Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


23 oct. 2010

RECEPTIVIDAD TOTAL


P: Cuando estoy en sintonía con un momento como, por ejemplo, una puesta de sol, y accedo a un estado de total receptividad (¿no mente?), puedo experimentar cada pequeño detalle con toda su gran belleza y maravilla, y la gratitud me colma. Sin embargo, lo que me resulta difícil es compartirlo con otras personas. También tengo mucha experiencia con la meditación. Pero ¿cómo puede uno transformar el mundo y transformarse a sí mismo plenamente? Ésa es mi pregunta.


MW: Hoy me gustaría analizar el estado en que te encuentras cuando estás totalmente receptivo. Probablemente, ya has pensado sobre todo esto antes, pero volveré a repasarlo. Cuando te hallas en dicho estado, ¿qué es lo que está respondiendo a la maravilla del momento? Y ¿por qué crees que entras en ese estado? Si todo es receptividad y no hay actividad, entonces, ¿qué es lo que queda? ¿Alguien, una cosa, un proceso, un sueño, una respuesta condicionada? ¿Qué exactamente? Luego, cuando uno abandona ese estado, ¿quién le cuenta la experiencia a quién? ¿Hay alguien que espera a que el otro esté en estado de "total receptividad"? Si es así, ¿quién es? Luego, cuando tú, seas lo que seas, quieres comunicarle esto a otra persona, ¿quién es esa otra persona? ¿Hay alguien que ve con ojos de "receptividad total" o hay alguien que intenta compartirlo con otra persona? Esa otra persona ¿es distinta al estado de "receptividad total"? Si es así, ¿de qué manera es distinta? ¿Acaso no existe sólo la conciencia, sin nadie más? ¿Qué es lo que hay en la mente que crea que existes tú u otra persona? Además, cuando estás en el estado de "receptividad total", ¿Existe el tiempo? No el tiempo cronológico, sino el psicológico. ¿O es intemporal? En ese estado, ¿existes en cuanto "historia"? Si es así, ¿qué crea esa sensación de historia? ¿La historia es algo real? Si no lo es, ¿existes tú como historia? ¿Pueden existir al mismo tiempo la historia y ese estado de simplemente ser? Si no es así, ¿cuál de los dos es real? Si tú, como historia, no eres real, ¿puedes conocer la muerte alguna vez? Si la historia sólo pertenece a la mente, la cual crea una sensación de tiempo psicológico, entonces, ¿alguna vez has sido algo aparte de ese estado de conciencia que denominas "receptividad total"? Mientras eres consciente de este proceso de "receptividad total" y ves que las cosas cambian dentro de esa conciencia, ¿cambias tú, en tanto que conciencia? ¿O eres ese estado de conciencia que es inalterable y siempre libre?
Responde a estas preguntas y ve lo que ya sabes.



Melvyn Wartella
(Ego, Evolución E Iluminación)


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