Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


5 nov. 2010

YO NO SOY YO Y MI CIRCUNSTANCIA


Con perdón y respeto al insigne filósofo español, yo soy sólo yo.
Mi circunstancia es sólo circunstancia. Lo que me rodea. Cuando yo soy más yo, mi circunstancia es más circunstancia, más accidental.
Cuando yo soy menos yo, mi circunstancia se constituye más en mi yo. Gobierna a mi yo. Dirige a mi yo. Y yo entonces soy menos yo.
Hay personas que podrían o tendrían que decir: yo no soy yo. Yo soy sólo mi circunstancia.
Porque su yo está dirigido y gobernado, traído y llevado por sus circunstancias.

Yo vivo en unas circunstancias determinadas. Y estas circunstancias van coloreando mi vida, van dándole una apariencia, unas modalidades, un estilo. Creo que éste era el sentido del eminente filósofo.
Pero en la medida que estas formas, estas circunstancias gobiernan, guían, determinan consciente o inconscientemente mi vida, estoy dejando de ser yo.
Cuando son las circunstancias las que configuran mi personalidad yo estoy abdicando de mi yo. Entonces yo no soy director. Se están cambiando los papeles.
Es como el director de orquesta que sigue los movimientos que la orquesta toca y le obliga a mover sus manos en lugar de ser el director el que haga con sus manos que la orquesta acelere o ralentice sus movimientos según su decisión de director.

Yo soy yo.
Las circunstancias deben ser siempre circunstancias. No permitiré que se conviertan en director de mi vida.
Yo conscientemente asumiré las circunstancias de cada momento que por su propia esencia son circunstanciales para mí.
Yo no soy circunstancia.
Soy esencia directora y libre.
Mis circunstancias forman parte de mi yo, en tanto en cuanto dejo de ser yo.
Ser yo significa ser capaz de dirigir consciente y libremente mis propias decisiones a pesar de las circunstancias. No es fácil encontrar personas así.
Pero las hay.
Las cosas como las personas cuanto más valiosas, finas y exquisitas, son más escasas.
No se trata de que la persona viva de espaldas a sus circunstancias, sino que no sea condicionada por ellas.
Todo lo humano tiene grados. La libertad también. Pero el objetivo es aumentar el grado de libertad.
El independizarse más y más de las circunstancias esclavizantes hará que nuestra libertad interior sea mayor.
Los que, al ver las dificultades que esta tarea entraña, desesperan de intentarlo, seguirán cada día más esclavizados a todos los condicionamientos del momento.
Mi tarea cada día es ser más yo mismo.
Liberarme más y más de todo aquello que no soy yo. Eso es crecer, madurar en personalidad.
La personalidad será tanto mayor cuanto mayor sea la libertad interior.
Solemos vivir en una maraña de condicionamientos.
Acostumbrarse a vivir sujetos y esclavizados por los condicionamientos, lleva a vivir acostumbrados a estar entre rejas.
Decidirse a romper las rejas es propio de los audaces y valientes. No suelen ser muchos. Pero los hay afortunadamente.
Tu y yo podemos ser de ellos.


Darío Lostado
(La Alegría De Ser Tú Mismo)

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