Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


10 jul. 2010

SUFISMO


LA GENTE DEL CAMINO


Para un sufí, Dios no es uno idea, es la realidad que vive. No es alguien que está sentado en un trono en los cielos, no; está aquí-ahora, está en todas partes, en todos los lugares. Dios es simplemente un nombre para la existencia en su totalidad.

Pureza significa mente descontenta; así que, por favor, ni te disfraces con la palabra "pureza". No significa hombre que tiene buen carácter. No significa hombre que se comporta de acuerdo con los diez mandamientos. No significa hombre respetado por la sociedad como una buena persona.

El sufí nunca ha sido respetado por la sociedad. El sufí vive una vida tan rebelde que la sociedad casi siempre ha estado asesinando sufíes, crucificándolos, porque el sufí te hace consciente de tu falsedad. Se convierte en un constante sermón en contra de tu artificialidad, en contra de tu fealdad, en contra de tu inhumanidad hacia los seres humanos, en contra de tu máscara en contra de todo lo que tú eres y representas. El sufí se convierte en un constante aguijoneo para la mal llamada sociedad y para la mal llamada gente respetable.

He oído... En cierta ocasión Abu Yasid, un místico sufí, estaba rezando -esto es una parábola, no es un hecho histórico- y Dios le habló diciéndole: "Yasid, ahora te has convertido en uno de mis elegidos, ¿Debo declararlo públicamente?" Abu Yasid se rió. Le contestó: "Sí puedes; si quieres que me crucifiquen. Decláralo. ¿Qué ocurrió cuando declaraste eso acerca de al-Hillaj? Lo crucificaron. Siempre que declaras que alguien lo ha conseguido, la gente lo crucifica inmediatamente. Ellos no te aman y no pueden tolerar a tu gente. Así que si quieres que sea crucificado, decláralo". Y se dice que Dios nunca declaró lo de Abu Yasid. Se lo calló.

Esto es lo que ha ocurrido.
Alguien preguntó a al-Hillaj Mansoor, el más grando místico de todos los tiempos: "¿Cuál es la experiencia última sufí?". Al-Hillaj contestó: "Mañana. Mañana verás cuál es la experiencia última sufí". Nadie sabía qué iba a ocurrir al día siguiente. El hombre la preguntó: ¿Por qué no hoy?". Al-Hillaj contestó: "Tú simplemente espera. Ocurrirá mañana, la última". Y al día siguiente fue crucificado. Y cuando estaba siendo crucificado llamó a gritos al amigo que le había hecho la pregunta. Dijo: "¿Dónde te escondes entre la multitud? Ahora ven u observa lo último del sufismo. Es esto".

Si empiezas a vivir en Dios, te vuelves intolerable para la mal llamada sociedad. La sociedad vive en hipocresía. No puede tolerar la verdad. La verdad tiene que ser crucificada. Puede amar a la iglesia, pero no puede amar a Cristo. Puede amar al Papa del Vaticano, pero no puede amar a Jesús. Ahora que Jesús se ha ido, entonces es bueno; puedes adorarlo. Cuando Mansoor se haya ido podrás hablar de él. Pero cuando está ahí es un fuego. Solo aquellos que estén dispuestos a ser consumidos por el fuego estarán preparados para enamorarse de Mansoor.


Osho
(Sufíes: La Gente Del Camino)




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