Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


26 jul. 2012

¿QUIÉN SIGUE A QUIÉN?


Las historias sobre líderes religiosos y maestros iluminados son, por supuesto, muy populares. Porque cuando los buscadores leen sobre estados de dicha y perfección, los desean desesperadamente, creándose así una serie de expectativas. Al mismo tiempo, como ven que están lejos de la perfección, esos buscadores pueden sentirse muy frustrados al contemplar sus problemas y anhelos, y al suponer que los profesores iluminados han dejado de tener problemas. Cuando sentimos que nos falta algo en la vida, salimos a buscar una solución. Es posible que consultemos un libro o enseñanza, o a alguien que parece haber resuelto todos sus problemas, o a una organización que pretenda saber del tema. Si queremos tomar el papel de alumno, crearemos un profesor que nos guíe donde queremos ser guiados. Ésa es una posición en la que somos vulnerables y tendemos a creer sin cuestionar. Hacemos cualquier cosa que se nos dice porque tenemos fe implícita en nuestro líder. Asumimos que nosotros no sabemos, y que el líder espiritual que pretende saber resolverá nuestros problemas, responderá a nuestras preguntas y tal vez nos conduzca a la salvación.

Podemos decir que los profesores son cuestión de gusto: cada buscador encontrará aquel profesor que más le encaje. Algunos buscadores buscan un maestro iluminado a quien poder dedicar su vida. Creen que su maestro es importante y tiene poderes espirituales. En algunos casos, lo especial de su maestro se refleja en su propia necesidad de ser especiales. Algunos buscan la parafernalia familiar de los satsang: un profesor vestido completamente de blanco, miradas a los ojos, ocurrencias trascendentales, retratos de gurús, flores, liberaciones emocionales, incienso ardiendo. Todo esto es muy atrayente para el corazón y la mente. El buscador tiene muchas ganas de que el profesor le ofrezca soluciones a sus problemas, y parece haber muchos profesores que pretenden tener respuestas. Algunos de ellos trabajarán nuestros problemas emocionales, otros se enfocarán en nuestros miedos más profundos y sugerirán que pueden resolverlos. Aun hay otros profesores espirituales que usarán nuestra esperanza de iluminarnos para llevarnos a hacer lo que ellos quieren que hagamos. Entonces el buscador y el profesor juegan al juego en el que se cree que el profesor es perfecto y llevará a los discípulos a la perfección. Cualquier tipo de crítica es impensable, y el hecho de que los buscadores creen que no están iluminados y el profesor sí lo está, sólo confirma la distancia existente entre ellos. Vuelve a ser el juego de la separación, aunque no lo llamarán así y preferirán decir que es "el camino hacia la completa salvación" o "el compartir del amor divino" o "el camino único y supremo".

Dividir al Uno en elevado e inferior resulta muy atractivo: energías elevadas y energías inferiores, personas espirituales y personas comunes, libros sagrados y libros malignos, buenos líderes y malos líderes. Tal jerarquía es muy común en los grupos espirituales que rodean a un maestro. En otras palabras, se evita el no-dualismo de la naturaleza de la Liberación para continuar con el juego de la separación. Mientras el gurú siga siendo especial y los devotos sean gente común, éstos seguirán jugando el juego de negar su verdadera naturaleza. La mayoría de los buscadores prefieren seguir siendo buscadores: prefieren ser devotos a los pies de su maestro que reconocer su verdadera naturaleza. Todas estas situaciones muestran claramente que tanto el profesor como el devoto aún están en un juego sutil de separación(1) entre los niveles elevados e inferiores de la espiritualidad, en un partido entre los buenos y los malos, y así sucesivamente. Buena parte de esto se origina en la necesidad de hacer las cosas mejor, en la creencia en una jerarquía, en la creencia en un proceso, en el juego de tener que transitar un camino en busca de un objetivo espiritual. Muchas de estas enseñanzas espirituales se basan en tres conceptos: ignorancia, egocentrismo y negocio. Ignorancia, porque se divide a la Unidad en dos, o más: se la divide en bien contra mal, pasado frente a futuro, mientras que no se dedica atención a la naturaleza no-dualista del Ser. Egocentrismo, porque todo tiene que ver con logros personales: todo tiene que ver "conmigo" llegando a alguna parte. Y negocio, porque tiene que ver con que el profesor y los alumnos hacen un trato por el que a los alumnos se les anima a seguir las reglas del club. Como perros fieles, los devotos están dispuestos a hacer cualquier cosa por su maestro porque esperan una recompensa espiritual.

