Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


28 ago. 2013

SOLO VIVACIDAD


Lo único que se puede decir al respecto es que resulta muy fácil volver a los conceptos sobre esto, sobre «yo», sobre «el ser», sobre que ahí no hay nadie, sólo hay unidad, y todas esas ideas, y perder así la verdadera esencia del mensaje.

Te has descrito diciendo a alguien, cuando vuelvas a casa: «Conocí a ese hombre que dice que ahí no hay nadie, que yo no estoy ahí y que nada tiene sentido.» Todo eso es la parte del mensaje que deja al aparente buscador sin nada a lo que aferrarse. No obstante, la comunicación más vital y relevante es el secreto abierto, la vivacidad vibrante de lo que está ocurriendo..., ver, oír, respirar y pensar, y también los sentimientos que surgen.

Tienden a surgir sentimientos en nosotros y después los pinchamos con un palo. {Risas} La mente dice: «Bueno, ¿por qué siento ira o tristeza?» Y entonces tenemos que resolver por qué, o tenemos que hacer algo con la ira o la tristeza, como horarlas o compartirlas con otras personas. ¡No podemos simplemente dejarles estar ahí! Y este mensaje está absolutamente relacionado con la vivacidad, la vivacidad simple y presente que es la única constante.


Éste es el canto de amor. La canción de libertad está en nuestros cuerpos, en nuestros sentidos, constantemente siendo y hablándonos a través del cuerpo. Y toda la cuestión de no estar allí, y de que no hay significado, es secundaria con respecto a esa vivacidad absolutamente apasionada.


Tony Parsons
(La Nada Que Lo Es Todo)


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