Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


19 oct. 2010

EL INDIVIDUO



Sale el sol y, con su cálido resplandor dorado, abraza los árboles, las flores y los pájaros. ¡Qué recordatorio tan glorioso (aunque, evidentemente, no se necesita ningún recordatorio) de que, sencillamente, no hay nada que alcanzar, ningún lugar adonde llegar, nada que hacer...! Tampoco hay nadie que tenga ni la más remota posibilidad de comprender intelectualmente todo esto.

Nada que alcanzar. ¡Sí, ésa fue mi lucha durante un tiempo! Esta pobre mente siempre anhelaba esa experiencia final del despertar, la que "acabaría con todo" de una vez por todas. Sin embargo, un buen día simplemente desaparición esa necesidad de alcanzar la iluminación, así como cualquier deseo de conseguir nada aparte de vivir ese momento. Y me resulta imposible conocer lo que queda, me resulta imposible describirlo. No hay nada más que esto y todo concepto de lo que es esto sencillamente se esfuma y se convierte en una presencia absolutamente incondicional y plena, a la par que maravillosamente desprovista de pasado y futuro.



La liberación en todos y cada uno de los momentos, el despertar en todos y cada uno de los momentos... Aunque la cuestión es ésta: ¡No existe el que tiene que darse cuenta! ¡No existe el que lo experimenta! ¡El individuo no existe en absoluto!.


Jeff Foster
(La Vida Sin Centro)


1 comentario:

  1. Jeff Foster elevado al cuadrado, jejeje...
    Magnífico...
    Un saludo y muchas gracias Guillen...

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