Algunos profesores no necesitan que los pongamos en un pedestal, no quieren que quienes les escuchan caigan en la idolatría, no les importa parecer imperfectos o tener fallos. Nos estimulan a enfocarnos en el Ser y no en su personalidad. Nos invitan a captar el mensaje sin prestar atención al mensajero. Nos fuerzan a la simplicidad total de lo que es, sin ninguna pretensión de ser espiritualmente especiales. No nos hablan continuamente de su propio maestro, no pretenden haber tenido la experiencia de iluminación más elevada posible, no pretenden haber trascendido el ego, no prometen traernos la salvación, no nos ofrecen ninguna esperanza de un futuro mejor. Lo único que hacen es desenmascarar todos estos juegos y decirnos que sólo podemos ser como somos, no como un líder o un texto sagrado sugiere que deberíamos ser. No nos animan a comparar nuestra historia "espiritual" con la suya o con las experiencias espirituales de otros. Nos dicen que el despertar no tiene nada que ver con que hay otros despertares mayores esperándonos. Nos explican que no es posible dividir a las personas en iluminadas y no iluminadas. Dicen que cuando termina la búsqueda, todo es divino. Todos los colores de la vida pueden aparecer en la Luz. Los colores oscuros y los colores brillantes la "expresan" igualmente, y no hay jerarquía entre unos y otros. En otras palabras: ¡Hasta los malos son divinos! Cuando el juego espiritual queda desenmascarado, todo el mundo es el Gurú. Todo el mundo. Incluso los mentirosos y asesinos aparecen en la Luz, ni más ni menos como los santos y los gurús. Hasta los aspectos sombríos de la vida son sagrados. Tanto los sentimientos de ira como los sentimientos de amor son expresiones de Unidad. Todo es Seidad, todo el mundo está iluminado. Es el final de todas las medidas prescriptivas, el final de intentar ser un buen fantasma, el final de intentar limpiar el espejo, el final de intentar entrar en el club de los maestros.

Cuando un profesor afirma ser "una encarnación de la verdad", cuando sugiere que deberías –como él mismo- sentir el perfume de la paz en todo momento, cuando dice que sólo deberías tener sentimientos positivos, cuando sugiere que esta enseñanza sólo es para almas maduras, cuando su ashram se llama "la Casa de Dios" o "la morada del Absoluto", o cuando dice que "su corazón está despierto a todo el océano de la realidad", todas estas declaraciones son muy atractivas para nuestros corazones y mentes buscadores(2). Especialmente cuando nos ofrecen la esperanza de poder ser como ellos. Y la situación puede ser todavía más confusa cuando realmente sentimos esta apertura y esta paz estando en su presencia. Es posible que nos hagamos adictos a las sensaciones que acompañan a dichos encuentros, y podríamos acabar concluyendo que deberíamos sentirnos así en todo momento.

Deberíamos darnos cuenta de que la Seidad no tiene que ver conmigo y con los demás. La Seidad no tiene que ver con experimentar dicha y paz a los pies del maestro. Algunos, evidentemente, abrirán nuestro corazón, limpiarán nuestra mente, y nos permitirán sentir la sensación que produce esta clara presencia. Todo esto puede ser muy dichoso y sensacional, pero algunas de estas experiencias sólo generan más complicaciones y dificultades. Aunque tales experiencias pueden ser ventanas a la apertura impersonal, pueden fácilmente estimular el juego de la separación entre devoto y profesor, entre las experiencias cumbre y la vida de cada día. En este sentido, las experiencias extraordinarias pueden ser muy engañosas(3).

Si el profesor declara poseer y expresar pura Seidad, es probable que el devoto La proyecte en esa persona concreta. Como he dicho antes, resulta muy atractivo para la mente, especialmente cuando el gurú es inteligente, hermoso y carismático, pero tales situaciones reflejan un proceso sutil de personalización de la iluminación. Esta conciencia infinita no puede estar encerrada en un gurú. No hay manera de localizar la Unidad. Eso también significa que no puede estar limitada a un texto religioso, a una montaña sagrada en Israel o en el sur de India, a un templo budista en San Francisco, a un lugar espiritual en el Tíbet o a un templo de Shiva en Texas, porque se refleja  igualmente por todas partes. Algunos profesores dicen que sus ashrams ofrecen un entorno protector para aquellos que quieren tomar conciencia del infinito dentro de sí. Cada vez que se sugiere que la Unidad está más cerca en cierta persona o lugar específico, se evita la naturaleza ilimitada de la Seidad para jugar el juego de la separación. Podemos olvidarnos del río sagrado, del incienso, de la montaña sagrada, del altar y de las velas, del texto sagrado, de las estatuas de Buda, de los Shiva lingams, de los mantras sagrados y de todos los rituales religiosos. Por atractivos que nos resulten todos ellos, pues pretenden señalar hacia la Unidad, más bien apuntan a la división entre elevado e inferior, entre lo espiritual y lo no espiritual. Confirman nuestro interés en las jerarquías y alimentan la necesidad que tiene nuestra mente de división y de dualismo.

(1)Véase también: Tony Parsons, Lo que es, Gaia Ediciones, Madrid, 2002.
(2)Véase también: Paula Marvelly, The Teachers of One, Watkins, 2002.
(3)La palabra "engañoso(a)" no significa que haya algo malo en ellos. Ni siquiera un profesor engañoso puede apartar la Seidad. Cualquier cosa que "nosotros" hagamos o creamos es una expresión de la Luz.

Jan Kersschot
Esto es Ello 

2 comentarios:

  1. Jajaja...me ha dado un ataque de risa al ver la foto que le has puesto al artículo, es buenísima, jajaja, le va como anillo al dedo, jajaja..., no puedo parar de reirme, eres un genio...jajaja
    Muchos saludos y un fuerte abrazo Guille..

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  2. Muchas gracias a ti (ya sabes por que)

    Un abrazo

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