Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


9 feb. 2013

PAPELES PREESTABLECIDOS Y ARQUETIPOS SOCIALES


Naturalmente, diferentes personas cumplen diferentes funciones en este mundo. No podría ser de otro modo. En lo referente a las capacidades intelectuales y físicas -conocimiento, habilidades, talento y niveles de energía- los seres humanos varían mucho. Lo que importa de verdad no es qué función desempeñamos en este mundo, sino si nos identificamos en tal medida con nuestra función que esta se apodera de nosotros y se convierte en un papel que representamos. Cuando representamos papeles, estamos inconscientes. Cuando te ves representando un papel, ese reconocimiento crea un espacio entre tú y el papel, confundes una pauta de conducta con lo que eres, y te tomas a ti mismo muy en serio. Además, asignas automáticamente papeles a otros, de acuerdo con el tuyo. Por ejemplo, cuando acudes a médicos que están totalmente identificados con su papel, para ellos no somos seres humanos, sino pacientes o casos clínicos.

Aunque las estructuras sociales del mundo contemporáneo son menos rígidas que las de las culturas antiguas, todavía existen muchas funciones o papeles preestablecidos con los que la gente identifica de buena gana y que pasan a formar parte del ego. Esto hace que las interacciones humanas sean poco auténticas, deshumanizadas, alienantes. Estos papeles preestablecidos pueden darte una sensación de identidad reconfortante, pero a la larga te pierdes en ellos. Las funciones de las personas en las organizaciones jerárquicas -como el ejército, la Iglesia, las instituciones del gobierno o las grandes empresas- tienden fácilmente a convertirse en identidades basadas en un papel. Las interacciones humanas auténticas se vuelven imposibles cuando te pierdes en un papel.


Algunos papeles preestablecidos podrían considerarse arquetipos sociales. Mencionemos solo unos cuantos: el ama de casa de clase media (ya no tan predominante como antes, pero todavía muy extendido); el macho duro; la seductora; el artista o intérprete «inconformista»; la persona «de cultura» (un papel muy corriente en Europa) que exhibe sus conocimiento de literatura, bellas artes y música como otros podrían exhibir un traje o un coche muy caros. Y también el papel universal del adulto. Cuando representas ese papel, te tomas a ti mismo y a la vida muy en serio. La espontaneidad, la despreocupación y la alegría no forman parte de ese papel.


Eckhart Tolle
(Un Nuevo Mundo, Ahora)


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