Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


20 dic. 2010

NADA


¿Es esto un estado?
¿Quién hace esa pregunta?
¿Tiene respuesta?
¿Está la respuesta contenida en la pregunta?
¿Es la respuesta la propia pregunta?
Entonces, que la pregunta vuelva a sumergirse en la vacuida de la que surgió.



Esto, esto, sólo esto.
Para siempre, incesantemente, intemporalmente, sin principio, sin fin.
Más antiguo que Dios.
Anterior a la eternidad.


Jeff Foster
(La Vida Sin Centro)


1 comentario:

  1. Si, mas antiguo que Dios por fuerza. ¿Acaso no son todos los dioses creaciones de la mente?. Y en estado de quietud, que hay sino el Ser (nosotros) inmersos en la vacuidad del silencio más profundo.

    Basta cerrar los ojos y centrarse en la sensación de presencia para tomar conciencia de que somos sin límite, sin historia personal. ¿Que queda entonces?. Nada.

    Gracias Guillem, por recordárnoslo.
    Un abrazo.

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