Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


2 sept. 2010

LA FELICIDAD Y EL AMOR NO SON UN OBJETO


Una y otra vez leemos y oímos frases como estas: " el hombre vive persiguiendo la felicidad cada día de su vida sin alcanzarle" o también "todo nuestra vida es una carrera permanente detrás de la felicidad y el amor"... etc...
Esas y otras frases semejantes nos resultan bellas y muchos las creen verdaderas.
Yo me imagino, al leerlas u oírlas, la carrera de un galgo en un canódromo, detrás de la liebre ficticia a la que indefectiblemente nunca acaba de atrapar.
Esas y otras frases semejantes tienen tanto más peso cuanto que suelen ser escritas o dichas por personas cultas y aparentemente sensatas.
Pero todas esas frases y expresiones sobre la felicidad resultan además de manoseadas, torpemente falsas y desorientadoras.
La felicidad, lo mismo que el amor, porque no puede existir la una sin el otro, no es "algo" que hay que conseguir, conquistar o alcanzar.
Todavía más. La felicidad no es tampoco un estado anímico mental o sentimental que haya que conseguirse por medio de ciertos artificios o técnicas.
SOMOS ya felicidad y amor.

Photo by Guillem.


Y es feliz y amoroso el que se da cuenta que ya lo ES. Es decir, la vida de una persona es feliz en la medida que su conciencia ve y comprende con toda claridad práctica lo que es en su naturaleza como realidad viva.
El hecho de que constante y permanentemente esté urgiendo y expresándose en nosotros el hambre y anhelo de felicidad y amor es la señal más evidente de que esa felicidad y amor están ahí, dentro de nosotros. No sólo como una capacidad lejana y abstracta sino como una realidad presente. Si no, jamás sentiríamos el ansia de felicidad y amor.
¿Qué es entonces lo que nos impide ser felices y amorosos? ¿Cuál es la causa por la que nuestra vida se desarrolla tan huérfana de amor y felicidad?
La única causa de nuestra infelicidad y nuestro desamor en la existencia concreta de cada día es la ignorancia.
Esta ignorancia está compuesta de ideas falsas y programaciones mentales erróneas con las que convivimos en cada momento como si fueran verdad.
Cuando alguien descubre la falsedad de tantas ideas falsas sobre sí mismo, se da cuenta de que lo que toda la vida ha estado ansiando y deseando ya está allí, dentro de sí.
Entonces uno se da cuenta de que no hay que conseguir nada.
No hay que anhelar nada, porque se anhela lo que no se tiene.
Uno, entonces, escucha la sinfonía sin necesidad de la orquesta, sin necesidad de los instrumentos.
Entonces cada uno es amoroso y feliz sin necesidad de los estímulos externos que ahora tanto estamos deseando.
Entonces uno es feliz porque se da cuenta de que lo es.
La puerta, pues, de la felicidad es tomar conciencia, darse cuenta de la auténtica realidad.
El secreto es simple: consiste en quitar el velo que oculta la realidad. El velo es siempre ideal. Está hecho de ideas.
La idea de que mi cuerpo ha de estar de esta manera o la otra, que he de poseer esto o aquello, que he de vivir con tales o cuales personas, que he de estar aquí o allá... constituye el velo que te oculta la verdad de ti mismo.
Cuando quites el velo entrará la luz, el sol.
El sol está siempre ahí. Pero vives en tinieblas, en las tinieblas de la duda y el temor.
El sol está ahí. Pero lo tienes oculto por el velo de tus ilusiones e ignorancia.
El velo puede descorrerse en un instante. Y también puede ir rasgándose poco a poco, día a día.
Rásgalo ahora un poco para que entre un poco de luz.
Lo importante y lo primero es que estés convencido de que tienes el velo de la ignorancia. Porque si crees que estás en la verdad de que todo está bien, que tus ideas e imaginaciones son la realidad, entonces jamás podrás llegar a la verdad.
A medida que vayas rasgando el velo de tu ilusión, irás sintiendo paulatinamente algún rayo cálido de felicidad y amor que está tratando de aparecer en ti.


Darío Lostado
(Somos Amor)


4 comentarios:

  1. Muy bueno Guillen,
    si no te importa, saluda de mi parte a Darío...
    Para ti, un fuerte abrazo...

    ResponderEliminar
  2. Muy buen texto Guillem!

    Me encantó en general, pero sobre todo el resaltar que la verdadera felicidad (que es paz interior y armonía vital) no es algo a lograr mediante estímulos externos, que luego nos condicionan como deseos, sino que se trata por el contrario de "dejar de buscar para encontrar", saliendo de ese círculo vicioso para retornar a nuestra real naturaleza, que es Luz y Amor, sabiduría intuitiva y felicidad en expansión.

    Un abrazo Hermano!
    NAMASTÉ!

    ResponderEliminar
  3. Sadhu, Confuso, Ganapati.

    Gracias por honrar este sitio con vuestras visitas y comentarios.

    Un fuerte abrazo.

    ResponderEliminar