Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


5 may. 2012

DESPERTAR: DESCUBRIR QUIÉN ERES


Antes de experimentar mi despertar final hace unos años, me había vuelto loco por la iluminación. Para estudiar zen hay que estar un poco loco. Mi maestra solía decir que "los locos son los únicos que permanecen". Una de mis locuras consistía en levantarme temprano todos los domingos(a eso de las cinco o las cinco y media de la mañana) para sentarme a meditar durante un tiempo extra antes de ir a la meditación de dos horas en grupo con mi maestra. Me sentaba a meditar en una habitación pequeña y me quedaba helado hasta los huesos.

Una de esas mañanas en las que estaba ahí sentado me sucedieron dos cosas, una después de la otra, y eran aparentemente muy paradójicas. En primer lugar obtuve la visión espontánea de que todo era uno. Lo sentí al oír el canto de un pájaro en el jardín; al oír el gorjeo, la siguiente pregunta surgió de mi interior: "¿Qué es lo que oye el sonido?". Nunca me había hecho esa pregunta antes. De pronto me di cuenta de que yo era el sonido del pájaro, y también el que oía al pájaro; comprendí que el oído, el sonido y el pájaro eran manifestaciones de la misma cosa. No puedo decir de qué, pero sí puedo decir que sólo es una cosa. Pensé que todo era muy extraño y me di cuenta de que quien pensaba era otra manifestación más de lo mismo. Me levanté y empecé a deambular por la casa buscando algo que no formase parte del Uno. Pero todo era un reflejo de ese Uno. Todo era divino. Entré en el cuarto de estar. De repente, a mitad del movimiento de un paso, la conciencia (o atención) se separó de todo, ya fuese físico, corporal o exterior.

En el espacio de un solo paso desapareció todo. Luego surgió la imagen de un número infinito de encarnaciones pasadas al menos eso parecía, en la que las cabezas formaban un fila tan larga como abarcaba mi vista. La conciencia comprendió algo así como "Dios mío, he estado identificándome con diversas formas desde hace tropecientas vidas". En ese momento, la conciencia (el espíritu) comprendió que había estado tan identificada con todas esas formas que hasta ese mismo momento se había creído que realmente era una forma.

De repente, la conciencia estaba libre de la forma y existía de manera independiente. Ya no se definía por ninguna forma, fuese ésta la forma de un cuerpo, de una mente, de una vida, de un pensamiento o de un recuerdo. Podía ver todas estas cosas pero apenas podía creerlo. Era como si alguien me hubiese metido un millón de dólares en el bolsillo y yo me lo estuviese sacando continuamente sin creérmelo del todo. Pero tampoco podía negarlo. Aunque esté utilizando la palabra "yo", ahí no había ningún "yo", sólo el Uno.

Estas dos experiencias sucedieron juntas, separadas tan sólo por unos instantes. En la primera me convertí en la Unicidad de todo y en la segunda me convertí en la conciencia (o espíritu), que se despertó completamente y salió de cualquier identificación, incluso de la Unicidad. Al ir más allá de la Unicidad, seguía habiendo uno conciencia básica, pero tenía dos aspectos diferentes: yo soy todas las cosas, y yo no soy absolutamente nada. Esto era el despertar, la realización del Ser.


Lo que sucedió después se que di un paso, un paso normal y corriente. Y me sentí como un bebé cuando da su primer buen paso y mira después a su alrededor como para preguntar si lo has visto, exhibiendo abiertamente su alegría. Así que di otro paso más y sentí algo así como "¡vaya, el primer paso!", y después di otro paso más, y luego otro, y seguí moviéndome en círculos, pues cada paso era como si hubiese dado el primer paso. Era un milagro.

En cada "primer" paso, la conciencia sin forma y la Unicidad se fundían de tal manera que la conciencia, que se había identificado siempre con una forma, estaba entonces en el interior de la forma, exenta de cualquier identificación. No veía a través de ningún pensamiento ni de ningún recuerdo de lo que hubiese sido antes, sino a través de los cinco sentidos, nada más. Libre de cualquier historia o memoria, sentía cada paso como si fuese el primero.

Entonces me vino a la mente algo muy divertido (al menos así lo sentía yo, después de trece años de práctica zen): "¡Vaya acabo de despertarme del zen!". Cuando te despiertas, te das cuenta de que despiertas de todas las cosas, incluso de las que te han ayudado a llegar ahí. A continuación le escribí a mi esposa esta extraña nota: "Feliz cumpleaños. Hoy es mi cumpleaños. Acabo de nacer". Le dejé la nota, y cuando pasé con el coche por delante de nuestra casa de camino a mi grupo de meditación, vi a mi esposa agitando la nota en la mano. No sé cómo pero supo exactamente lo que quería decir.

