay nadie que pueda impedir nada, nadie que pueda rechazar ningún aspecto de la experiencia. De modo que el dolor es muy burdo y muy intenso. Y, cuando desaparecen todas las defensas, sólo queda la presencia aparente de todo, en sus formas más burdas e inmediatas.

El dolor se despliega ante nadie. Y esto, cuando lo mencionamos, parece una paradoja. ¿No es como se el dolor debiese suceder para alguien? ¿Quién podría, sino una persona, llamarlo dolor? Las palabras jamás podrán llegar a capturarlo. Hay dolor pero, como no hay nadie, no hay dolor. El dolor está ahí pero, simultáneamente, no está.

Y todo desemboca de nuevo en el misterio. Todo concluye en el no-conocimiento. Lo único que queda es esa misteriosa sensación de que el mundo llama "dolor" y rechaza.

"Dolo". En el momento en que lo mencionamos parece como si estuviera ahí, como si fuese algo sólido, como si fuese real. Pero la palabra "dolor" no puede rozar siquiera la vitalidad de lo que está sucediendo. Lo que está sucediendo siempre estará completamente liberado y las palabras nunca dejarán de ser más que meros recordatorios.

¿Dónde guardaré, pues, todos estos analgésicos?



Jeff Foster
(Una Ausencia Muy Presente)


1 comentario:

  1. Qué bueno! la verdad es que sí...Quien quiere el dolor? sólo si comprendierámos , pero de verdad de la buena, que no es diferente del placer, oel blanco del negro...etc dejaría de ser dolor o de ser placer....pero es bien dificil eh!.
    Gracias por la entrada.

    Un abrazo Guille

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