Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


6 dic. 2010

LA VERDAD Y LA MENTIRA



¡Cuánto nos cuesta ver la Verdad, admitir la Verdad, decir la Verdad, pensar la Verdad, amar la Verdad, buscar sinceramente la Verdad, vivir la Verdad...!!!
Porque estamos acostumbrados a la mentira.
Mentira sobre nosotros y mentira sobre los demás.
Es como si hubiésemos nacido en la mentira y lo natural fuese vivir esa mentira o error.
Desde que nacemos se nos va "educando", para acomodarnos a la mentira del mundo y la sociedad en que vivimos. Se nos "educa" para acomodarnos a esa sociedad de falsedades, de apariencias, lejos de la Verdad.
Se nos enseña a vivir mintiendo, reprimiendo, ocultando todo aquello que puede ser ingrato o desagradable a los que conviven con nosotros. Porque de esa manera somos complacientes con los demás al mismo tiempo que somos complacidos y gratificados con la misma complacencia por parte de ellos.
En realidad sólo buscamos sentirnos aceptados y gratificados por los demás.
Para ello, creemos que es necesario tapar, disimular, ocultar, atenuar y hasta negar la Verdad.
Así llegamos a creer que ese vivir diario lejos de la verdad, sumergidos en ese mar de mentira, es lo normal. Y la verdad llega a ser un objeto de lujo, una excepción extraordinaria, una anormalidad, una extravagancia o una locura.
Nuestra vida se fragua en la niñez y adolescencia, en el disimulo y ocultamiento, en la defensa de la apariencia y el quedar bien a costa de la Verdad.
Pero sentimos que cuando vivimos así y obramos así estamos traicionando a lo más íntimo de nosotros, a la Verdad más profunda de nosotros, a la luz y a la verdad que somos.
Esa mentira, esa apariencia falsa con que nos cubrimos es un ropaje que recibimos de fuera para no expresar la verdad sencilla, llana y creadora que somos por naturaleza.
Pero para sentirnos acogidos y aceptados por la sociedad, hemos de vestirnos con sus propios ropajes. El ropaje del disimulo, de la apariencia falsa.

Y cada día vamos perfeccionando esa vestimenta falsa para vernos mejor y que nos vean mejor cada día. Es una carrera sin fin del disimulo, de la falta de espontaneidad, de hipocresías, de exageraciones en lo que nos conviene e interesa y minimizaciones cuando lo creemos conveniente y útil.
Vivir en la Verdad es alimentarse con agua limpia y transparente.
Vivir en el disimulo y la mentira es beber y vivir sumergido en las aguas sucias y oscuras.
Siempre encontraremos razones y excusas para vivir en la mentira, en la apariencia y el fingimiento. Todos sabemos que esas razones sólo sirven para adormecernos momentáneamente. Pero nunca llegan a satisfacernos profundamente. Porque en lo profundo de cada uno de nosotros está la Verdad tratando, pujando por expresarse. Y no puede hacer migar y armonizarse jamás con la mentira, el disimulo y el falso ropaje con que queremos presentarnos.
Sólo cuando estamos asolas en el silencio de la Verdad desnuda es cuando oímos esas voces que gritan en nosotros queriendo expresar la Verdad, sólo la Verdad.
Pero una y otra vez tratamos de ahogar esas voces de la Verdad con excusas y argumentos rebuscados: "Todos son así... uno no puede ser una excepción... no quiero ofender a nadie... son mentiras piadosas...
Pero esas excusas y argumentos no sirven en el fondo. Sólo son otras mentiras nuevas que nos damos a nosotros mismos. Y como siempre el fruto de la mentira es la vanidad, el desasosiego, la inquietud, el vacío... y desprecio profundo de nosotros mismo, la depresión y la muerte del gozo y alegría profunda.
Nos mentimos sobre nosotros. Nos mentimos sobre los demás.
Nos mentimos sobre la vida y adulteramos la realidad.
Tomamos el sueño como realidad.
Tomamos lo ideal como real.
Tomamos lo transitorio como permanente y
Tomamos lo permanente como una bella ilusión utópica.
Vivimos con un ropaje falso. El ropaje de las ideas que hemos recibido de fuera, de la sociedad.
Vivimos de las ideas que hemos ido aceptando como si fueran nuestras, pero que no tienen de nosotros nada. Sólo la idea de que son nuestras.
Pero esta idea es idea.
No es la realidad.
Toda idea es idea y sólo la realidad es real.
Preferimos seguir viviendo de ideas e ideales lindos y agradables, aunque sean falsos. Y tratamos de convencernos a nosotros mismo y a los demás de que son verdaderos.
¡Sería tan fácil reconocer la Verdad llana y simple!!
¡La verdadera Verdad de nosotros mismos supera en colorido, gracia, belleza y gozo a cualquier falsa verdad con que tratamos de ensuciarnos tanto en la vida!!!
Los sinceros buscadores de la verdad siempre la encuentran.
Pero hay muchos falsos o disfrazados buscadores de la verdad y mimetizan e imitan a la búsqueda de la verdad con palabras, gestos, técnicas, métodos, ideologías, sectas, reuniones, trabajos, prácticas psicológicas o religiosas... esperando encontrar en esas mimetizaciones e imitaciones, la alegría, la paz, la luz y armonía que de la Verdad. Pero nunca la encuentran ni encontrarán con tales engaños.
Los frutos gozosos y armoniosos de la Verdad viva y palpitante están encerrados en los que con sincero corazón la buscan sin intereses espúreos y egoístas, sin disimulos y cobardías, sin fáciles e interesadas complacencias, sin esclavitudes a las modas de turno, sin hipocresías, ni cómodas cesiones a la vulgar mediocridad.
El buscador sincero de la verdad, sabe que se expone muchas veces a ser proscrito de la sociedad y ser ridiculizado y apartado como perro sarnoso para no contagiar a los demás con su amarga, rara y desconocida, pero también clara, liberalizadora y gozosa verdad.
Se necesitan muchos sinceros buscadores y amantes de la desnuda y pura verdad, para ser la levadura en la masa de la mentira.
LA TRANSFORMACIÓN DE LA MASA INFORME, RUTINARIA Y MECÁNICA APARECE COMO DIFÍCIL Y CASI UTÓPICA. PERO ES POSIBLE.
Sólo es necesaria la levadura de los buenos buscadores de la verdad que la vivan con todas sus consecuencias. Sabiendo que sólo la Verdad nos hará libres.
Y al final sólo permanecerá lo único que puede permanecer, lo que es, la Verdad, la Realidad.
El triunfo y la victoria de la mentira es momentánea y transitoria.



En este gran teatro del mundo, donde se representan los sueños e ilusiones, la mentira y la falsedad, la hipocresía y el disimulo son la estrella protagonista. Es la momentánea triunfadora.
Pero al caer el telón y encontrarnos con la claridad de la Verdad permanente, luminosa y gozosa, sólo quedará lo que siempre ha Sido, lo que siempre Es y Será, siempre idéntico a sí mismo: la profunda realidad de mí y de los demás.
La única realidad y la única Verdad.


Darío Lostado.
(Ama Y Haz Lo Que Quieras)




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