Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


10 jul. 2009


UNA VISIÓN POÉTICA





Un águila volará estos días, allá muy alto, cada vez más alto en el infinito cielo, un águila sola, con la mirada más atenta que existe, observando todo, al mismo tiempo, con las alas abiertas, en una inmovilidad absoluta, con el viento sonando como un silbido agudo entre cada una de sus plumas, un águila, con su presencia celeste, su placidez abarca el paisaje entero, es una mirada cierta, una meditación intensa que se apodera de nosotros en estos días altos, serán altos estos días, podremos llenarnos de aires nuevos, despegarnos un rato de la mediática forma de las cosas, para verlas de lejos, elevarnos lo que haga falta de los que a veces nos opaca y nos nubla la vida, es que de allá, desde lo alto parece más pequeño todo lo que desde aquí es tan grande. El águila se apodera de nuestras conciencia por estos trece días para vernos presentes de una realidad más amplia, de una realidad más grande que lo que parece todo, se trata de que seamos capaces de dejarnos un poco desapegar de lo que aferra, alejarnos un poco de creer que lo que vemos es todo. La altura de ese vuelo silencioso podrá dejar atrás lo que se ha ido, podrá poner las cosas en su justa medida, podrá hacer que el mínimo espacio en que se posa un paso, sea sólo eso en el medio de una infinidad inimaginable en su dimensión y en su esencia.

Mientras más alto se vuela más amplia es la perspectiva, mientras más amplia es la perspectiva, más comprensión, más compasión por la vida, mientras más alto se vuela, más se ve de la vida, ya no es tan sólo este evento, este difícil momento, ya no es más este adiós todo lo que queda, ni lo es este duelo, este dolor o este encierro, ya no es más esta casa todo lo que es posible en la vida, ni lo es una sola mirada, la lectura precisa, desde acá arriba es mucho más amplia la vida que le monótona semana, que la rutina diaria, es mucho más grande que la calle en que habitualmente caminas, hay mucha más gente que la persona precisa que te roba la calma, es mucho más grande la vida que el pedazo de la ciudad en que te mueves y es mucho más todavía que el país, que el continente, que la tierra, el planeta, el cosmos, que el universo entero, es tan grande e infinito que “la Casa Central de la Galaxia está en ti y en todas partes al mismo tiempo”, y si así de grande ves todo, entonces podremos hacer el esfuerzo por algo más general que un poquito de algo, podremos reconocernos inmensos y eternos, porque de reconocer el total se hace más bella la vida, saber que lo ves, que eres parte de él, que de todo lo inmenso eres tú testigo, eres tú una conciencia y que de todas partes conciencias se abren, se unen como si fuera un primavera de flores blancas, abriéndose todas en un mismo instante, haciendo este vuelo gigante para sentirse parte de una gran conciencia.

De alguna manera parece que a veces se nos achica la conciencia, parece que algo se adueña del todo, que todo es ese algo, parece que la vida llega hasta donde te dejan verla, parece que el alma rebota en las paredes internas del cuerpo, parece que no hay más nada que lo que tienes al frente, que sin eso que tienes, la vida se acaba, parece que a veces es este terreno, es este pañuelo, este celo, este sueño lo único cierto, parece que apenas si cabes tú mismo y tú misma en tan poquito espacio y está todo el cielo, parece que a veces la vista se arrastra, se encorva la espalda y no quedan más ojos que los que se guardan entre los pasos pequeños, y arriba está el cielo y más arriba el espacio, el cosmos eterno, la inmensidad total que deja a la tierra como un punto pequeño, tan pequeño, si pudiéramos verla, tal vez desde hoy podamos, abramos las alas de águila sideral y volemos afuera de la atmósfera, más allá todavía de la órbita de la vía láctea, para ver a distancia, a tanta distancia que emerja la certeza de nuestra eternidad, que emerja una conciencia así de amplia, así de liberada, así de comprensiva, así de amorosa, que todo lo alcanza, que no tiene amarras que tiran hacia abajo, o hacia los lados, que puedas volar hasta donde tú quieras, que puedas despegar, que puedas. El poder de la visión del águila es así de alto, no se puede quedar acorralado, no se puede mantener aferrado, no se puede limitar con muros no importa de qué material estén hechos, es tiempo este del cambio total del año de la Tormenta Eléctrica, que está en su luna cósmica y final, para que la transformació n que cada uno haya hecho no sea un engaño, es necesario volar, mirar desde lo más alto, observar con la cabeza invisible, desde una mente total, desde un punto inmortal, desde la esencia del yo más sagrado, para no confundirse con reglas, ni parches ni sombras de verdad, para no detenerse en llegadas que tan solo frenan un viaje que nunca se acaba. A veces, hermanos, hay cosas que parecen todo, pero solo basta alejarse un poco para ver la verdad de sus dimensiones, a veces, hermanos, parece que la conciencia llega a algún punto que afirma, pero es mucho más que eso la conciencia, lo que hoy se nos pide en una conciencia cósmica, así de grande, así de eterna y no podía uno hacerla toda, sólo podemos todos hacerla una. De eso se tratarán estos días, abre las alas y vuela, verás que pequeña tu tierra y que grande es el alma.

Vicento Solar Blanco

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