No le mencioné esta experiencia a mi maestro hasta pasados tres meses, pues me parecía que contárselo no tenía ningún sentido. ¿Qué necesidad tenía de que alguien lo supiese? No sentía necesidad de contárselo a nadie ni de que me felicitasen. Para mí, la experiencia era completa en sí misma. Más adelante descubrí que mi experiencia se correspondía con lo que mi maestro llevaba contándome toda la vida. Entonces comprendí que sus enseñanzas hacían referencia a este despertar. De un modo muy real, esa experiencia, que aún perdura y que todavía hoy sigue siendo la misma, es la base de todo lo que digo.

Cuando realmente empezamos a observar lo que creemos ser, nos volvemos propensos a la gracia. Comenzamos a ver que aunque tengamos diversos pensamientos, creencias e identidades, no nos dicen quiénes somos, ni a nivel individual ni colectivo. Un misterio se hace presente: nos damos cuanta de que cuando nos observamos con atención y cuidado, lo verdaderamente sorprendente es que nos definimos totalmente a partir del contenido de nuestra mente, de nuestros sentimientos y de nuestra historia. Hay muchas formas de espiritualidad que intentan librarse de los pensamientos, de los sentimientos y de los recuerdos para poner la mente en blanco, como se eso fuese un estado espiritual, o un estado deseable. Pero tener la mente en blanco no es necesariamente sabio. En cambio, lo más útil es ver a través de los pensamientos y reconocer que un pensamiento no es más que un pensamiento, una creencia o un recuerdo. Entonces podremos dejar de vincular la conciencia o el espíritu a nuestros pensamiento y a a nuestros estados mentales.

Después de ese primer paso, cuando comprendí que lo que veía a través de mis ojos y de mis sentidos era la conciencia o el espíritu, en vez de los condicionamientos o la memoria, vi que ese mismo espíritu era el que miraba a través de todos los otros ojos. Si miraba desde otro condicionamiento, daba lo mismo; era exactamente igual. Se estaba viendo en todas las cosas, no sólo en los ojos, sino también en los árboles, en las piedras y en las flores.

Lo paradójico es que cuanto más se saborea el espíritu o conciencia a sí mismo, no como pensamiento, idea o creencia, sino como mera presencia o conciencia, más se refleja en todo ese espíritu. Cuanto más despertamos nuestros cuerpos, mentes e identidades, mejor vemos que no son más que meras manifestaciones del mismo espíritu, de la misma presencia. Cuanto más comprendemos que lo que somos es totalmente atemporal, que está fuera del mundo y de todo lo que sucede, mejor comprendemos que esa misma presencia es el mundo, todo lo que sucede y todo lo que existe. Son como las dos caras de una misma moneda.

La mayor barrera para el despertar es pensar que es algo raro. Cuando se cae esta barrera, o al menos empiezas a decirte: "Realmente no estoy seguro de que sea cierta mi creencia de que el despertar es difícil", todo se vuelve accesible de forma instantánea. Como esto es lo único que existe, no puede ser raro ni difícil, a no ser que insistamos en que así sea. La base de todo esto no es teórica, sino experimental. A mí no me lo enseñó nadie, y nadie podrá enseñártelo a ti.

Lo más bonito del despertar es que cuando dejas de reaccionar a tus condicionamiento, la sensación del "yo" que estaba viviendo esta vida deja de existir. La mayoría de la gente está familiarizada con la sensación de un yo que vive esta vida. Pero cuando vamos más allá, la experiencia nos muestra que el amor es lo que hace que esta vida funcione realmente, y ese amor está en todo el mundo, todo el tiempo. Cuando intenta abrirse camino entre tus cosas personales, este amor se disipa, pero sigue ahí. Nadie es dueño de este amor. Todo el mundo es, en esencia, la manifestación de este amor.


