Para entender lo que sigue, el lector debe permitirse -ahora y en cada lectura posterior- alcanzar un estado mental adecuado. Se os pide -transitoriamente, por supuesto- que dejéis de lado todas vuestras opiniones filosóficas, religiosas y políticas, y que seáis casi como los niños, que no saben nada. Nada, eso es, excepto que realmente oís, veis, sentís y oléis. Suponed que no estáis yendo a ningún lado salvo aquí, y que nunca hubo, hay ni habrá otro tiempo salvo el presente. Simplemente sed conscientes de lo que en realidad es, sin atribuirle nombres y sin juzgarlo, puesto que estáis palpando la realidad misma y no las opiniones sobre ella. No tiene sentido tratar de suprimir los borbotones de palabras e ideas que transitan por la mayoría de los cerebros adultos, de modo que si no se detienen, dejadlas seguir como quieran y escuchadlas como si fuera el sonido de tráfico o el cloqueo de las gallinas.

Dejad que vuestros oídos oigan lo que quieren oír, dejad que vuestros ojos vean lo que quieran ver; dejad que vuestra mente piense lo que quiera pensar; dejad a vuestros pulmones respirar a su propio ritmo. No esperéis ningún resultado especial, puesto que en este estado desprovisto de palabras e ideas, ¿dónde puede existir pasado o futuro, y dónde alguna noción de propósito? Deteneos, mirad y escuchad... y permaneced aquí un momento antes de proseguir la lectura. Alan Watts (El camino del Tao)


14 ene. 2013

TODO FORMA PARTE DEL GUIÓN


Cuando uno está en esto de forma permanente, ¿se incremente la comprensión intelectual con el paso del tiempo?

La comprensión intelectual no se incrementa: la comprensión queda obsoleta. La comprensión intelectual sólo existe desde el punto de vista de la identificación con el personaje. Cuando en el guión de la película, se empieza a introducir el «saber» innato de cuál es tu verdadera naturaleza, en un principio aparece en forma de búsqueda y de comprensión intelectual; sin embargo, progresivamente, el guión se empapa de un «saber» intrínseco y, entonces, ya no hay ninguna necesidad de comprender.


Simplemente forma parte del cuento.

Sí, desde el punto de vista del personaje de la película, la comprensión intelectual lo es todo: le da la sensación de que tiene que «entender» muchas cosas pero, en realidad no es más que el reconocimiento de su verdadera naturaleza que está impregnando el guión por medio de la comprensión intelectual. Cuando se revela el «saber» innato, ya no hay ninguna necesidad de entender nada y se ve que nunca la ha habido; que, en cualquier momento, uno se puede desprender completamente de la autoconciencia y que todo eso no tiene ninguna importancia, Por tanto, no hay ninguna necesidad de entender nada. La comprensión intelectual es el guión de la película.
Cuando reconoces que tu verdadera naturaleza es Unidad -una sencilla presencia-, ¿qué necesidad tienes de entenderla? La presencia es lo que existe. Todo es tal y como es: los personajes que aparecen, las historias que se montan, los terremotos y las tragedias, las grandes alegrías y absolutamente todo lo demás. Ésa es la representación teatral, dentro de la cual, cuando se produce la identificación con el personaje, un montón de cosas pueden parecer importantes pero, en realidad, nada lo es. Sólo son importantes desde el punto de vista del guión de esa representación.



Entonces, las cosas por las que te has interesado hasta ahora -cualquiera de esas cosas pero, básicamente, cuestiones intelectuales como la filosofía, por ejemplo-... ¿Todo eso desaparece?

Todo lo que esté relacionado con el funcionamiento de esta vida desde la perspectiva del personaje queda obsoleto. Existe la vida, tal y como es, pero intentar entenderla de alguna manera constituye una búsqueda del que está identificado con el personaje. No hay más que la película que aparece en la pantalla.
Ahora bien, desde un punto de vista práctico, si hablamos de hobbies como tricotar; la jardinería, la arqueología o algo así, es posible que se sigan haciendo porque el personaje tiene ciertas tendencias y con esas actividades no se intenta encontrar una forma de escapar del guión de la película sino que constituyen un mero pasatiempo dentro de ella. Sin embargo, todo lo que tenga que ver con salirse de la película e intentar encontrarle un sentido queda obsoleto, deja de despertar interés.


Pero la película prosigue tal cual, no puede ser de otra manera. Todo coexiste.

Por supuesto.


Y la representación teatral se mantiene.

Claro, puede que se continúe con el «relato», pero ya se le ha quitado la máscara; el embelesamiento ha dejado de hipnotizarnos. La vida de este personaje sigue manifestándose pero el personaje en sí se ha quedado sin motivos para escapar de la película porque ya la ve como es realmente. La Unidad ya existe, tanto se hay en ella un guión que se está desarrollando como si no. Puede que el relato se mantenga pero se sabe que no es más que eso -un cuento-, y por eso se puede llevar una vida corriente.
Sin embargo, a quien está identificado con el personaje de la película, esa «vida corriente» le parece algo extraordinario; es ausencia de tensión o de agitación existencial le parece algo extraordinario.
Si se produce una ausencia repentina de autoconciencia, es probable que el desahogo brote en forma de éxtasis, por ejemplo. Sin embargo, en lo que ahora aparece bajo la forma de «lo corriente», ya no existe motivo alguno para buscar esa dicha suprema ni nada más: la búsqueda ya ha sido desenmascarada. Todo forma parte del guión de la película, En ese desahogo  no hay ninguna necesidad de buscar nada.


¿Ese desahogo es, en parte, un reconocimiento de que no hay nada que hacer ni nada que se pueda hacer?

Todo es perfecto tal y como es, de por sí. A ese «yo» que se pondría a hacer algo ya se le ha quitado la máscara. Cuando acaba esa búsqueda de algo que hacer, de alguna forma para cambiarlo todo, no se crea o se genera el desahogo o la paz interior: es algo que ya existe de por sí pero ha estado velado por el embelesamiento.


Nathan Gil
(Ya Estás Despierto)


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