A lo largo de tu vida habrás experimentado ocasiones, conscientemente o no, en las que te hayas olvidado momentáneamente del "yo" con el que te habías identificado. Esto puede ocurrir espontáneamente ante una hermosa vista, o cuando olvidas el ego. La gente normalmente pasa por alto estos momentos. Después de experimentar el "momento agradable", volvemos a construir nuestra sensación habitual de identidad. Pero estas oportunidades son, de hecho, pequeñas mirillas a través de las cuales puedes experimentar la verdad. Si te pones a buscarlas, las detectarás. De repente, la mente dejará de pensar en su historia. Tal vez percibas que tu identidad o tu sensación del yo separado se toma un descanso, y lo que tú eres de verdad no desaparece. Entonces te preguntas: "¿Quién soy realmente?. Si mi identidad puede tomarse un descanso y yo no desaparezco, ¿Entonces quién soy?", o mejor: "¿Qué soy cuando desaparezco?".

La mente suele activarse ante la pregunta de "¿quién soy?". Se pone a darle vueltas hasta que surge la verdadera inteligencia y dice: "Espera un momento, eso no es más que pensamiento". Quizá percibas entonces un espacio de tranquilidad entre los pensamientos y, si estás muy presente en ese espacio, dejarás de funcionar con tu identidad habitual. En cuanto la identidad entre en ese espacio, dejarás de sentirte presente. No ser nadie suele ser tan desconcertante para la mente que enseguida se pone a llenar ese espacio. "¿Cómo puedo no ser nadie?" Pero llenarlo con alguien no tiene ningún sentido. Si quieres saber quién eres realmente, experimenta simplemente el espacio, experimenta la apertura y deja que florezca en tu interior. Es la mejor manera de descubrir quién eres.

De este modo, la espiritualidad no sólo se vuelve real, sino también aventurera y divertida. Te preguntarás: "¿Esta apertura, esta presente -como quiera que la llames- es lo que soy?. Empezarás a sentir que estás llegando a algo que no es fruto de la creación de ningún pensamiento, idea o fe. Y cuando comiences a asimilarlo y percibas esta mera conciencia que está libre de toda identidad, te parecerá alucinante. El zen lo denomina lo no creado; es la única cosa de tu alrededor que no ha sido creada por tu mente.

En la Biblia hay una parábola maravillosa que dice que es mucho más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que entre un rico en el reino de los cielos. Si intentas aferrarte a tus identidades, por muy espirituales y santas que sean, es como si intentases pasar un camello por el ojo de una aguja. Tus identidades son demasiado vastas, demasiado grandes, demasiado falsas, demasiado elaboradas como para entrar en la verdad. Pero existe algo que puede pasar por el ojo de la aguja más pequeña. El espacio, tu propia nada, podrá pasar directamente al cielo. Nadie podrá llevarse consigo la más mínima pizca de identidad.

El cielo es la experiencia de entrar en nuestra propia nada. Comprendemos nuestra propia conciencia pura y vemos que somos espíritu puro, sin forma. Reconocemos que el espíritu sin forma es la esencia, la presencia  animada de todas las cosas. Esto es el cielo, pues el espíritu y la esencia están ocupando nuestro cuerpo a cada paso. Éste es el verdadero significado de volver a nacer. Volver a nacer no es sólo una gran experiencia emocional de conversión religiosa. Aunque sea agradable, eso no sería más que cambiarse de ropa. Volver a nacer es nacer otra vez, no ponerse ropa espiritual nueva. Para ser más precisos, antes de nacer comprendemos que la nada eterna es lo que está viviendo esta vida a la que llamamos "mi vida".

Pero comprender esta verdad y despertar espiritualmente no significa que la buena fortuna crezca sin fin en tu vida. Ésa no sería la paz que supera todo entendimiento. Cuando nos sentimos bien en la vida, tener paz es fácil. Pero la vida sigue su ritmo, como un océano en movimiento. Las olas serán altas o pequeñas, pero el océano será igual de sagrado y, como tú no eres nadie, nada te puede hacer daño. La paz que supera el entendimiento reside en esta conciencia, pero tu vida no irá necesariamente mejor. Tal vez se limite a seguir su ritmo, fluyendo simplemente, sin más. A ti te dará igual.


Adyashanti
(La Danza Del Vacío)



2 comentarios:

  1. excelente. que inspirador tu relato.

    gracias por compartirlo

    liliana posso
    meditadora zen
    cali.colombia

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  2. Muy bueno mas alla de la teorias constructos mentales ideas, libros es eso lo que tenemos que lograr la union perfecta con lo que realmente somos LA NADA EL SER TODO LO QUE ES MADRE-PADRE. Felcitaciones Hermnano ahora queda la responsabilidad en AMOR de mantenerse y llevar a otros la puerta para que ellos tambien entren Om Namaha Shivaya

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